

La Embajada Británica en la Argentina no se quedó atrás y se vistió de fiesta para celebrar la boda real de William y Kate al mejor estilo protocolar. A partir del mediodía, la diplomática en Buenos Aires, Shan Morgan, recibió uno por uno a sus invitados en la Residencia de Recoleta, a quienes agasajó con un almuerzo majestuoso en uno de los salones principales de la casona decorado para la ocasión y donde se vivió una verdadera fiesta.
"Estamos apostando a los nuevos jóvenes, a los emprendedores, tenemos una mirada hacia el futuro", fueron las palabras de bienvenida de Morgan. Como los novios pidieron que en vez de que se les envíe regalos, se done ese dinero a organizaciones de caridad. El deseo no fue la excepción en Buenos Aires: se organizó el evento a beneficio de la Fundación Impulsar, una ONG que brinda capacitación, apoyo económico y mentoría empresarial a jóvenes emprendedores de escasos recursos para el establecimiento y manejo de sus propios negocios.
Justamente por el vínculo con la Fundación se explica que entre los 90 comensales la mayoría eran pertenecientes al mundo empresario. Hubo apenas tres delegados diplomáticos (estuvieron presentes los embajadores de Estados Unidos, Sudáfrica y Australia) y nula presencia del clan político nacional: ni oficialismo ni oposición. Sí, algunas figuras de la cultura como el escritor Federico Andahazi. "William y Kate tampoco invitaron ni Nicolás Sarkozy ni a Barack Obama", se murmuraba entre los invitados.
"Por suerte el acto de Moyano no perturbó ni trajo inconvenientes, a pesar del caos de tránsito en el microcentro poteño", se escuchó decir en alguna de las mesas de la recepción. Pero no mucho más, ya que la ceremonia real se apoderó de las conversaciones: incluso se podía disfrutar la transmisión de la boda, gracias a varias pantallas distribuidas en el salón mientras se desgustaba texturas de mar, seguido de lomo a la Wellington con caviar de berenjenas.
Cuando los invitados terminaban con el bavaroís de whisky y avellanas con corazón y crema de gianduja, justo a las 15.15, la embajadora dio sus palabras de cierre agradeciendo la presencia de todos y pidió un brindis por los flamantes esposos.
¿Y la torta? Claro que tampoco faltó en la casona de Buenos Aires una hermosa torta de casamiento, pero que a diferencia de lo que sucedió en las boda real no se cortó ni comió. Es que la embajadora optó por seguir los festivos reales en Villa Devoto y compartir la torta allí con los abuelos de un hogar de ancianos de la comunidad británica. Eso sí, el souvenir era una mini tortita de bodas.










