

Javier Iguacel jurará este mediodía como ministro de Energía y, a partir de entonces, terminará de definir el organigrama de la cartera, que tiene actualmente cuatro secretarías y nueve subsecretarías, pero con el pase de Minería al Ministerio de Producción, quedará en tres secretarías y siete subsecretarías.
En principio, Iguacel deberá nombrar a un subsecretario de Coordinación Administrativa, quien se encargará de manejar el presupuesto de $ 103.000 millones, tendrá el control del personal y áreas institucionales. Será en reemplazo de Marcelo Blanco, ex Pampa Energía, que dejó el cargo hace tres semanas.
También sonó el nombre de Lucas Logaldo, quien acompañó a Iguacel en Vialidad Nacional, para ser el jefe de Gabinete, en una función similar a la que hasta ahora tiene Juan Manuel Carassale, titular de la Unidad de Coordinación General.
Carassale asistió como sustituto de Aranguren a la reunión de Gabinete económico que encabezó la semana pasada el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, mientras el saliente funcionario estaba en Bariloche por la cumbre del G20 de ministros de Energía.
Por el momento, según pudo averiguar El Cronista, las empresas del sector no fueron convocadas a dialogar con Iguacel, que esta semana se reunió con Dujovne y con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, para delinear la nueva política tarifaria.
Las petroleras esperan ansiosas el llamado del nuevo ministro para conocer qué destino les quiere fijar el Gobierno. El 1´ de junio, hace menos de tres semanas y con el dólar en torno a los $ 25, habían acordado con Aranguren que aumentarían un 5% las naftas este mes y otro 3% en julio. La nueva devaluación ya complica las cuentas y provocó desabastecimiento en canales mayoristas.
Aunque YPF, Shell y Pan American Energy (PAE) firmaron que el Estado cree una cuenta compensatoria para devolverles lo que no puedan cobrar hasta que se libere (una vez más) el mercado ahora intervenido, ya asoma sumamente improbable el cumplimiento de estos compromisos, que representarían un desembolso de miles de millones de dólares.
Aranguren le deja a Iguacel como herencia la caída en la producción de petróleo y la mejora en la de gas. La baja de la extracción de crudo en los últimos 12 meses (año móvil) hasta abril, último dato disponible, con respecto a 2015, fue de 9,7%. Sin embargo, y pese a que el año pasado se produjo casi tanto como en 1991 e incluso 1979, la mejora del precio a nivel internacional, de un 60% en los últimos meses, contribuyó a detener la caída e incluso mostrar una cifra positiva interanual en abril.
Con las petroleras vendiendo su producto a u$s 67 por barril, un 10% menos que en condiciones de libre competencia, y ya ante la amenaza de Aranguren, en su última semana de gestión, de prohibir la exportación para cuidar el mercado interno, surgen las dudas sobre la posibilidad de consolidar los buenos resultados mostrados en producción de petróleo en el inicio del año.
En cambio, la extracción de gas del último año móvil a abril mejoró un 5,6% en relación a la registrada en 2015, en buena parte por los incentivos a los pozos nuevos en Vaca Muerta y el yacimiento Vega Pléyade, en Tierra del Fuego.
A diferencia de lo que sucede con la refinación del crudo y las nuevas condiciones que deben pactar productoras y refinadoras, el precio del gas para la extracción no convencional tiene un sendero que no se modifica. No obstante, habrá que acordar con las distribuidoras el no traslado a las tarifas, que generaría otra crisis como en abril.














