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Los impuestos ocupan un lugar central en la concepción económica de Javier Milei. Mucho antes de llegar a la Presidencia, el actual mandatario convirtió la crítica a la presión tributaria en una de las banderas de su discurso y llegó a definir a los impuestos como un “robo”. También sostuvo que quienes lograban evadirlos eran “héroes”, una definición que formó parte de su discurso público como economista y que volvió a reivindicar durante su carrera política.
Ya en el Gobierno, esa mirada quedó incorporada al programa económico: el ajuste del gasto público, el equilibrio fiscal y la reducción del tamaño del Estado aparecen como las condiciones necesarias para avanzar con una baja de impuestos.
Con ese marco, un informe del economista Nadin Argañaraz permite ponerle números al resultado de los principales cambios tributarios aplicados desde el comienzo de la gestión.
Según sus cálculos, las modificaciones implementadas entre 2024 y 2026 implicaron una pérdida neta de recaudación equivalente al 3% del PBI. Y, con las medidas ya adoptadas y su impacto previsto para el próximo año, el costo fiscal acumulado llegaría al 4,7% del PBI en 2027.
El dato adquiere una relevancia adicional porque el propio ministro de Economía, Luis Caputo, utilizó recientemente una cifra prácticamente idéntica para defender el resultado fiscal del Gobierno. Al presentar el superávit de julio, destacó que las cuentas públicas habían vuelto a terreno positivo “en el marco de una reducción de impuestos acumulada de casi 3% del PBI” desde el inicio de la gestión.
El cálculo no supone que todos los impuestos hayan bajado. Por el contrario, durante los primeros tres años de gestión hubo cambios en ambos sentidos: algunos tributos redujeron los recursos que recibe el Estado y otros aumentaron la recaudación. El resultado final surge de la diferencia entre ambos grupos.
El primer año: subas que compensaron bajas
Durante 2024 se destacaron tres modificaciones tributarias: la suba del impuesto PAIS, el aumento del impuesto a los combustibles y la reducción de Bienes Personales.
En ese primer año, las mayores recaudaciones generadas por los dos primeros cambios más que compensaron la pérdida derivada de Bienes Personales. El resultado neto fue un aumento de la recaudación equivalente a 0,34% del PBI.
El panorama cambió de manera significativa en 2025. Ese año se produjeron diez modificaciones tributarias relevantes con impacto fiscal: siete implicaron una reducción de la recaudación y tres generaron mayores ingresos para el Estado.
La principal baja estuvo vinculada con la desaparición del impuesto PAIS a fines de 2024. Según Argañaraz, su impacto equivale a una resignación de recursos de 1,1% del PBI.
En segundo lugar apareció el retorno de la posibilidad de utilizar certificados de exclusión de percepciones de IVA y Ganancias en Aduana, con un costo fiscal equivalente a 0,42% del PBI. Luego se ubicó la reducción de los derechos de exportación, tanto permanentes como temporales, con 0,35% del PBI.
Bienes Personales implicó otro costo relevante, de 0,3% del PBI. Más atrás quedaron los cambios en impuestos internos, con 0,07%; los derechos de importación, con 0,05%; y la eliminación del impuesto a la transferencia de inmuebles, con 0,015%.
En conjunto, las bajas tributarias representaron en 2025 un costo fiscal de 2,30% del PBI.
Del otro lado, hubo tres modificaciones que elevaron la recaudación. El impuesto a los combustibles aportó 0,30% del PBI adicional; Ganancias de personas humanas, 0,25%; y el monotributo, 0,07%.
La suma de esas mayores recaudaciones llegó a 0,62% del PBI. El resultado neto fue una pérdida de recursos equivalente a 1,69% del PBI.
La menor presión tributaria se dio, además, en paralelo con el fuerte ajuste del gasto que sostiene el esquema fiscal del Gobierno. Según un informe del CEPA sobre las cuentas públicas de julio, el gasto total acumuló una reducción real de 30,4% respecto de 2023, mientras que los ingresos mostraron una caída real de 10,2%. En julio, el gasto primario cayó 7% interanual en términos reales.
2026: el costo se mantiene, pero cambia la composición
Durante 2026, Argañaraz contabiliza once principales cambios tributarios. A los diez que ya habían impactado en 2025 se sumó el efecto del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que se financiará a partir de una disminución de las contribuciones patronales.
Como su implementación está prevista para noviembre, el impacto estimado para este año es de 0,062% del PBI.
Las bajas tributarias de 2026 alcanzarían así un costo fiscal anual de 2,35% del PBI. Por su parte, los tres cambios que aumentan la recaudación —combustibles, Ganancias de personas humanas y monotributo— aportarían 0,74% del PBI.
El resultado neto sería una reducción de la recaudación equivalente a 1,61% del PBI, una magnitud similar a la de 2025, aunque con una composición diferente.
Qué impuestos explican la mayor parte de la baja
Si se toma el período completo de tres años, el informe permite identificar con mayor claridad cuáles fueron los tributos que explicaron la pérdida de recursos.
Los únicos impuestos que, por efecto de las modificaciones analizadas, aumentaron la recaudación fueron combustibles, Ganancias y monotributo. En conjunto, aportarían 1,5% del PBI adicional.
El impuesto a los combustibles representa el 55% de ese aumento, Ganancias explica otro 36% y el monotributo, el 9%.
En el sentido contrario, ocho tributos acumularían una reducción de recursos equivalente a 4,5% del PBI entre 2024 y 2026.
El impuesto PAIS explica el 43% de esa caída. Le siguen los derechos de exportación, con 19%, y Bienes Personales, con 18%. El IVA aparece luego, con 11%.
El impacto de la reducción de retenciones también aparece en la recaudación corriente. En julio, los Derechos de Exportación apenas crecieron 3,1% nominal interanual y registraron una caída real de 22,7%.
En el acumulado del año, según CEPA, estos ingresos acumularon doce meses consecutivos de bajas interanuales, como consecuencia de la reducción de las alícuotas aplicada desde julio de 2025. Para ese período, la merma acumulada de la recaudación por este concepto alcanzó $2,42 billones a precios constantes de julio de 2026.
En conjunto, los ocho tributos que redujeron la recaudación implicaron una merma equivalente a 4,5% del PBI, mientras que los tres que la incrementaron aportaron 1,5%. La diferencia entre ambos grupos explica el resultado neto: una pérdida de recursos equivalente a 3% del PBI durante los primeros tres años de la gestión.
El comportamiento de la recaudación en lo que va de 2026 muestra que esa menor presión tributaria todavía no fue compensada por un aumento generalizado de los ingresos.
Según el CEPA, los ingresos tributarios del Sector Público Nacional acumularon hasta julio una caída real interanual de 6%. El IVA, uno de los principales recursos del Estado, lleva nueve meses consecutivos de descenso interanual en términos reales, mientras que los aportes y contribuciones a la seguridad social acumulan una baja real de 3,8%.
El repunte de la recaudación de julio, por lo tanto, tuvo un componente extraordinario: estuvo impulsado por el ingreso de Ganancias de personas humanas y Bienes Personales, cuyos vencimientos habían sido prorrogados. En términos reales, el resultado acumulado de los primeros siete meses todavía muestra una caída de los ingresos tributarios.
La cuenta que queda para 2027
El proceso, de acuerdo con el informe, todavía no termina. Las decisiones adoptadas hasta ahora llevarían a que en 2027 el impacto neto anual de los principales cambios tributarios implique una pérdida de recaudación de 1,77% del PBI.
La cifra representa un aumento de alrededor de 0,16 puntos del PBI respecto del costo estimado para 2026.
La principal diferencia entre ambos años estará dada por la plena implementación del Fondo de Asistencia Laboral y por un mayor costo fiscal asociado a Bienes Personales. Esos efectos serán compensados parcialmente por una menor pérdida vinculada con la desaparición del impacto negativo del restablecimiento de los certificados de exclusión de percepciones de IVA y Ganancias en Aduana.
El balance del período muestra que las modificaciones tributarias, consideradas en conjunto, efectivamente redujeron la recaudación respecto del escenario previo, aunque el proceso incluyó también aumentos de impuestos y mayores ingresos en algunos tributos.