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El tráfico marítimo frente a las costas españolas ya no se mira solo como una cuestión comercial. En rutas como las de Canarias, el mar de Alborán y el estrecho de Gibraltar también se juega una parte de la seguridad marítima española, marcada por sanciones internacionales, vigilancia naval y riesgos sobre infraestructuras críticas.

El último foco está puesto en la llamada flota fantasma rusa, una red de petroleros y buques de transporte que opera con estructuras opacas, banderas de conveniencia o registros difíciles de seguir.

Según el Informe de Seguridad Nacional, España detecta una media de 50 de estos barcos cada semana cerca de las islas Canarias, mientras su presencia en la zona se quintuplicó durante 2025.

La presencia naval rusa y sus movimientos marítimos vuelven a situar el Atlántico y el Mediterráneo en el centro de las alertas europeas.Wikimedia Commons / S. Fediunin

Una flota fantasma rusa cerca de Canarias enciende las alarmas de España

La flota fantasma rusa está vinculada sobre todo al transporte y transbordo de hidrocarburos. El objetivo principal es mover crudo y refinados de origen ruso, aunque también se mencionan cargas venezolanas e iraníes, hacia mercados asiáticos y por fuera del sistema ordinario de control impuesto tras la invasión de Ucrania.

El dato que más preocupa es el salto en volumen. El Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima de la Armada monitoriza una media de 50 buques semanales tomando como referencia la lista europea de buques sancionados.

La actividad se concentra cerca de Canarias, pero también aparece en tránsito por el mar de Alborán y el estrecho de Gibraltar, dos pasos clave para la conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo.

Por qué estos barcos son un riesgo para la seguridad marítima española

El problema no se limita a la evasión de sanciones a Rusia. El Gobierno español reconoce riesgos de accidentes, contaminación, daños a infraestructuras submarinas e incluso un uso poco probable, aunque contemplado, como plataforma para lanzar drones. Esa combinación convierte a estos buques en una pieza incómoda dentro del tablero de la guerra híbrida.

Las infraestructuras bajo el mar son uno de los puntos más sensibles. Cables submarinos, gasoductos, puertos y zonas de fondeo forman parte de una red esencial para las comunicaciones, la energía y el comercio.

Por eso, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han intensificado la vigilancia de zonas críticas mediante capacidades navales, sensores costeros, patrullas oceánicas y cooperación con la Armada y la Agencia Europea de Seguridad Marítima.

Qué medidas aplica Europa contra la flota fantasma rusa

La Unión Europea también ha endurecido el cerco. En abril de 2026, el Consejo de la UE aprobó su vigésimo paquete de sanciones contra Rusia e incluyó 46 nuevos barcos en la lista de restricciones, lo que elevó a 632 el total de embarcaciones designadas. Estas medidas implican prohibición de acceso a puertos y veto a una amplia gama de servicios relacionados con el transporte marítimo.

Bruselas sostiene que estos buques ayudan a esquivar el mecanismo de tope al precio del petróleo, sostienen ingresos energéticos de Rusia y, en algunos casos, pueden transportar material militar ruso o grano ucraniano robado. El paquete también introduce controles de diligencia debida para la venta de petroleros, con el fin de dificultar que Moscú amplíe su flota fantasma.

Qué puede hacer España cuando estos buques navegan cerca de sus costas

La respuesta española tiene un límite legal importante. El propio Gobierno admite que actuar contra estas embarcaciones en el mar es un asunto de difícil resolución, especialmente cuando navegan fuera de aguas jurisdiccionales o utilizan pabellones de terceros países. Esa frontera jurídica obliga a reforzar la detección, el seguimiento y la coordinación internacional antes que la intervención directa.

Las sanciones europeas a Rusia también tienen impacto en España, donde la vigilancia marítima se convirtió en una prioridad de seguridad.Shutterstock

En ese margen se mueve ahora la seguridad marítima española. El Sistema Integrado de Vigilancia Exterior, los sensores costeros, las patrullas y el intercambio de información con organismos europeos permiten identificar patrones anómalos y proteger puntos sensibles.

Canarias queda en el centro de una tensión que ya no pertenece solo al comercio marítimo. Cada barril de petrolero opaco que pasa frente al archipiélago también mide la capacidad de España para vigilar un mar cada vez más disputado.