Apenas anunciada la renacionalización de YPF, el Gobierno intentó sembrar la idea que la noticia era recibida con tanto beneplácito por el establishment petrolero que, en palabras del ministro de Julio de Vido al Congreso, muchas empresas internacionales ya han demostrado en estas pocas horas su interés para venir a conversar con nosotros y poner en valor estos recursos (de YPF). La idea detrás de estos anuncios era que si el mundo occidental y cristiano, presionado por España y los EE.UU. no apoyaban a la Argentina, China lo haría. Trascendió la posibilidad de Petrochemical Corp. (SINOPEC), que había manifestado su intención de invertir u$s 10.000 millones en la nueva YPF. Pero tan rápido como surgió, la burbuja se pinchó. Hace meses que SINOPEC venía conversando para adquirir las acciones de la española en u$s 15.000 millones (la gente de Repsol afirma tener documentación probatoria que usará en su reclamo ante el CIADI), por lo que es una de las grandes perdedoras con la nacionalización,
pero aún mas importante, es socia de Repsol en Brasil (en 2010 compro el 40% de las acciones en u$s 7.000 millones) y difícilmente estará dispuesta a enemistarse con su principal socio en Latinoamérica.

La otra petrolera china

Comenzó entonces a hablarse que CNOOC (China National Offshore Oil Company) sería, por mediación de su asociada Bridas, quien pondría los u$s 10.000 millones que decía el oficialismo. El problema es que si bien es la más flexible de las tres grandes petroleras chinas, no tiene nada que ver con el shale oil (es una especialista Offshore), aun no terminó de digerir el reciente fracaso de la oferta de compra del 60% de Pan American Energy (que pertenece a British Petroleum, la operación por u$s 7.000 millones la bloqueó el gobierno argentino) y en definitiva quien decide qué empresa China pone cuánto y en dónde es la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), que nunca ha autorizado grandes inversiones en países que no tengan excedentes petroleros (el objetivo de la política petrolera externa de China no es ganar dinero sino asegurarse la provisión de crudo). Para peor, aportando u$s 10.000 millones CNOOC pasaría a ser la mayor petrolera de la Argentina, lo que no caería muy bien con la actual ola nacionalista.
Ante el fracaso de la línea china y tal vez reconociendo que los únicos con capacidad tecnológica para extraer shale oil son Exxon, Shell y una terna de empresas canadienses en las últimas horas el gran aliado del Gobierno pasó a ser Exxon, la mayor petrolera cotizante del mundo. Irónicamente, Exxon es la heredera directa de la infame Standard Oil, con la cual en abril de 1954 Juan Domingo Perón firmó un contrato de explotación en Santa Cruz, que no fue refrendado por el Congreso, disparando el comienzo del fin de su presidencia.

Nuevas inversiones

Esta semana el Gobierno anunciaría un paquete de nuevas inversiones petroleras, básicamente para explorar y explotar la región de Vaca Muerta, que de nuevas prometen no tener mucho. Hace varios meses la vieja YPF y Exxon celebraron un acuerdo de exploración, con un pozo en Loma de Molle y otro perforándose en Pampa de las Yeguas Bloque I. Ante lo que algunos definen como presiones del Ministerio de Planificación, esta noticia que podría haber beneficiado a Repsol, fue débilmente desmentida en marzo (Exxon no la negó ni la confirmó) y los contratos no llegaron a firmarse. A esto podemos sumar los demorados anuncios de explotación para las concesiones que tiene Exxon con Américas Petrogas en Los Toldos y Yerba Buena (donde hay 4 pozos), las que tiene con Gas & Petróleo e Ingeniería Sima en La Invernada y Bajo de Coique, etc. Todas estas concesiones significan la inversión de no menos de u$s 6.000 millones por Exxon, monto que con Repsol fuera del escenario debería/podría duplicarse.
Sumemos algún anuncio de Bridas/CNOOC (por ejemplo, la demorada oficialización del precio de las refinerías y unas 720 estaciones de servicio en la Argentina, Paraguay y Uruguay que le está vendiendo Exxon, en más de u$s 700 millones), lo que ya tiene comprometido YPF más dividendos (unos u$s 3000 millones), tal vez algo de la francesa Total y alguna petrolera china y rápidamente llegamos a u$s 15.000 millones de viejas/nuevas inversiones, que coincidirían con el paquete que esta semana anunciaría el Gobierno. Por supuesto que siempre cabe la posibilidad de una sorpresa, pero la verdad es que nadie en su sano juicio decide invertir algunos miles de millones de dólares en un par de días.

Monto

Es cierto que este monto está muy lejos está lejos de los u$s 250.000 millones que se necesitarían para desarrollar los yacimientos de Vaca Muerte en los próximos 10 años, pero igual sería un número muy atractivo que equivale a casi toda la inversión internacional directa que recibió el país en los últimos tres años. Lamentablemente el tener petróleo, incluso petróleo abundante y barato que no es el caso no garantiza que las promesas vayan a cumplirse. La experiencia venezolana debe ser un buen ejemplo (vale para el argumento que al final la plata manda y las petroleras van a venir): el país precisa por año u$s 25.000 millones en nuevas inversiones para mantener su poderío petrolero. El año pasado sólo recibió u$s 2.000 millones, apenas 5% de lo que necesario. Ojalá no corramos igual suerte.