El corazón está puesto obviamente en lo que despierta la Selección Argentina de Fútbol. Cada choque. Cada gol. Pero el diverso grupo de empresarios, relacionistas públicos y consultores políticos que se encuentra en los aeropuertos y en las inmediaciones de los estadios en Miami, Kansas o Atlanta tiene también un ojo puesto en lo que pasa en nuestro país y en el mundo. Y saben que desde la semana que viene todos se convertirán en calabaza de nuevo. La vida sigue, con algunas incertidumbres de siempre.
Por eso, entre los que están viviendo la Copa del Mundo en Estados Unidos están circulando dos libros que consideran de lectura obligatoria para el que quiera saber qué puede pasar en el país en este contexto global y, más en concreto, para dilucidar si en las elecciones de 2027 habrá reelección o será otro caso de oficialismo de una sola vez, como se viene dando en el mundo.
El primero es “Efecto mariposa”, del ex embajador Jorge Argüello, que desarrolla lo que considera el establecimiento caótico de un nuevo orden global, con un choque de potencias como China y Estados Unidos y la perplejidad de Europa.
En ese trabajo, repleto de citas de analistas de todo espectro, que algunos de los lectores más conspicuos anotan para luego citar en conferencias y reuniones, tiene un especial desarrollo la idea de “geoeconomia”, como una nueva versión de la “geopolítica”.
Si alguna vez Estados Unidos le dio estabilidad al mundo post Segunda Guerra Mundial con un marco jurídico internacional para evitar guerra, hoy Donald Trump está volando ese corpus normativo por los aires para intentar frenar al gigante asiático. Es, dice Argüello, la era de la “diplomacia transaccional”: apoyo a cambio de recursos, ya sean préstamos o promesas de inversiones o acceso a minerales críticos.
Resulta muy actual para el momento de la Argentina la radiografía de dos carreras que se están dando en simultáneo entre EE.UU. y China. Por un lado, la de la inteligencia artificial, donde la Casa Rosada aspira a captar data-centers de la mano del “súper RIGI”. Y por otro, la -hoy menos difundida- pelea por el dominio nuclear.
Argüello hace un balance que es casi un ránking de poderío nuclear. China tiene 32 reactores nucleares. Y Estados Unidos, ninguno.. Y advierte:
“Washington recién está promoviendo acuerdos para producir pequeños reactores en todo el mundo”.
Se trata de un telón de fondo que ayuda a entender las dos historias sobre ese tema que emergieron en las últimas dos semanas, mientras mirábamos la remontada con Egipto y el triunfo con Suiza. Por un lado, el nuevo recorte en la Comisión de Energía Atómica, denunciado incluso por gerentes que presentaron la renuncia. Y por otro el casi simultáneo anuncio de una empresa estadounidense de un magnate de origen iraní que promete inyectar en algún momento u$s 1200 millones para construir, justamente un reactor. ¿Tiene que ver esto con el marco que presenta Argüello?
Todo ya
El otro texto que se volvió adictivo al menos para un grupo de ejecutivos que en Buenos Aires se encuentra en el lobby de hoteles y comparte grupos de análisis político es “Omitir intro”, del investigador y consultor residente en Uruguay, Julián Kanarek.
Su tesis es una pregunta abierta para el plan de la reelección de Javier Milei. Tras tomar las últimas 21 elecciones presidenciales en América latina, observa que 15 fueron triunfos de la oposición, no importa si de derecha o de izquierda. En Estados Unidos, además, en las últimas tres elecciones perdió también el oficialismo. Y en Europa se suceden los gobiernos de coalición fallidos.
El autor lo atribuye, entre otros aspectos claro está, a la profundidad de los cambios culturales que ha introducido la lógica del “scroll” que hacemos de los contenidos en las redes sociales.
La bajada del título del texto anticipa esa idea: “Pantallas, dopamina y aceleración democrática”. Ese apuro que se cristaliza en la opción de saltear la introducción en las series, dice Kanarek, que la plataforma Netflix impuso en 2017 y copiaron todos los competidores. Ese botón se presiona hoy más de 136 millones de veces por día.
Se trata de una variante, dice el trabajo, de la llamada “cultura de la dopamina”, en referencia al neurotransmisor que produce el cerebro cuando se genera placer o satisfacción, que ahora cada vez se busca más rápido. Kanarek cita un estudio de Ted Gioias que detalla cómo en diferentes ámbitos se pasó del consumo tradicional (películas) a una velocidad asociada a la modernidad (videos y series) y hoy todo incluso es más veloz (reels).
El trabajo es atrapante porque le dedica tiempo a exponer procesos políticos en países concretos y luego desarrolla un factor clave que cruza todas las actividades de los seres humanos hoy: la “economía de la atención”. Cómo de la mano de los estímulos que por ejemplo generan los celulares, las redes y los algoritmos cada vez le prestamos menos atención profunda a los distintos momentos que presenta la vida diaria.
“Con esto -dice Kanarek- no estoy abogando porque los votantes se conviertan en filósofos ni que intelectualicemos los procesos individuales, sino porque nos interroguemos sobre el espacio temporal que le dedicamos a pensar las acciones de nuestra vida”. En especial: “los motivos que nos llevan a votar a uno u otro candidato o proyecto político”.
El miércoles juega Argentina con Inglaterra. Pase lo que pase habrá mil videos. De segundos. Ahí esperando. Los que están leyendo estos libros vuelven al país. Las encuestas, en tanto, por ahora le sonríen a La Libertad Avanza. Y la oposición es un desbande, más allá de lo que diga la cultura del scroll. Termina el Mundial el domingo.