La renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC y la decisión del Gobierno de postergar cambios metodológicos en la medición de precios sacudieron el tablero de las expectativas económicas.
Para Juan Luis Bour, director y economista jefe de la Fundación FIEL, estas decisiones políticas no solo son un error táctico, sino que exponen una fragilidad en la narrativa oficial.
En una entrevista con Radio Rivadavia, Bour desglosó el escenario de inflación, la herencia estructural y los desafíos de un sector empresario que, según define, “se está adaptando” a una realidad mucho más hostil que la de las últimas décadas.
El error del INDEC: “Magnifica un problema irrelevante”
Uno de los puntos más críticos de Bour fue la gestión de la salida de Lavagna tras la postergación del nuevo índice de precios. Para el economista, el impacto estadístico del cambio era “marginal”, pero el impacto político de frenarlo es autoinfligido.
“Es un error del Gobierno haber tomado esta decisión de postergar el cambio de un índice, porque no es lo relevante en el índice de precios”, sentenció Bour.
Según sus cálculos, el nuevo índice podría haber arrojado un 25% de inflación frente a un 23% del anterior, una diferencia que no altera la percepción del mercado.
“Desde el punto de vista económico, de las expectativas, no debería haber gran cambio. El cambio se produce porque vos decís que no querés sacar el índice. Al decir que no lo quiero sacar porque me va a dar un número distinto, el cambio es al revés: magnifica un problema que no tiene esa relevancia”, explicó.
Bour incluso trazó un paralelismo histórico con los intentos de manipulación durante la última dictadura militar. Recordó el fallido “índice descarnado” (que quitaba la carne de la medición para bajar el promedio): “Fue un error porque la carne hay meses que sube y meses que baja. Esos errores te cuestan en credibilidad; lo primero que pasa es que dicen ‘bueno, me estás falsificando el índice’”.
Precios, salarios y tipo de cambio: qué ve Bour
Para el jefe de FIEL, la desinflación no se logra con “frenos” artificiales, ya que el mercado detecta rápidamente las inconsistencias. Bour utilizó una metáfora potente para describir el momento actual de la política económica: “El rey está desnudo cuando vos lo decís de viva voz. Si querés frenar todo para que la inflación sea más baja, empezaste frenando el tipo de cambio y no te sirvió porque todo el mundo se da cuenta que hay atraso cambiario”.
En la misma línea, advirtió que los intentos por contener salarios o manipular precios de manera directa tienen “patas cortas”. Según su visión, la ortodoxia fiscal del Gobierno y la dureza monetaria del Banco Central son pilares positivos, pero aún conviven con distorsiones que solo el tiempo podrá subsanar.
El fin del cepo y el horizonte de 8 años
A pesar del optimismo oficial respecto a la salida del cepo, Bour enfrió las expectativas de una solución inmediata. Recordó que, para las empresas, las restricciones siguen siendo una realidad cotidiana y que la recuperación del balance del Banco Central no es tarea de un solo mandato.
“El cepo todavía está y está esencialmente para un sector importante, que es todo el sector de empresas”, recordó. Y fue tajante respecto a la herencia recibida, que vinculó con un proceso de deterioro de ocho décadas: “Esto te va a llevar mucho tiempo. Normalizar el mercado de cambios y tener reservas positivas no lo lográs en dos meses; lo lográs en cinco, siete u ocho años”.
Esta visión de largo aliento choca con la ansiedad social, pero Bour insiste en que el camino de la normalización requiere persistir en la reforma laboral y la baja tributaria, temas que, según su análisis, siguen postergados “para el día del arquero”.
Reconversión o bazar: el dilema empresario
Finalmente, Bour analizó el comportamiento del sector privado frente a la apertura económica y la quita de subsidios. Diferenció claramente a los grandes jugadores con capacidad de exportar de la masa de pequeñas empresas.
“El sector empresario se adapta. Lo ves en sectores con espaldas, como el automotriz, que está reconvirtiéndose para poder exportar. Brasil no te va a comprar autos viejos, te va a comprar cosas sofisticadas”, analizó. Para Bour, el escenario internacional es un “bazar en el mundo donde vos comprás donde querés”, lo que obliga a la industria local a ser competitiva o perecer.
Sin embargo, el panorama es distinto para el resto. “En el comercio y los servicios somos todos ‘pichis’, somos más chiquitos. Ahí las espaldas no son tan grandes y el proceso de reconversión es más difícil”. Por eso, Bour nota un cambio de mentalidad en el lobby empresarial: ya no se pide protección, sino condiciones de base. “Hoy se pide de viva voz cambiar la legislación laboral y bajar impuestos. En el campo ya no piden retenciones cero hoy, piden ‘bajame de a poco’, dos puntitos por año. Saben que el proceso es largo”, concluyó.
Con una postura que combina la rigurosidad técnica de FIEL con un realismo descarnado, Juan Luis Bour dejó claro que la Argentina no enfrenta una crisis coyuntural, sino un desafío estructural de décadas que no admite atajos estadísticos ni soluciones mágicas.