El cansancio persistente, la dificultad para desconectar al llegar a casa y la sensación de estar siempre “acelerado” han dejado de ser excepciones para convertirse en la norma. En una sociedad marcada por la productividad y la autoexigencia, el agotamiento parece haberse integrado en la rutina diaria hasta el punto de considerarse un peaje inevitable de la madurez.
“Muchas personas creen que vivir cansados, tensos o acelerados es simplemente parte de la vida adulta“, afirma para la revista AS el psicólogo clínico Juan Lucas Martín. El especialista advierte que esta percepción es errónea y puede resultar peligrosa. al normalizar el malestar, dejamos de escuchar las señales de auxilio que envía nuestro organismo.
El peligro de normalizar el “modo supervivencia”
Uno de los mayores problemas que detecta Martín en su consulta es la adaptación del sistema nervioso a niveles de estrés prolongados. El cuerpo humano está diseñado para reaccionar ante amenazas puntuales, pero no para mantenerse en alerta durante meses o años.
“Cuando el estrés se vuelve constante, el organismo aprende a vivir en ese estado”, explica el psicólogo. En este escenario, el sistema nervioso se acostumbra a la tensión y se pierde la sensación de seguridad interna. Como consecuencia, cualquier tarea cotidiana —como responder un correo o resolver un imprevisto doméstico— comienza a percibirse como una amenaza real, sumergiendo a la persona en lo que Martín denomina “modo supervivencia”.
Las 3 dinámicas que disparan el estrés en los españoles
Según los datos del estudio Mapa de la fatiga en España, aproximadamente 16 millones de personas (el 34,4% de la población) aseguran sentirse cansadas con frecuencia. Para Juan Lucas Martín, existen tres patrones de comportamiento que se repiten constantemente y que alimentan este estado de agotamiento:
- Autoexigencia excesiva: La sensación permanente de que nada de lo que se hace es suficiente, incluso cuando se cumplen todos los objetivos.
- Hiperresponsabilidad emocional: Personas que asumen los problemas de los demás como propios, cargando con una mochila emocional que no les pertenece.
- Incertidumbre constante: Una preocupación latente por el futuro que mantiene al cuerpo en vilo, incluso cuando no existe un peligro inminente.
Escuchar al cuerpo antes del límite
El especialista, experto en trauma y ansiedad, insiste en que el cuerpo envía avisos mucho antes de colapsar. Problemas para conciliar el sueño, irritabilidad o tensión muscular son síntomas que solemos ignorar por considerarlos “normales”.
“El problema es que solo empezamos a prestar atención cuando aparecen síntomas más serios”, advierte Martín. La clave, según el psicólogo, reside en recuperar el equilibrio y entender que la fatiga crónica no es un requisito de la edad, sino una señal de que el sistema nervioso necesita volver a un estado de calma.
Juan Lucas Martín presentará sus herramientas para aliviar esta carga emocional en su experiencia “El Sentido: la ciencia de la compasión”, que llegará a España el próximo mes de abril con encuentros programados en Barcelona y Madrid.