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La vida de Georgina Rodríguez está hoy asociada a grandes firmas de moda, viajes y eventos internacionales. Sin embargo, mucho antes de alcanzar la fama y convertirse en esposa de Cristiano Ronaldo, la argentina atravesó una etapa marcada por empleos alejados del lujo que actualmente forma parte de su día a día.

Nacida en Buenos Aires y criada en Jaca, Georgina Rodríguez contó que a los 18 años quería continuar estudiando, pero no tenía sencillo abandonar la localidad española en la que vivía. Una oportunidad laboral fue el punto de partida para comenzar a independizarse.

Con apenas 100 euros que le dio su madre, aceptó un empleo en un hotel cerca de Barbastro. A partir de allí comenzó un recorrido profesional que posteriormente la llevó a Madrid, Inglaterra y, finalmente, a trabajar para algunas de las firmas de moda más conocidas.

EFE

Georgina Rodríguez y sus primeros trabajos antes de conocer a Cristiano Ronaldo

Los primeros años laborales de Georgina Rodríguez estuvieron muy alejados de la realidad que vive actualmente. La argentina explicó que en su familia nunca faltó lo básico, aunque atravesaron momentos económicos diferentes durante su infancia y adolescencia.

“Mi hermana, mi madre y yo hemos sido una familia y siempre hemos estado superunidas. Es verdad que a mí nunca me ha faltado lo básico. Pero también es verdad que a veces comía mejor y otras veces peor igual que a veces teníamos agua caliente y otras no”, relató en una entrevista con El País publicada en 2022.

A los 18 años apareció una oportunidad que terminaría siendo clave para abandonar Jaca. “Mi madre me dejó 100 euros para salir de mi pueblo”, recordó Georgina Rodríguez sobre aquella etapa.

El empleo estaba en un hotel ubicado cerca de Barbastro. Gracias a ese trabajo empezó a cobrar su propio sueldo, pagar un alquiler y construir una vida independiente lejos de su familia.

Aquella experiencia también sería el comienzo de una trayectoria laboral diversa. Antes de alcanzar la fama internacional, Rodríguez trabajó como camarera, planchó sábanas, vendió ropa y posteriormente se desempeñó en boutiques de moda.

De Massimo Dutti a la Milla de Oro: cómo llegó Georgina Rodríguez a Madrid

Después de trabajar en el hotel de Graus, Georgina Rodríguez tenía otro objetivo: mudarse a Madrid. Según contó, quería estudiar Administración de Empresas y su hermana estaba preparando la selectividad, por lo que decidieron instalarse juntas en la capital española.

Fue entonces cuando comenzó a buscar empleo y presentó su currículum en Inditex. Poco después consiguió trabajo en una de las firmas del grupo, Massimo Dutti.

“Dejé el currículum en Inditex y empecé en Massimo Dutti pero paseaba a veces por la Milla de Oro y me encantaba ver los escaparates. Cuando entraba a una boutique de lujo, para mí era como entrar en un museo”, recordó.

La escena contrasta con la vida actual de Georgina Rodríguez. Por aquel entonces trabajaba como dependienta y observaba los escaparates de una de las zonas comerciales más exclusivas de Madrid.

Su interés, sin embargo, estaba especialmente relacionado con la moda. Aquellos primeros trabajos terminarían acercándola progresivamente a un sector que después se convertiría en una parte fundamental de su trayectoria profesional.

Georgina Rodríguez se fue a Inglaterra y volvió a España para trabajar en Gucci

El trabajo en Massimo Dutti no fue el último paso antes de su llegada a las grandes firmas. Georgina Rodríguez decidió trasladarse a Inglaterra para trabajar como niñera y aprovechar aquella experiencia para aprender inglés.

Después regresó a España y consiguió empleo en Gucci. Allí comenzó a conocer desde dentro el funcionamiento de una firma internacional y profundizó su relación con el mundo de la moda.

“Ahí ya fui viendo por dentro el mundo de la moda, porque es la moda lo que me interesa, no el lujo, porque lo del lujo es muy relativo”, explicó Georgina Rodríguez.

La argentina también dio una definición propia sobre aquello que considera una vida lujosa: “Para mí, lujo también es irme al campo con una sábana a comerme un bocadillo de chorizo”.

Precisamente durante su etapa como dependienta de Gucci en Madrid conoció a Cristiano Ronaldo, un encuentro que terminó cambiando su vida personal y que posteriormente aumentó su exposición internacional.

Los trabajos de Georgina Rodríguez antes de alcanzar la fama

Antes de convertirse en una personalidad reconocida internacionalmente, Georgina Rodríguez pasó por diferentes puestos. Trabajó en hostelería, hoteles, tiendas de ropa y boutiques, además de su experiencia como niñera en Inglaterra.

La esposa de Cristiano Ronaldo aseguró que no establece grandes diferencias entre la satisfacción que obtenía de aquellos empleos y la que puede sentir actualmente.

“Yo he disfrutado igual de camarera en el restaurante de Graus poniendo menús de diez euros y viendo que la gente se iba satisfecha y me daba dos euros de propina, que planchando sábanas o vendiendo bolsos”, contó.

Para Georgina Rodríguez, la satisfacción estaba relacionada con terminar cada jornada convencida de haber realizado correctamente el trabajo para el que había sido contratada.

Esa etapa también quedó reflejada años después en la promoción de Soy Georgina, que resumía su transformación con una idea contundente: antes vendía bolsos y después pasó a coleccionarlos.

De vender bolsos a una nueva vida junto a Cristiano Ronaldo

Nacida en Buenos Aires, Georgina Rodríguez vivió toda su vida en España, donde se convirtió en influencer (Fuente: Instagram @georginagio)

La trayectoria de Georgina Rodríguez dio un giro especialmente significativo tras conocer a Cristiano Ronaldo. Su exposición pública aumentó y comenzó a desarrollar una carrera vinculada a la moda, las redes sociales y diferentes proyectos profesionales.

El cambio entre aquellos primeros años y su vida posterior es evidente. De trabajar como dependienta y contemplar los escaparates de la Milla de Oro pasó a convertirse en una de las personalidades vinculadas a la moda con mayor exposición internacional.

Cuando le plantearon precisamente lo extraordinario que podía resultar pasar de vender artículos de lujo a poder comprarlos, Rodríguez respondió de forma contundente: “Pues sí. Es maravilloso”.

Pese a esa transformación, mantiene que sus diferentes trabajos forman parte de su historia. De aquella etapa hay, sin embargo, algo que reconoce echar de menos: la posibilidad de caminar por la calle sin ser reconocida ni estar pendiente de que alguien intente fotografiarla.