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En la comparación entre el comienzo de 2024 y fines de 2025 hay una baja “pronunciada” en la pobreza y en menor medida en la indigencia. Pero la participación de los chicos en la pobreza sigue siendo mayor de lo que marca el índice general.
La pobreza infantil alcanza al 42,3% de la población contra el 28,2% de la medición general. Son 5,1 millones de chicos, si bien en el último año, más de un millón salió de la pobreza.
Gobierno y FMI celebraron la baja de la pobreza a fines de 2025. Pero la mala noticia es que con los números del primer semestre de 2026, el indicador aumentaría 44,4% en la infancia y al 30,2% la pobreza general por el recalentamiento de la inflación. Unicef Argentina define ese escenario como una muestra de la “fragilidad” de esta realidad, que tiene un núcleo duro de pobreza que llega al 25% de los chicos.
En el caso de la indigencia, en la niñez llega al 9,4% contra el 6,3% de la población en general. “Hay una sobrerrepresentación de la niñez en la pobreza monetaria”, planteó Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social y Monitoreo de Unicef Argentina.
Fuente: Unicef
La indigencia pasaría al 10,4% en los chicos y al 7,2% para la población general según las estimaciones para el primer semestre de 2026, también por el impacto de la suba de precios.
La pobreza se mide en el país en términos monetarios, por lo que el impacto en la reducción está atado a la baja de la inflación.
Pese a la mejora de las cifras, hay disparidades en la situación dentro de la pobreza, explicó el analista. Tener trabajo, además, no garantiza la salida de pobreza incluso cuando se trata de un empleo formal.
Hay un 21,5% de pobreza infantil “en hogares liderados por asalariados formales”, plantea el estudio de Unicef.
Cuando los ingresos dependen de las mujeres, hay un mayor porcentaje de pobreza para los chicos y chicas: llega hasta el 52% mientrs que cuando el jefe de familia es un varón, es del 37%. Esto se explica por las brechas de ingreso pero también por las políticas de cuidado.
Cuánto impactó la AUH
Los mecanismos de ingresos permitieron sostener el nivel de pobreza infantil, que podría haber sido 6 puntos mayor sin las transferencias como la asignación universal por hijo (AUH), una de las pocas partidas sociales donde el Gobierno no aplicó la motosierra.
“Hay que generar mecanismos de movilidad automática para todas las prestaciones de ingresos y no sólo a la prestación alimentaria”, planteó Waisgrais.
El Presupuesto nacional para niñez se reorientó a la política de ingresos pero bajó la proporción del presupuesto educativo en Nación, explicó por su parte Julia Frenkel, especialista en las áreas de Finanzas Públicas para la Niñez.
“Entre 2024 y 2025 hubo un ajuste de 5,4% del PBI de las políticas para niñez. Para 2026 se proyecta un ajuste de 1,9%/PBI”, detalló la economista. Las estimaciones para el resto del año hablan de un recorte del 16% si no se actualizan las partidas. “El Presupuesto de 2026 se hizo con proyecciones de inflación que quedaron muy bajas, de 10,1% para este año”.
Las políticas con actualización automáticos tuvieron un aumento del 4% en 2025 mientras que la prestación alimentar se redujo un 15% en términos reales porque no tiene esa actualización automática. “Se espera que los créditos vigentes se adecúen”, planteó Frenkel sobre los aumentos que deberían tener estos componentes en el año. Es uno de los sectores donde el Fondo Monetario Internacional (FMI) plantea una salvaguarda frente a la motosierra: “sostener la protección de los más vulnerables”.
“Hay partidas con baja ejecución hasta el momento para políticas asociadas a niñez como salud y educación”, alertó Frenkel.
La pobreza multidimensional
Unicef hace un ejercicio para tratar de medir la pobreza fuera de lo monetario, sin que esté vinculado a los saltos inflacionarios. En ese marco, se mide la pobreza “multidimensional”, según otro tipo de privaciones.
En ese marco, se plantea un estancamiento desde 2020. “Estos factores no tienen los ciclos asociados a lo macroeconómico”, indicó Waisgrais sobre la medición que analiza el acceso a la salud, nutrición, educación y protección de derechos.
Cuatro de cada 10 chicos tiene al menos una privación no monetaria. “La pregunta es si la reducción no debería ser más contundente”, consideró Waisgrais.
En el análisis del Presupuesto 2026, Frenkel plantea que se ven reducciones en estos cuatro puntos de garantía de acceso a derechos, salvo en Salud donde impactó a favor una compra de vacunas.
El núcleo duro de la pobreza
Al cruzar la situación monetaria con las otras privaciones vinculadas a drechos, se plantea que hay un 40% que no es pobre ni está privado de derechos, pero hay un 25% que tiene las dos: es pobre por ingresos y le falta el acceso a alguno de los derechos, lo que implica “una pobreza estructural que requiere una atención más significativa”.
El 75% de los hogares con niños usaron formas de ayuda, endeudamiento o venta de pertenencias para enfrentar los gastos cotidianos: tres de cada cuatro hogares. “No estamos viendo los datos de la mora, sino sólo las estrategias”, aclaró Waisgrais.
Las alertas para la pobreza infantil en Argentina
Rafael Ramírez Mesec, el representante de Unicef Argentina dejó un resumen de la situación: bajó la cantidad de chicos en la pobreza pero el escenario es frágil. “Las transferencias siguen jugando un rol clave. Estamos, esperemos, al final del proceso de ajuste. Y es importante que mantengan el nivel de protección con la movilidad automática, que ayuda cuando la inflación es más alta de lo esperada”, agregó.
“La fragilidad muestra que después de tres semestres a la baja hay una posibilidad de que suba la pobreza”. Esa reversión puede darse en parte porque el poder de protección de las ayudas perdió terreno frente a la inflación, agregó Ramírez Mesec a modo de alerta.
Las privatizaciones no monetarias también marca una restricción pero preocupa la “estabilidad” porque son temas “que hay que abordarlos. Es lo que va a dar sustento a cualquier reducción de pobreza”.
“Le tocaría al país hacer una encuesta de condiciones de vida”, agregó por otra parte el representante de Unicef en Argentina.
La ejecución del Presupuesto baja es otra de las áreas de alerta que planteó el organismo que depende de Naciones Unidas. El 60% gasto en salud y educación también depende de las provincias y el desafío es analizar qué pasa con esa cobertura, reconoció Ramírez Mesec. Ese impacto también enfrenta el contexto de caída de transferencias a las provincias.
El funcionario del organismo indicó que hay un diálogo constante con el Gobierno. Consultados por El Cronista sobre la ejecución del financiamiento internacional al que accede la Argentina desde el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la CAF, Ramírez explicó que se trabaja con el Gobierno para seguir “la pertinencia de los créditos y cómo se puede apoyar para que no haya subejecución de esos números”.
Con CAF también hay una alianza a nivel regional, Banco Futuro, que es una iniciativa para que haya financiamiento enfocado, con un lente en niñez. “Hablamos con las provincias directamente para ver cómo buscar formas innovadoras de buscar financiamiento”, explicó Ramírez.