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Los servicios de seguridad rusos han difundido digitalmente una serie de documentos desclasificados que contienen los interrogatorios del mayordomo de Hitler, el Heinz Linge, y de su ayuda de cámara y adjunto, el Otto Günsche, dos figuras clave del círculo íntimo del dictador nazi. Estos archivos, que pertenecen a la antigua red de seguridad soviética y hoy se conservan en el archivo de la FSB en la región de Ivánovo, se han publicado en la web oficial de esa institución, como se explica en una nota de la publicación rusa Vedomosti, uno de los principales medios económicos y de análisis de Rusia.

Los documentos muestran, además de detalles sobre los últimos días de la guerra, contradicciones entre los testimonios de los propios miembros de la SA y la SS que rodeaban a Hitler. Esas discrepancias no cambian el hecho de que la mayoría de los relatos coinciden en que el Führer murió en Berlín ni que sus restos fueron incinerados, pero sí abren un debate sobre la forma exacta de su muerte y el papel de sus subordinados en ella, tal como se señala en la misma nota de Vedomosti.

Los nuevos testimonios de la FSB de Ivánovo sobre la muerte de Hitler

El documento central en esta nueva ola de desclasificaciones es un protocolo de interrogatorio de Hans Rattenhuber, jefe de la seguridad personal de Hitler, trabajado a partir de la documentación recuperada por los soviéticos en 1945, como se detalla en la información de Vedomosti.

En ese informe, Rattenhuber describe una escena en la que, tras el suicidio de Hitler, el mayordomo Linge habría disparado una segunda bala en la cabeza del Führer para “heroificar” su muerte, convirtiendo un posible suicidio con veneno en una muerte “a la usanza de un soldado”. Esa versión contrasta con lo que el propio Linge declaró más adelante ante los mismos servicios soviéticos, cuando insistió en que Hitler se había disparado él mismo en la sien y no había necesidad de una bala de control.

Otros documentos anexos incluyen declaraciones de Günsche, que relatan el ambiente de caos en el búnker y la instrucción de que los cuerpos de Hitler y Eva Braun fueran sacados al jardín de la Cancillería y quemados para evitar que quedaran en manos del Ejército Rojo, información también mencionada en el artículo de Vedomosti. Estos relatos, aun siendo detallados, no se alinean del todo con el de Rattenhuber, lo que genera una narrativa cruzada: todos afirman que el líder nazi murió en 1945, pero discrepan en la intervención de Linge, el uso del veneno y el carácter “heroico” o “práctico” del disparo final.

El documento que reabre el misterio: las contradicciones dentro de los propios archivos soviéticos sobre la muerte de Hitler

Una muerte “heroica” o un disparo de control: la duda en los archivos soviéticos

El testimonio de Rattenhuber que ahora se ha vuelto más visible sostiene que Linge, después de ver que Hitler había tomado cianuro, habría disparado a la cabeza del Führer para dejar claro que su fin había sido “de soldado”, y no solo por envenenamiento, como se recoge en la nota de Vedomosti. El propio Linge, en su propio interrogatorio, rechaza esa idea y mantiene que el disparo fue el acto definitivo de la muerte, sin que hubiera un “remate” posterior. La presencia de dos versiones contrapuestas dentro de la misma causa judicial abierta por la KGB deja abierta la pregunta sobre qué peso tenía realmente el veneno en la muerte de Hitler y qué parte correspondía al disparo.

Para los historiadores que trabajan con esas transcripciones, el problema no es tanto dudar de que Hitler murió en Berlín, sino aceptar que la escena final se reconstruye a partir de testimonios que se contradicen entre sí, un punto que aparece claramente en el mismo material de Vedomosti. El propio Günsche se refiere a la tensión y la confusión en el búnker, lo que propicia que las declaraciones grabadas en distintos momentos no siempre encajen perfectamente. Esa incoherencia interna entre los documentos de la seguridad soviética alimenta la percepción de un relato menos claro de lo que sugería la versión oficial de la Guerra Fría.

Archivos de la FSB de Ivánovo y el debate sobre la muerte de Hitler

El material de Rattenhuber, así como los interrogatorios de Linge y Günsche, proceden de la antigua KGB y se custodian hoy en el archivo de la FSB en la región de Ivánovo, según destaca el artículo de Vedomosti. El centro de seguridad rusa ha ido digitalizando y publicando fragmentos de esos expedientes en su web, con el fin de poner en circuito archivos que antes solo conocían unos pocos historiadores. Entre esos documentos, los que se refieren a la muerte de Hitler destacan por la cantidad de detalles y por las diferencias que muestran entre los testigos protegidos por el líder nazi.

En el contexto más amplio, estos testimonios no niegan la tesis de que Hitler se suicidó en el búnker de la Cancillería ni que sus restos fueran incinerados y más tarde trasladados a distintos lugares de entierro temporal por la URSS, como se subraya en la nota de Vedomosti. Sin embargo, la contradicción entre lo que declaró Rattenhuber, lo que afirmó Linge y lo que relató Günsche impide construir una imagen única y uniforme de la manera en que se produjo el acto final. El resultado no es una teoría de la huida, sino un reforzamiento de la idea de que, incluso dentro de la propia documentación soviética, la versión de la muerte de Hitler es un mosaico de testimonios que se complementan y se desdibujan a la vez.