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El eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto volverá a concentrar la atención de científicos y aficionados a la astronomía. Sin embargo, no será la primera vez que un fenómeno de este tipo marque un antes y un después en la historia.

Mucho antes de que millones de personas prepararan telescopios y gafas especiales para observar el cielo, los eclipses solares ya impulsaban descubrimientos científicos, expediciones internacionales e incluso acercamientos políticos entre países.

Así lo explica el catedrático de Historia de la Ciencia de la Universitat de València, Pedro Ruiz-Castell, investigador del papel que estos fenómenos astronómicos desempeñaron durante los siglos XIX y XX.

Después del Big Bang, hace unos 13.800 millones de años, el universo era una sopa caliente y homogénea de hidrógeno y helio. (Imagen: archivo)
Después del Big Bang, hace unos 13.800 millones de años, el universo era una sopa caliente y homogénea de hidrógeno y helio. (Imagen: archivo)

En 1868, un eclipse permitió descubrir un elemento desconocido hasta entonces

Uno de los episodios más importantes ocurrió durante el eclipse de 1868, cuando los científicos detectaron por primera vez una línea espectral que no había sido identificada anteriormente en la Tierra.

Aquel hallazgo permitió descubrir el helio, un elemento que hasta ese momento era completamente desconocido en nuestro planeta y que acabaría convirtiéndose en uno de los descubrimientos más relevantes de la astronomía moderna.

Según Ruiz-Castell, este fue uno de los ejemplos más claros de cómo la observación de un eclipse podía cambiar el conocimiento científico y abrir nuevas líneas de investigación.

Los eclipses también sirvieron para unir países en momentos de tensión política

El experto sostiene que, durante la segunda mitad del siglo XIX, comenzó a desarrollarse una auténtica cultura expedicionaria alrededor de los eclipses solares.

Investigadores de distintos países organizaban proyectos internacionales y consensuaban previamente qué aspectos estudiar durante cada observación, convirtiendo estos fenómenos en un espacio de colaboración científica.

Esa cooperación adquirió todavía más importancia durante la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. En un contexto internacional especialmente complejo, la astronomía pasó a convertirse en un instrumento de “diplomacia científica”, un canal para mantener contactos internacionales cuando las relaciones políticas estaban prácticamente bloqueadas.

Los eclipses impulsaron el desarrollo de la astronomía en España

España también desempeñó un papel relevante en esta historia. En 1860, una expedición científica italiana liderada por Angelo Secchi observó un eclipse en el Desierto de las Palmas, en Castellón, y obtuvo unas fotografías de la corona solar que alcanzaron una enorme repercusión.

Su autor material fue el catedrático de Química de la Universitat de València José Montserrat i Riutort, en una de las primeras grandes contribuciones españolas al estudio de estos fenómenos.

Posteriormente, los eclipses de 1900 y 1905 marcaron, según Ruiz-Castell, “un punto de inflexión para el desarrollo de la disciplina en la España de principios del siglo XX: nuevas técnicas, más apoyo institucional y la creación de nuevos observatorios astronómicos”.

Imagen ilustrativa
Imagen ilustrativaShutterstock

Del eclipse de 1959 al fenómeno que podrá verse el 12 de agosto

El investigador recuerda que los eclipses de 1952, 1954 y 1959 también desempeñaron un papel importante en el desarrollo de la astronomía española.

El episodio de 1959 contó con el respaldo explícito de la Unión Astronómica Internacional y terminó cristalizando en la creación del Observatorio Astronómico del Teide, uno de los centros de referencia para la investigación astronómica.

Ahora, con el nuevo ciclo de eclipses observables en 2026, 2027 y 2028, Ruiz-Castell considera que todavía es pronto para valorar su impacto histórico. No obstante, subraya que existe una diferencia fundamental respecto al pasado: “la astronomía española está hoy perfectamente integrada, y observatorios como el del Teide sitúan a la astronomía y la astrofísica españolas en primera línea internacional”.