Pocas expresiones han sido más debatidas como la del llamado “efecto derrame”. Para unos, representa la capacidad del crecimiento privado de irradiar bienestar. Para otros, una promesa incumplida.
La controversia incluso salió del terreno estrictamente económico. En 2023 se viralizó un antiguo video televisivo en el que el actor Hugo Arana, fallecido en 2020, cuestionaba con dureza la llamada teoría del derrame y la definía como “una humillación”. Javier Milei entro al debate desde redes sociales, incluso sin reivindicar el concepto: “Para despejar la ignorancia de los que repiten esta brutalidad, les cuento que en el capitalismo de libre empresa los intercambios son voluntarios, por lo que si existiera el derrame, sería en favor de las dos partes que deciden hacer la transacción”.
La expresión tampoco nació en la Argentina. Proviene del inglés trickle-down economics, una fórmula popularizada en Estados Unidos durante los años ’80 para criticar políticas asociadas a rebajas impositivas y desregulación bajo la presidencia de Ronald Reagan. La idea remitía a que los beneficios obtenidos en la cima de la pirámide económica terminarían “derramando” hacia el resto de la sociedad vía inversión, empleo y consumo. Con el tiempo, el término se volvió más político que académico y quedó instalado, muchas veces en tono crítico, en el debate.
Ahora el término reaparece, pero en otro terreno: el mercado laboral.
Un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de Fundación Mediterránea, analizó la evolución del empleo privado registrado en las provincias y concluyó que el derrame existe, pero no es generalizado. El título del trabajo lo resume así: “Empleo provincial: crecimiento focalizado, derrame limitado”.
Un país partido en materia laboral
El estudio sostiene que, entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, el empleo privado registrado cayó 2,7% a nivel nacional. Sin embargo, ese promedio ocultó realidades muy distintas entre provincias.
Mientras un grupo reducido logró expandir puestos de trabajo, la mayoría mostró retrocesos de distinta magnitud, en línea con una economía que atravesó una fase de ajuste.
Según el informe, las provincias con mejor desempeño relativo fueron aquellas vinculadas a tres grandes motores productivos: Vaca Muerta en Neuquén, la minería en San Juan, Salta y Jujuy, y el complejo agropampeano.
En cambio, presentaron una performance más débil otras jurisdicciones petroleras tradicionales, como Santa Cruz y Chubut, y varias economías con mayor dependencia de transferencias nacionales, especialmente en el norte del país.
La radiografía provincial del IERAL se conoce pocas semanas después de que el INDEC informara una suba de la desocupación al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, con aumentos tanto frente al trimestre previo como en la comparación interanual. Ese dato nacional mostró un deterioro agregado del mercado laboral. El informe del IERAL agrega ahora una segunda capa de análisis: detrás del promedio convivieron realidades regionales muy distintas, con provincias que expandieron empleo y otras que profundizaron la contracción.
Neuquén, el caso más claro de derrame
Entre todas las jurisdicciones, Neuquén aparece como el ejemplo más nítido de expansión más generalizada.
El impulso de Vaca Muerta no sólo sostiene empleo en la actividad petrolera, sino que también muestra efectos positivos en otros rubros. Allí sí se verifica, según el trabajo, una dinámica más cercana al “efecto derrame”.
El fenómeno responde a una combinación de inversiones, encadenamientos productivos y demanda asociada al desarrollo energético.
No ocurre lo mismo en la mayoría de las provincias donde hay sectores dinámicos, pero sin capacidad de traccionar al resto del entramado económico local.
Construcción y servicios, los más golpeados
El informe identifica a la construcción como el sector más sensible al ciclo económico y al ajuste fiscal.
Las provincias más afectadas fueron aquellas con mayor dependencia de la obra pública y de fondos nacionales. La reducción de la inversión estatal impactó de manera directa sobre la actividad y el empleo.
“El sector funciona como un termómetro adelantado del ciclo”, señala el trabajo, que agregó que una mejora macroeconómica futura podría convertirlo también en uno de los primeros rubros en recuperarse.
En servicios también predominó una tendencia contractiva, aunque con matices. El comercio mostró comportamientos mixtos: creció en aproximadamente la mitad de las provincias y cayó en la otra mitad.
Ganadores puntuales en bienes y recursos naturales
La lógica de ganadores sectoriales con impacto geográfico desigual ya había aparecido en otro informe reciente de la misma entidad, sobre el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Allí se señalaba que regiones como Cuyo, el NOA, la Patagonia y parte de la zona núcleo podrían capturar mayores beneficios por su perfil exportador, mientras polos industriales más orientados al mercado interno enfrentarían tensiones competitivas. El nuevo estudio traslada esa misma discusión al empleo actual: no todas las provincias participan del mismo modo de los motores productivos en marcha.
En los sectores productores de bienes también prevalecieron bajas generalizadas, especialmente en industria, aunque con excepciones ligadas a ventajas comparativas específicas.
Neuquén y San Juan mostraron mejoras vinculadas a la minería. Tucumán se destacó por el agro y Río Negro por la industria. Jujuy y Formosa también exhibieron crecimiento en empleo agropecuario.
En paralelo, el informe marca la pérdida de impulso petrolero en provincias basadas en extracción convencional, como Chubut y Santa Cruz.
El derrame no es automático
La principal conclusión del trabajo es que el crecimiento sectorial no garantiza por sí mismo mejoras amplias en el empleo.
“Para que los sectores dinámicos generen empleo en el resto de la economía, se requiere un entorno que favorezca los encadenamientos productivos”, señaló el IERAL.
Es decir, el derrame no aparece de forma espontánea. Depende de infraestructura, proveedores locales, capital humano, reglas estables y condiciones macroeconómicas favorables.
En ausencia de esos factores, el crecimiento tiende a concentrarse en actividades específicas, con impactos más acotados sobre el empleo total.
Un mapa laboral cada vez más desigual
El informe describe una divergencia creciente entre sectores transables —ligados a exportaciones o generación de divisas— y no transables, más dependientes del mercado interno y del gasto público.
En ese marco, shale oil, minería y agro mostraron mayor capacidad para sostener o generar empleo. Construcción y buena parte de los servicios quedaron más expuestos a la debilidad interna.
La foto final mostró una economía con oportunidades selectivas y una geografía laboral cada vez más fragmentada.
Mientras algunas provincias aprovecharon los nuevos motores productivos, otras siguen esperando que el derrame llegue.