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Mientras los principales análisis se enfocan en las oportunidades de exportación, la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA) destacó la firma del acuerdo comercial entre Argentina y los Estados Unidos: los sectores beneficiados, los desafíos de implementación y los cambios inmediatos que facilitan las compras a EE.UU.

La reciente firma del acuerdo “debe ser interpretada como un hecho político y económico de alto impacto, que excede ampliamente su contenido técnico inmediato”, destacó la CIRA y puso el foco en el escenario internacional actual “atravesado por tensiones geopolíticas, reconfiguración de cadenas globales de valor, friendshoring y acuerdos entre economías afines”.

Este entendimiento, que es la primera novedad en las reglas del comercio tras la creación del Mercosur- 30 años atrás- constituye “una señal clara de reinserción internacional y de alineamiento con los principales centros económicos del mundo”, marcaron los empresarios importadores.

Más que aranceles

A diferencia de los Tratados de Libre Comercio (TLC) tradicionales del siglo XX, este es un acuerdo de “nueva generación”. El foco no está puesto exclusivamente en bajar impuestos en frontera, sino en aceitar el funcionamiento del sistema.

Fuente: NA
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“El acuerdo operará como un marco de confianza, reduciendo el riesgo regulatorio y político, uno de los principales obstáculos históricos del comercio exterior argentino”, señala el informe de la CIRA.

En ese sentido, como pilares del entendimiento marcaron la facilitación del comercio, con menos burocracia en los trámites; la cooperación regulatoria a partir del alineamiento con estándares internacionales; la transparencia normativa, frente a reglas de juego claras y publicadas y, por último, la seguridad jurídica con protección para inversiones de largo plazo.

Ganadores del acuerdo

Desde la visión de los importadores, el pacto beneficia principalmente a las industrias que compiten por calidad y tecnología más que por precio. Aquellos sectores intensivos en bienes de capital e insumos importados encuentran ahora un horizonte más claro.

En ese sentido, desde CIRA mencionaron a Bienes de capital y maquinaria industrial (NCM 84 y 85); Industria automotriz y autopartes (NCM 8703 / 8708); Energía y Oil & Gas (NCM 84, 85, 73 y 90); Minería y minerales críticos (NCM 26, 84, 85 y 90); Químicos, petroquímicos y farmacéuticos (NCM 28, 29, 30 y 38); Electrónica, tecnología y TIC (NCM 8471, 8517, 8528) y Agroindustria (NCM 8432, 8433 y 38).

Agilización inminente

Una de las particularidades más disruptivas, según el análisis del sector privado, es la inmediatez. No hay cronogramas de desgravación a 10 o 15 años. Lo que se acordó rige desde el primer día, tras su tratamiento y posterior aprobación en el Congreso de la Nación.

Del lado argentino, se establecieron tres vías:

a) Arancel 0% inmediato (EIF): Determinadas posiciones arancelarias pasan a tributar 0% desde la entrada en vigor del acuerdo, sin etapas intermedias ni revisiones posteriores. Este tratamiento aplica a un conjunto acotado de productos, principalmente alimentos y bienes específicos, y genera un impacto inmediato en costos y previsibilidad.

La industria alimenticia es hoy el centro de las miradas, tanto del Gobierno nacional como de la Provincia.

b) Arancel reducido al 2% inmediato (R2): Algunas posiciones acceden a una reducción directa del arancel al 2%, que se mantiene como arancel final. No se trata de un paso intermedio hacia una eliminación total, sino de un beneficio permanente y estable.

c) Cuotas con arancel 0% (TRQ): Para productos considerados sensibles, se mantiene el arancel general, pero se habilitan volúmenes anuales con arancel 0%, administrados bajo el criterio first come, first-served. Estas cuotas se renuevan anualmente y requieren planificación comercial y logística por parte de las empresas. Este esquema confirma que “no existe una liberalización indiscriminada, sino una apertura focalizada y administrada”.

Por su parte, Estados Unidos no modifica su arancel base, sino que elimina o limita los recargos adicionales que pesaban sobre los productos argentinos, otorgando un alivio inmediato a los exportadores locales.

Desafío interno

Si bien uno de los rasgos distintivos del acuerdo es la “inmediatez” ya que las reducciones arancelarias y cuotas se aplicarán una vez que se apruebe el documento, el sector empresario marcó oportunidades y limitaciones ya que no se esperan cambios arancelarios futuros.

Si bien predomina la visión favorable sobre el acuerdo bilateral, desde la CIRA expresan que para que los beneficios se materialicen, Argentina debe encarar reformas sistémicas.

En síntesis, el acuerdo funciona como un ancla ya que obliga al país a modernizar su infraestructura, reducir la discrecionalidad en las licencias y mejorar la logística.

“Importar con reglas claras no destruye la producción, la hace viable”, destacó la entidad.

Tanto el acuerdo con Estados Unidos, como el proceso UE–Mercosur, representan una “oportunidad estratégica” para que “la Argentina abandone una lógica defensiva y avance hacia un modelo de comercio exterior previsible, competitivo y orientado al desarrollo”, planteó CIRA.