En octubre de 2001, en una entrevista con la publicación Newsweek, Steve Jobs pronunció una afirmación que no se alineaba con las expectativas que normalmente se tienen del cofundador de Apple.
No se refirió a procesadores ni a cifras de ventas. Afirmó que cambiaría toda su tecnología por una tarde con Sócrates. Esta frase se viralizó tras su deceso en 2011, aunque su significado trasciende el ámbito de una simple cita de autoayuda. Sintetiza una idea que Jobs defendió durante décadas: que la tecnología sin humanismo no conduce a ningún destino significativo.
El contexto es relevante, ya que Jobs no era un filósofo amateur que citaba a los griegos para parecer profundo. Había construido su visión sobre una idea muy concreta: la tecnología, por sí sola, resulta insuficiente si no está orientada por una comprensión más amplia de las personas y sus necesidades. Este principio guiaba las decisiones de diseño de cada producto de la compañía.
La conexión entre humanidades y ciencia que Jobs siempre mencionaba
Desde su juventud, Jobs se contemplaba como una persona inclinada hacia las letras, aunque al mismo tiempo experimentaba una gran pasión por la electrónica. Según le relató al biógrafo Walter Isaacson, se percató de una declaración hecha por uno de sus ídolos, Edwin Land, de Polaroid, sobre la relevancia de las personas que pueden permanecer en la intersección entre las humanidades y la ciencia. Esta reflexión determinó su trayectoria. Esa concepción estructuró todo lo demás.
Isaacson caracterizó esa síntesis como la esencia que define la historia de Jobs, quien unió las humanidades con las ciencias, la creatividad con la tecnología y el arte con la ingeniería. Aunque existieron mejores tecnólogos, como Wozniak o Gates y ciertamente mejores diseñadores y artistas, lo singular de Jobs fue su aptitud para fusionar ambos mundos de manera inigualable, lo que resultó en la creación del Mac, el iPod y el iPhone.
El vínculo entre Sócrates y el iPhone
Jobs no citó a Sócrates por erudición. La referencia actúa como un símbolo del pensamiento crítico y el diálogo. Sócrates no dejó nada escrito, ya que su método era la conversación, la formulación de preguntas y la incomodidad asociada con la ignorancia. Esto, precisamente, es lo que Jobs afirmaba valorar por encima del producto final.
La filosofía de Jobs enfatizaba el pensamiento crítico, invitando a cuestionar el statu quo de manera constante, convencido de que tal cuestionamiento era crucial para la generación de nuevas ideas y para tomar decisiones fundamentadas. Para él, aceptar las normas establecidas sin examinarlas restringía la creatividad y la capacidad de adaptarse a un entorno en transformación. Por esta razón, eligió a un filósofo y no a un ingeniero o inventor cuando se le preguntó con quién desearía pasar una tarde.
Reed College: donde forjó su visión de las artes liberales
Jobs se matriculó en Reed College en 1972, una institución reconocida por su enfoque en las artes liberales y el pensamiento crítico. Abandonó los estudios tras un único semestre. No obstante, ese entorno académico dejó una influencia en su modo de abordar los problemas y en su capacidad para pensar de manera creativa. Durante esos años mostró interés por la filosofía y la contracultura, llegando incluso a viajar a la India en busca de iluminación espiritual.
Esa formación resurge años más tarde, ya con Apple en funcionamiento. En una entrevista con la radio pública NPR en 1996, Jobs lo expresó de manera directa, explicando que el objetivo era integrar una perspectiva de las artes liberales en lo que había sido una tecnología introspectiva. En este sentido, la frase sobre Sócrates encapsula una convicción que Jobs mantenía desde los veinte años.