El síndrome del impostor afecta a millones de personas en todo el mundo, y buena parte de sus raíces se remonta a la infancia. Según coinciden distintos especialistas, una frase que muchos padres repiten sin pensarlo puede sembrar las bases de esta forma de pensamiento disfuncional desde edades muy tempranas.
Según explica La Vanguardia, el concepto nació en 1978 de la mano de las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, quienes identificaron que profesionales con trayectorias impecables sentían un miedo constante a ser descubiertas como un fraude, pese a sus logros objetivos.
Con los años, el fenómeno dejó de asociarse exclusivamente a las mujeres de alto rendimiento y hoy se reconoce tanto en hombres como en mujeres de todas las edades, como un patrón de pensamiento que afecta directamente a la identidad de quienes lo padecen.
La frase que puede alimentar este patrón desde niños
La psicóloga Karen Carvalho de Castro, del centro Acció Psicología, señaló que muchos pacientes adultos recuerdan haber escuchado de chicos una frase muy puntual de parte de sus padres.
“Muchos pacientes me dicen que oían mucho la frase ‘Si sacas un 9, podrías haber sacado un 10′. Así se fomenta el sentimiento de que no son productivos y acaban creyendo en su día a día que siempre podrían ser mejores", explica la especialista citada por RAC1.
Ese patrón, repetido de forma constante durante la infancia, se convierte en una especie de voz interna que los adultos arrastran después en su vida laboral y personal, afectando su capacidad de reconocer los propios logros.
Cómo se manifiesta este síndrome en el día a día
Entre las señales más comunes aparecen la tendencia a procrastinar por miedo al fracaso o, en el extremo opuesto, una forma de trabajar extremadamente obsesiva, con la necesidad de controlar y preparar todo al detalle. Quienes lo padecen suelen pensar que, si algo no sale perfecto, directamente está mal hecho.
También es frecuente que las personas afectadas atribuyan sus logros a la suerte o a factores externos, nunca a sus propias capacidades, lo que las lleva a buscar validación externa de manera constante y a vivir con un nivel de ansiedad elevado.
Otros factores que influyen en su aparición
La Universidad Anáhuac señala que, además de las exigencias familiares, existen otros elementos que pueden favorecer este fenómeno, como:
- La baja autoestima.
- Una atención excesiva a las críticas negativas.
- La falta de reconocimiento durante la infancia por figuras de autoridad.
Los estereotipos de género en ciertos ámbitos laborales también pueden intensificar la sensación de no pertenecer a determinado espacio profesional.
Además, un estudio publicado en el Internacional Journal of Behavioral Science estimó que hasta el 70% de las personas experimentará al menos un episodio de este síndrome en algún momento de su vida, lo que da cuenta de su alcance real.
Cómo se trabaja este síndrome en terapia
De acuerdo con Carvalho de Castro, el abordaje terapéutico busca ayudar al paciente a gestionar los síntomas sin perder de vista que detrás existe una herida emocional previa.
“La terapia estratégica trabaja mucho observando qué soluciones ha utilizado hasta ahora porque son soluciones que no funcionan”, agrega la especialista.
Una de las técnicas más utilizadas consiste en proponer pequeños experimentos conductuales, como cometer errores deliberados o bajar el nivel de exigencia en tareas cotidianas, para que la persona aprenda de a poco que equivocarse no resulta tan peligroso como cree.