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Hoy las principales potencias mundiales buscan reducir la dependencia de proveedores concentrados para asegurar el acceso a insumos claves para la transición energética. En este marco, la Argentina puede ser un actor muy atractivo por su potencial geológico en litio y cobre”, afirma la exsecretaría de Minería y actual diputada nacional, Fernanda Ávila, en un mano a mano con El Cronista.

Esta semana, la legisladora de Elijo Catamarca, alineada al gobernador Raúl Jalil, quedó al frente de la comisión de Minería, un nodo central en los planes del gobierno de Javier Milei pero también del mandatario provincial para allanar el camino a nuevas inversiones en metales convencionales y “minerales raros”, de gran valor como insumo para las industrias estratégicas.

En paralelo, Ávila fue nombrada como la primera secretaria ejecutiva de la Mesa del Litio, la plataforma que agrupa a su provincia con Jujuy y Salta, luego que la presidencia temporal pasara a manos de la segunda. Desde su flamante rol también oficiará como puente entre el bloque federal y los diversos actores vinculados a la actividad con epicentro en Buenos Aires y como conexión con el mundo.

-El Gobierno apuesta fuerte por la minería como uno de los motores de crecimiento, ¿qué posibilidades se le abre al país en el contexto actual?

-Argentina tiene una ventana de oportunidades muy clara con la minería, sobre todo porque hay dos factores que combinan. Por un lado, tenés la transición energética global, que impulsa la demanda de minerales críticos, estratégicos, como el litio y el cobre, y por el otro lado tenés un escenario internacional que necesita diversificar proveedores para reducir la dependencia geopolítica. En ese contexto el país tiene una ventaja estructural que es muy importante. En el litio, Argentina forma parte del Triángulo del Litio, junto con Chile y Bolivia, y ya tiene muchos proyectos que se han puesto en producción en los últimos años. Hubo un boom de proyectos de litio. Y tenemos otros en construcción, muchos en etapas avanzadas de desarrollo que van a multiplicar nuestra capacidad exportadora en el corto plazo. Y en términos de cobre tiene un enorme potencial geológico con proyectos de clase mundial que si se desarrollan cambiarían significativamente la matriz exportadora de Argentina.

-¿Hay algo que frene ese potencial? Porque hace tiempo que se viene hablando de esos recursos...

-Obviamente que la oportunidad no es automática y requiere estabilidad macroeconómica, reglas de juego claras, previsibles, una articulación inteligente también entre Nación y las provincias, que son las titulares de los recursos. Por supuesto que acá también es clave fortalecer la licencia social, mejorar la infraestructura, consolidar los encadenamientos productivos a nivel regional y local. Si todas estas condiciones se logran, la minería se puede convertir en uno de los principales generadores de divisas en el país en la próxima década. Y eso es importante no solamente por la necesidad que tiene el país de desarrollar todos los sectores que puedan generar exportación, sino que también tiene un impacto en empleo, desarrollo regional y en la inserción internacional de Argentina. Si no resolvemos estos desafíos, el riesgo es que la ventana de oportunidad se cierre o sea aprovechada por otros países competidores.

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-¿Puede verse afectada la actividad por la inestabilidad geopolítica actual o puede ser una oportunidad para el sector?

-La inestabilidad geopolítica tiene un doble efecto sobre la minería. Por un lado, obviamente que introduce incertidumbre financiera y eso puede afectar el flujo de inversiones en un corto o mediano plazo, pero al mismo tiempo reconfigura las cadenas globales de suministro de minerales críticos o estratégicos, y eso abre una oportunidad muy importante para Argentina. Si el país lograra ofrecer previsibilidad, seguridad jurídica y las condiciones competitivas, se puede posicionar como un proveedor confiable en un mundo que hoy está valorando cada vez más la diversificación. Incluso la geopolítica puede jugar a favor en términos de precios más altos o de financiamiento estratégico para proyectos, por eso yo lo veo como una fortaleza para el país y para las provincias no alinearse de manera excluyente con ninguno de los bloques en esta carrera geopolítica a nivel mundial. De nuevo, la oportunidad no es automática porque la competencia es fuerte: tenés a Chile, Perú y Brasil que están jugando hace un tiempo y los inversores son muy sensibles al riesgo. Por eso la clave está en ordenar el frente interno, la estabilidad, macro, la coordinación institucional y tener una estrategia clara de inmersión internacional

-¿Hay minerales que se puedan considerar hoy más estratégicos que otros a la hora de priorizar su explotación a razón de lo que generan?

-Hay un consenso bastante amplio en que algunos minerales son particularmente estratégicos, sobre todo por su rol en la transición energética en las nuevas tecnologías. El litio y el cobre ocupan un lugar central. El litio porque es clave para el almacenamiento de energía, especialmente para los vehículos eléctricos, para las energías renovables. Y en esto Argentina ya es un jugador relevante a nivel global. Obviamente que tiene la posibilidad de escalar la producción en el corto plazo y eso hace que el litio sea un generador de divisas rápido para el corto plazo. Y el cobre, por su parte, es fundamental también para la electrificación de la economía, las redes, las energías renovables, la movilidad eléctrica. Y tiene una demanda también creciente a nivel mundial. Lo que sí, obviamente, los proyectos de cobre tienen plazos más largos, pero también al mismo tiempo el impacto de exportaciones y de empleo es mucho mayor en términos comparativos. Al mismo tiempo comenzó a tener relevancia la discusión sobre tierras raras y otros minerales críticos que están vinculados a tecnologías avanzadas, que además de la electrónica sirven para defensa y para energía limpia. Si bien Argentina está en una etapa más incipiente, tiene un potencial grande que requiere mayor inversión en exploración. Esto es un punto clave. Sin exploración es imposible un desarrollo minero. Y además de eso, no hay que dejar de recordar que tenemos un potencial enorme en oro y plata. De hecho, somos principalmente exportadores de oro y plata.

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-¿Cuánto ayudó el RIGI para atraer actores nuevos o ampliar las inversiones de otras empresas ya presentes?¿Es suficiente como política desde el Estado?

-Sin dudas, el RIGI fue una herramienta, una gran señal en términos de atracción de inversiones a gran escala. Y apuntó a resolver uno de los principales problemas históricos de Argentina, que es la falta de previsibilidad de largo plazo para proyectos que requieren miles de millones de dólares y tienen horizontes de desarrollo de veinte, treinta años. El efecto ya se está viendo, como empresas que están evaluando ampliar o acelerar inversiones, especialmente en litio y en cobre. Contar con un régimen que da estabilidad fiscal, cambiaria, regulatoria, es un factor decisivo en Argentina. Ahora, no es una solución mágica, por supuesto, ni es suficiente por sí sola. Es una condición necesaria, pero hace falta siempre complementar con otras políticas. La macroeconomía sigue siendo central, y la coordinación con las provincias también. También es fundamental la infraestructura, sea rutas, energía y logística. Y también es un gran desafío el desarrollo de proveedores locales para que la minería tenga más impacto en las economías regionales. Su efectividad va a depender de que forme parte de una estrategia integral y sostenida en el tiempo.

-¿Cómo conviven las potestades y derechos de las provincias con lo que se fija desde Nación?

-En Argentina las provincias son las titulares del dominio originario de los recursos naturales. Esto está fijado así por la Constitución y significa en los hechos que tienen un rol central en todo lo que es referente a la administración, el otorgamiento de concesiones, el control ambiental y la construcción de la licencia social. Por otro lado, el rol de la Nación es fijar un marco general, definir la política económica, el régimen fiscal y las condiciones macro que terminan siendo determinantes para la inversión. Obviamente, también intervienen todos los aspectos vinculados al comercio exterior, a las relaciones internacionales. Teniendo en claro esto, cuando hay un alineamiento entre Nación y provincias, el sistema funciona mejor porque se combinan las reglas claras a nivel macro con una gestión territorial que sea efectiva. Y cuando la coordinación falla obviamente va a haber superposiciones, incertidumbres, señales contradictorias. Por eso, uno de los grandes desafíos es fortalecer estos esquemas de gobernanza federal, como las mesas interjurisdiccionales, los espacios de desarrollo común, como ahora han surgido las mesas de litio, del cobre o los acuerdos de políticas comunes, centrales para ordenar el desarrollo del sector y mostrar una visión estratégica a nivel nacional que es muy importante para el posicionamiento a nivel internacional.

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Nueva Ley de Inversiones Mineras: el modelo actual y el debate que viene

-¿Es necesario un cambio de fondo o una reelaboración de la Ley de inversiones Mineras en Argentina, más allá de los parches que se pudieron realizar desde 1993?

-La ley de inversiones mineras de 1993 fue en su momento una herramienta súper potente: dio previsibilidad, estableció la estabilidad fiscal, generó condiciones para el desarrollo inicial del sector minero en Argentina. Junto con la reforma constitucional de 1994 estructuraron el modelo minero que todavía tenemos hoy. Obviamente con los años el contexto cambió muchísimo, no solo porque hay ciertas disposiciones de la ley que no fueron cumplidas, sino que además la evolución de la minería está atravesada por nuevas demandas de la transición energética, estándares ambientales más exigentes, mayor participación social y hay una competencia global por la minería, por las inversiones que antes quizás no estaban en el centro de escena en los ’90 y eso nos lleva a una discusión que está hoy latente sobre la necesidad de actualizar integralmente el régimen.

-¿Se está trabajando alguna reforma en ese sentido?

-Lo que se ve en la práctica no es la necesidad de una nueva ley de fondo, sino un proceso de adaptación progresiva. Por eso tenés el RIGI que es un régimen complementario para grandes inversiones y desde el Ejecutivo Nacional se van elaborando nuevas reglamentaciones de la ley vigente, como la ley de inversiones mineras, para simplificarla, desburocratizarla, corregir otros problemas de implementación que van apuntando a hacer más ágil y más previsible el régimen sin necesidad de reemplazarlo completamente. O sea, hay un margen para una actualización más profunda, para adaptarla a los desafíos actuales, pero la estrategia que veo que se está haciendo es más incremental que disruptiva y esto tiene una lógica porque el marco existente es conocido por los inversores y los cambios abruptos generan incertidumbre transitoria y eso puede ser a veces más costoso que los problemas que busca resolver. Probablemente en los próximos años discutamos si hace falta sostener este esquema histórico con ajustes o avanzar a un rediseño más integral de la normativa. Es probable que sea un debate para las próximas décadas, pero considero que en la actualidad el esquema está funcionando con los ajustes progresivos.

-¿Tiene la Argentina la capacidad de competir en volumen con un país exportador de minerales como Chile al que habitualmente se toma de ejemplo?

-Siendo sincera, en el corto plazo, no. Chile tiene una industria minera mucho más madura, especialmente en cobre, con décadas de inversión sostenida, infraestructura y un entramado institucional super consolidado, y eso le permite operar a una escala que Argentina todavía no tiene. Lo que no significa que Argentina no pueda acercarse en el mediano y largo plazo. Como siempre se dice, nuestro país tiene un potencial geológico muy significativo, compartimos la cordillera de los Andes con Chile, y el potencial está subdesarrollado en términos de cobre. Tenemos muchos proyectos de clase mundial que están en etapas de avanzadas de desarrollo y que si pueden ponerse en producción, cambiarían sustancialmente el volumen de producción y exportación de Argentina. Y además el litio, Argentina está mejor posicionada en términos relativo. Somos el quinto exportador, productor de litio a nivel mundial, entonces ahí la competencia con Chile es más directa, aunque también es complementaria en algunos aspectos. Pero hay que entender que Chile construyó su liderazgo a lo largo de décadas. Argentina está en una etapa más incipiente, puede hacer ese recorrido si sostiene una política minera coherente en el tiempo, y podemos aprender de los errores y aciertos del modelo chileno para construir un perfil propio, con integración de cadenas valor y un desarrollo regional equilibrado. Estamos bien encaminados.

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Ley de Glaciares: cómo puede impactar en la producción minera y por qué no contradice al ambiente

-¿Cuánto puede ayudar la modificación de la Ley de Glaciares al incentivo?

-Es un tema que generó mucho debate y creo que es sano que se discuta, pero que también merece ser analizado con mucha precisión y tomando como base la evidencia científica y la experiencia de más de quince años de vigencia de la ley. La modificación aporta mayor claridad y resuelve cuestiones de aplicabilidad que estuvieron latentes de las primeras discusiones de la ley en 2008, y también durante la sanción en el 2010. Hay cuestiones que se marcaron en esos momentos que nunca fueron resueltas, y esta ley busca resolverlas.

-En las audiencias se multiplicaron las voces de quienes lo ven como un riesgo en el equilibrio con las políticas ambientales...

-Es importante decir que no está en discusión debilitar la protección de los glaciares, al contrario, se trata de clarificar definiciones técnicas que hoy generan incertidumbre regulatoria tanto para los inversores como para las propias autoridades mineras y ambientales de las provincias. El ambiente periglaciar tiene una distinción ambigua que lleva a lecturas contradictorias en la ley vigente y que en la práctica generó conflictos interpretativos, parálisis en proyectos que podrían desarrollarse con plenas garantías ambientales sin afectar el recurso hídrico. Entonces, yo creo que la clarificación bien diseñada tiene un efecto doble positivo: por un lado te reduce la incertidumbre regulatoria, que frena el desarrollo de proyectos, y por otro, fortalece la propia ley porque la hace aplicable y menos sujeta a interpretaciones contradictorias.

-La clasificación de las zonas, en caso de que se apruebe tal como se votó en el Senado, quedará en manos de las provincias en línea con la propiedad originaria...

-Las provincias tienen la capacidad y la responsabilidad de llevar adelante los estudios que permiten hacer efectiva la protección territorial. Son los cuadros técnicos de las provincias los que están en los territorios, los que conocen y evalúan cada uno de los proyectos, eso sucede hoy. Y poner en duda la capacidad de las provincias para llevar adelante estas tareas de control es desconocer por completo la labor diaria que llevan adelante. Cuando las provincias completan ese trabajo con rigor científico, no solo cumplen la ley, sino que también generan certeza necesaria para que los proyectos puedan avanzar, porque te permite delimitar con claridad qué área hace falta proteger. Es importante que la gente entienda que las evaluaciones de impacto ambiental de cada uno de los proyectos mineros son extremadamente rigurosas y toman años. Hay que confiar en las capacidades técnicas de las provincias. Una modificación que ordene y clarifique es una mejor política ambiental y un incentivo genuino para una inversión responsable que una legislación ambigua que paralice

La secretaria de Minería de la Nación, Fernanda Ávila, aseguró que "La Argentina exportó el año pasado US$ 3800 millones provenientes de la minería".

-Cuando se habla de litio, hay diferencias en las estrategias que siguen las provincias, ¿funcionó como una competencia interna a la hora de atraer inversiones?

-Más que competencia, en los últimos años, se ha visto una sana cooperación entre las provincias. Obviamente que existen matices en las estrategias provinciales, pero no hay que olvidarnos que hay un marco normativo nacional que aporta cierta uniformidad. Entonces, las diferencias entre las estrategias son relativamente bajas. Y, de hecho, hay más una evolución a converger que a diferenciarnos. Esto se vio claramente en algunos esquemas que han surgido en el último tiempo, como la mesa de litio, donde lo que se busca es alinear criterios y compartir la información para tener un desarrollo ordenado con una visión común como región.

-¿Cómo va a incidir la creación de la Secretaría Ejecutiva en el ámbito de la Mesa del Litio?

-La creación de la Mesa del Litio marcó un punto de inflexión en términos de gobernanza minera, al punto tal que luego esta experiencia fue replicada con la creación de la Mesa del Cobre. O sea, como te decía recién, pasamos de una lógica más fragmentada, donde cada provincia avanza por su cuenta, a un esquema de coordinación de política entre provincias. Permite ordenar criterios, intercambiar información, construir una posición común frente a actores internacionales, y hoy tenemos un mercado cada vez más competitivo. Entonces tener cierta coherencia en clave de bloque como región del litio, fortalece el poder de negociación y mejora la previsibilidad de los inversores.

-¿Qué objetivo se plantean hacia adelante en 2026?

-Hacia adelante el desafío va a ser profundizar la coordinación y avanzar en varios ejes con el apoyo de diferentes organismos nacionales, del Gobierno Nacional y de organismos multilaterales. Entre ellos está la armonización de los marcos regulatorios y fiscales y trabajar en conjunto una estrategia ligada a la infraestructura, que te mencionaba previamente como uno de los de los grandes desafíos de la minería en Argentina. También es muy importante avanzar en la agenda del desarrollo vinculado a la formación de proveedores y la capacitación de recursos humanos. En resumen, creo que la Mesa de Litio no elimina las particularidades provinciales, pero sí te permite alinear estrategias y proyectar una visión más integrada hacia el mundo.