

El paro anunciado por el sindicato de Camioneros el jueves y su suspensión, en boca de Hugo Moyano, al día siguiente, encendió en el empresariado que ya marcaba el creciente poder sindical una nueva señal de alerta. Primero, porque temían una nueva escalada entre la CGT y el Gobierno y repudiaban los costes económicos que ocasionaría la medida de fuerza. Después, porque sospechan que el levantamiento de la medida no será gratuito.
El viernes, antes de que Moyano suspendiera la huelga, los empresarios trinaban. ¿Contra quién es el paro? ¿Contra Suiza? ¿Contra los medios? Es claramente una demostración de fuerza hacia al Gobierno, consideró el directivo de una importante cámara empresarial que prefirió mantener su nombre en reserva.
Por entonces, nadie discutía que convocar a una movilización a la Plaza de Mayo constituía una señal en contra de la presidenta Cristina Fernández, quien desde la muerte de Néstor Kirchner mantiene con la CGT una relación más distante. Y es éste el escenario que más preocupa a los empresarios. Si bien creen que el Gobierno debe ponerle un freno al avance del sindicalismo, también tienen claro que el titular de la CGT acumuló tanto poder que tenerlo en frente del Ejecutivo sería costoso.
El titular de la Cámara de Exportadores de la Argentina (CERA), Enrique Mantilla, suscribió. Como siempre, preocupa la metodología de Moyano, dijo.
Los empresarios lamentaban entonces los costos económicos de la medida, que habría impactado en los fletes y el transporte. Y también mensuraban sus consecuencias políticas. Desde Santa Fe, el dirigente de la Federación Industrial de la provincia (FISFE) y vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, remarcó: el paro es una locura y afecta a la producción, al Gobierno y a la Argentina.
Tiempos complicados
Pero las negociaciones entre el Ejecutivo y la CGT que llevaron al levantamiento del paro calmaron esos ánimos sólo en parte. Uno de los que dijo estar aliviado fue Carlos Wagner, el titular de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC). El tema tuvo un desenlace feliz. El paro no iba a ser bueno para nadie y por suerte logró evitarse, indicó.
Pero la amenaza de paro podría agregar ruido al escenario de negociaciones paritarias, abierto hasta mediados de año. Y podría incidir en algunos proyectos de legislación laboral que pululan por el Congreso y son resistidos por los empresarios, como el que busca repartir parte de las ganancias de las empresas, del abogado de la CGT Héctor Recalde.
Se vienen tiempos complicados para los empresarios, vaticinó un veterano dirigente industrial. Su lectura coincide con la de otros hombres de negocios: El sólo hecho de que la ciudadanía sea rehén de esto es terrible, más cuando existen altas sospechas de corrupción, dijo.
Las empresas intentaban el viernes acomodarse a un paro que hubiera paralizado el transporte de personas y mercaderías. Algunas habían convenido adelantar la carga de mercadería para el mismo jueves y las primeras horas del viernes y otras se comunicaron con camioneros provinciales que habían garantizado trabajar hoy.










