El presidente Javier Milei llegó a la Casa Rosada con reformas económicas en un bolsillo y una batalla cultural debajo de un brazo.
Con un discurso contra la “agenda 2030”, el líder libertario y sus seguidores cargaron contra diversos aspectos del imaginario social y muchos leyeron allí algunas explicaciones sobre su popularidad pero, a dos años y medio de gobierno, ¿qué queda de todo aquello?
Alaska y Tres Punto Cero, una alianza de consultoras, lanzó en estos días la tercera edición de “No la ven”, el informe que analiza el acompañamiento social a la “batalla cultural” propuesta por Javier Milei.
Los especialistas llegan a una conclusión: casi todas las posturas libertarias pierden apoyo semestre tras semestre desde el inicio de la gestión.
Pero el Presidente logró imponerse en algunos temas bastante centrales que pueden marcar la agenda de futuras administraciones.
Qué es la batalla cultural
La disputa por el sentido común no es algo novedoso, sino que hunde sus raíces en el pensamiento político del siglo XX y tiene uno de sus orígenes en el postmarxismo de Antonio Gramsci.
El autor italiano fue uno de los primeros en señalar la importancia del trabajo político en la cultura, tomando a esta en su sentido más amplio. La tesis era que, en ese entonces, los comunistas debían poder disputar los sentidos impuestos por el Estado fascista y la Iglesia.
Los teóricos de la nueva derecha sostienen que, en la actualidad, el discurso “woke” y la “agenda 2030” —a los que definen como un compendio de discursos colectivistas— han reemplazado a los valores tradicionales y se han convertido en dominantes.
En otras palabras, sostienen que la teoría gramsciana ha sido exitosa y que ahora es el turno de restituir lo perdido.
Agustín Laje es el principal artífice conceptual de este término en la derecha hispanohablante, plasmado en su libro La batalla cultural: Reflexiones críticas para una Nueva Derecha.
Allí toma los conceptos gramscianos y los invierte para ponerlos al servicio de la lucha liberal-libertaria. Sus objetivos van desde la “teoría de género” hasta la crítica al rol del Estado y los impuestos.
Qué muestra la encuesta
El informe de Alaska y de Tres Punto Cero sostiene como premisa que las ideas del presidente no están teniendo la penetración social que se proponen.
Juan Courel, uno de los responsables de la encuesta, afirmó que “La derrota cultural es inminente”.
De los resultados se pueden extraer, además, otras conclusions: Milei sale triunfante en algunos puntos y, además, deja marcada la agenda pública en otras.
El 71 por ciento de los encuestados dicen haber escuchado hablar del concepto de “batalla cultural”. Entre quienes votaron al gobierno en 2023, es más alta la exposición, llegando a casi el 80%. Sin embargo, en febrero de 2025, el número total estaba en 85%, 14 puntos más que en la actualidad.
En ese sentido, parece haber perdido importancia en la agenda social. Además, sólo el 3% de los encuestados dice que Milei debiera encargarse más de la “batalla”. Casi el 62% dice que tendría que ocuparse de los problemas económicos del país (subiendo ese número desde 55,1 en febrero de 2025).
Dónde ganó Milei
Se puede decir que la imagen libertaria sobre ambiente-producción se ha impuesto: más de la mitad de los entrevistados afirma que el país debería priorizar el desarrollo productivo antes que el cuidado del medioambiente. En esa línea, iniciativas como la Ley de Glaciares y la explotación minera estarían teniendo acompañamiento social.
La mayoría de la sociedad, además, continúa manteniendo una mirada negativa del feminismo: un 47% sostiene que a través de él se “ha intentado imponer un modelo de vida y pensamiento negativo para el país”.
Las derrotas en la batalla
Entre los puntos en los que se ven los mayores reveses al mileísmo están, por ejemplo, las políticas de “memoria, verdad y justicia”.
Si bien el gobierno ha empeñado grandes esfuerzos para instalar su versión de los hechos de la década de 1970, el 61% de los argentinos cree que se debe mantener una política de Estado activa en Derechos Humanos, creciendo 10 puntos desde la última medición.
La reforma laboral, que juntaba 57,1 de adherentes en noviembre pasado, ha caído a 43,4. Actualmente, los que están en contra de la norma llegan a casi el 49%.
El 76% cree que es justo salir a la calle si se vulneran sus derechos; el 69,1% afirma que el Estado debe tener un papel más activo en la economía; el 63% cree que la universidad gratuita es un derecho básico; el 52% sigue apoyando la Interrupción Voluntaria del Embarazo. El 84,7% está en contra de eliminar las indemnizaciones.
La idea de la privatización de las empresas públicas también trae novedades. En diciembre de 2024, el 54,6% estaba de acuerdo con sacarlas de la órbita del Estado. Esa posición cayó a 34,6%. Hoy el 61% cree que deben seguir en manos públicas.
Predictor electoral
Muchos analistas políticos vieron en la idea de batalla cultural una explicación para el éxito de Milei en 2023. Allí había llegado con una parte de ese discurso que se condensaba, además, en la idea de lucha contra la “casta” y la “dolarización”.
Sobre el cambio de moneda, según la encuesta, solo un 25% de los consultados hoy la aprobaría.
La pregunta es si Milei en efecto llegó a la presidencia por su lucha contra los valores del “colectivismo”, por su posicionamiento como economista capaz de resolver los problemas de la inflación o por una combinación de ambos.
En 2025, cuando la dolarización ya se había archivado y muchos de los números de la encuesta de Alaska y Tres Punto Cero daban resultados parecidos a los de hoy, Milei ganó el medio término.
Queda saber si, en adelante, más allá del resultado de la “batalla cultural”, a la hora de poner el voto en la urna será relevante o decisivo.