Pagar un café con el móvil o dividir una cena mediante aplicaciones bancarias se ha convertido en una práctica habitual en España. La expansión de los medios de pago digitales, acelerada tras la pandemia, ha reducido el uso del efectivo y ha transformado la relación entre consumidores y pequeños comercios.
Pero hay hosteleros que han decidido ir a contracorriente. Mar, propietaria de un bar en Galicia, eliminó por completo el pago con tarjeta y volvió al efectivo.
Su argumento es tan sencillo como contundente: las comisiones bancarias se comen un margen que ya era mínimo.
Por qué la dueña del bar decidió prohibir la tarjeta en su bar
La decisión parte de una cuenta muy simple. “No me parece lógico que de esos 1,30 euros del café, todavía le tengamos que seguir pagando comisiones al banco”, afirmó en declaraciones a Noticias Cuatro.
A esa comisión hay que sumarle el IVA, los impuestos, los suministros energéticos, el alquiler y el coste de la materia prima. Cada café vendido ya tiene varios acreedores antes de que el beneficio llegue al bolsillo del hostelero.
“Después de pagar a Hacienda, las facturas y todos los costes asociados al negocio, todavía tengo que ceder parte de mi beneficio a una entidad financiera por el simple hecho de cobrar mi trabajo”, denuncia Mar.
Muchas operaciones de pequeño importe, añade, terminan siendo “prácticamente simbólicas” desde el punto de vista de la rentabilidad.
Qué dice la ley: los bares no están obligados a aceptar tarjeta
La decisión de Mar no solo es comprensible, sino que es completamente legal. La legislación española no obliga a bares y restaurantes a aceptar pagos con tarjeta.
La normativa únicamente exige que los establecimientos informen de manera visible cuando no admiten ese método de pago. Más allá de eso, cada negocio tiene plena libertad para decidir cómo gestiona sus cobros.
En la práctica, sin embargo, muchos hosteleros reconocen que prescindir del datáfono puede implicar pérdida de clientes, especialmente en zonas urbanas o turísticas donde el efectivo es cada vez menos habitual.
Cómo reaccionaron los clientes de Mar y qué pasa si alguien no lleva dinero
La decisión de Mar podría haber generado fricciones con su clientela habitual. Sin embargo, en la realidad no fue así. “Mis clientes lo aceptan perfectamente. Y si llega alguien y me dice: ‘No tengo dinero’, no pasa nada, ya volverá”, concluye la hostelera.
Una respuesta que resume tanto la confianza que tiene en su clientela como la tranquilidad con la que tomó la decisión.
El sector hostelero es especialmente sensible al impacto de las comisiones por el elevado número de operaciones de importe reducido que realiza cada día. El caso de Mar pone nombre y cara a un debate que muchos bares y restaurantes mantienen en privado, pero que pocos se atreven a resolver de forma tan directa.