Desde el Gobierno Nacional se tomó la decisión de suspender el aumento del impuesto a combustibles (IDC e ICL) para abril. De esta forma, junto con la medida oficializada de especificaciones técnicas de mayor porcentaje de bioetanol, se toman medidas para mitigar el impacto del precio de la suba de petróleo en surtidor y acompañar al consumidor.

El precio del barril de petróleo subió casi 40% desde el conflicto militar entre Estados Unidos-Israel contra Irán. Los surtidores locales, hasta ahora, reflejaron la mitad de ese impacto, con remarcaciones que llegan hasta el 20%.

Durante 2025, los aumentos en las naftas estuvieron afectados por la recomposición de los impuestos a los combustibles —en particular, el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos (ICL, muchas veces referido como IDL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC)—, que el Gobierno comenzó a actualizar de manera escalonada luego de varios trimestres de postergaciones.

Estos tributos, que se aplican como montos fijos por litro, habían quedado significativamente atrasados respecto de la inflación debido a sucesivos diferimientos desde 2018. A partir de 2024 y con mayor intensidad en 2025, el Ejecutivo avanzó en una normalización gradual para evitar un impacto inflacionario abrupto, lo que se tradujo en una serie de incrementos mensuales que fueron trasladados casi de forma directa al surtidor.

El proceso se inició en julio de 2025, cuando se aplicó una suba impositiva cercana a los $ 7 por litro en naftas, resultado de un ajuste de alrededor de $6,6 en el ICL y poco más de $ 0,40 en el IDC. En agosto, la actualización continuó con un incremento similar, también en torno a los $ 7,3 por litro, manteniendo el esquema de subas parciales.

Sin embargo, a partir de septiembre se observó una aceleración en la recomposición: ese mes, el ajuste impositivo trepó a más de $ 11 por litro, reflejando no solo la actualización corriente sino también parte del atraso acumulado. La tendencia se profundizó hacia el último bimestre del año. En noviembre, el impacto conjunto de ambos tributos rondó los $16,5 por litro, mientras que en diciembre volvió a incrementarse hasta aproximadamente $17 por litro, incorporando nuevas actualizaciones correspondientes a períodos anteriores que habían sido diferidos.

En términos acumulados, solo por efecto de estos impuestos, el precio de la nafta registró en 2025 un incremento cercano a los $ 60 por litro, sin considerar otros factores como la evolución del tipo de cambio, el precio internacional del crudo o los márgenes de refinación y comercialización.

La clave del fenómeno radica en que se trata de impuestos específicos —no porcentuales—, lo que implica que su impacto es lineal y plenamente trasladable al consumidor final. En este contexto, buena parte de las subas observadas en los surtidores no respondió a variables de mercado, sino a decisiones de política fiscal orientadas a recomponer ingresos tributarios atrasados, en un escenario de consolidación fiscal.

Los impuestos a los combustibles están entre los pocos que vienen creciendo, es decir cuya recaudación supera a lo obtenido en años anteriores. En parte, es por la actualización de precios.

Las provincias suelen reclamar una tajada de esa mayor participación, pero el Gobierno nacional trata de redistribuir lo menos posible.