

La investigación científica sobre el Alzheimer avanza hacia un terreno clave: la detección temprana del riesgo antes de que aparezcan los síntomas irreversibles. En los últimos años, los esfuerzos se han centrado en identificar biomarcadores fiables, capaces de anticipar el desarrollo de la enfermedad y abrir la puerta a estrategias preventivas más eficaces.
En ese camino, un nuevo estudio ha dado un paso relevante al confirmar que las personas con esquizofrenia presentan un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer y otras demencias asociadas al envejecimiento. El trabajo no solo refuerza una sospecha epidemiológica conocida desde hace décadas, sino que identifica por primera vez los mecanismos moleculares comunes que explican esta vulnerabilidad, con implicaciones directas para el diagnóstico precoz.

Qué ha descubierto el estudio sobre esquizofrenia y Alzheimer
La investigación ha sido liderada por el grupo +Pec Proteomics del Instituto de Investigación Biomédica de Lleida junto a la Universitat de Lleida, en colaboración con la Universidad de Newcastle y equipos del CIBERSAM y de la Universidad del País Vasco. Los resultados acaban de publicarse en la revista científica Acta Neuropathologica Communications.
El trabajo confirma que las personas con esquizofrenia tienen entre dos y tres veces más riesgo de desarrollar demencia en la vejez. Hasta ahora, esa relación se sustentaba en datos estadísticos, pero no se conocían las bases biológicas que la explicaban. Según el investigador Xavier Gallart-Palau, responsable del grupo +Pec Proteomics, “aunque los estudios epidemiológicos llevan décadas señalando esta asociación, hasta ahora no se habían descrito los mecanismos moleculares comunes que explican esta vulnerabilidad”.
El hallazgo central es que tanto en la esquizofrenia como en el Alzheimer, incluso en fases tempranas, aparecen alteraciones idénticas en procesos clave del cerebro, como la conectividad neuronal, las sinapsis, la inflamación y el metabolismo cerebral. Esto refuerza la idea de que ambas patologías comparten una base biológica más profunda de lo que se pensaba.
El papel clave de las vesículas extracelulares en el cerebro
Uno de los aspectos más innovadores del estudio es el foco en las vesículas extracelulares, pequeñas estructuras que actúan como mensajeras entre las células del cerebro. Estas vesículas transportan proteínas y reflejan con gran precisión el estado molecular del sistema nervioso.
Los investigadores comprobaron que estas vesículas contienen proteínas alteradas de forma idéntica tanto en personas con esquizofrenia como en pacientes con Alzheimer, en etapas iniciales y avanzadas de la enfermedad. Esta coincidencia revela una conexión biológica hasta ahora desconocida entre un trastorno psiquiátrico grave y una enfermedad neurodegenerativa.
Además, el estudio demuestra que estas proteínas no se limitan al cerebro. También pueden detectarse en la sangre, encapsuladas en vesículas plasmáticas. Este detalle resulta clave, ya que abre la posibilidad de desarrollar biomarcadores no invasivos, basados en análisis sanguíneos, para evaluar el riesgo de demencia.
Aida Serra, investigadora principal del estudio y profesora de la Universitat de Lleida, subraya que “el trabajo sienta las bases para la futura validación de un análisis de sangre destinado a estimar el riesgo de demencia en personas con esquizofrenia”.
Por qué este avance puede cambiar la detección precoz del Alzheimer
El impacto potencial de este hallazgo va más allá del ámbito académico. Según el IRBLleida, la investigación demuestra que es posible estratificar a las personas con esquizofrenia según su riesgo de desarrollar demencia utilizando únicamente una muestra de sangre, algo impensable hace solo unos años.
Este enfoque permitiría identificar a los pacientes con mayor vulnerabilidad mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas cognitivos. En un contexto en el que los tratamientos actuales del Alzheimer tienen una eficacia limitada en fases avanzadas, anticiparse al daño cerebral es una de las grandes prioridades de la neurología.

Además, el estudio abre nuevas líneas de investigación sobre la relación entre los trastornos psiquiátricos graves y la neurodegeneración, un vínculo que hasta ahora había sido poco explorado desde el punto de vista molecular. Comprender estos mecanismos comunes podría ayudar a diseñar estrategias preventivas específicas para colectivos de riesgo.
Los investigadores insisten en que aún será necesario validar estos biomarcadores en estudios clínicos más amplios, pero el avance marca un punto de inflexión. Por primera vez, la ciencia dispone de una explicación biológica sólida que conecta la esquizofrenia con el Alzheimer y de una herramienta potencial para detectar el riesgo de la enfermedad antes de que sea demasiado tarde.













