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Aunque la producción se triplicó en 30 años, la presión fiscal y el déficit de infraestructura actúan como un freno de mano para el campo argentino que podría crecer un 90% en la próxima década.

Según estimaciones recientes, la cosecha fina 2025/26 alcanzará un récord de 27,7 millones de toneladas, aportando más de u$s 4500 millones. Sumado a una cosecha gruesa proyectada en 154 millones de toneladas, el sector ingresaría divisas por hasta u$s 37.000 millones.

Sin embargo, un informe del IAE y la Universidad Austral alertan sobre una realidad preocupante: el sector opera bajo condiciones de “inferioridad” frente a sus competidores globales debido a una lógica extractivista y un abandono crítico de la infraestructura básica.

En las últimas tres décadas, el agro argentino logró una proeza tecnológica: triplicó su producción duplicando apenas el área sembrada, explica el documento.

Este salto de eficiencia no fue casualidad, sino el resultado de un ecosistema que adoptó desde biotecnología y blockchain hasta agricultura de precisión y drones.

“Argentina cuenta con una base productiva agroindustrial extraordinaria, pero su potencial está condicionado por factores macroeconómicos que limitan la inversión y el crecimiento”, explicó Guillermo D’Andrea, profesor del IAE Business School.

Hoy, Argentina es el tercer exportador mundial de alimentos, llegando a 160 países.

El sector agroindustrial no solo aporta el 23% del PBI, sino que genera el 60% de las exportaciones totales y emplea a 4,2 millones de personas (18,7% del empleo total).

Sin embargo, con alivio fiscal y mejores condiciones podría pasar a representar el 45% del PBI, lo que significa no sólo mayor ingreso de divisas sino que permitiría financiar la reconstrucción integral de la red vial en apenas tres años.

Frenos al desarrollo

A pesar de su resiliencia, el informe identifica tres factores críticos que limitan el potencial del campo:

Presión Fiscal Extrema: Mientras competidores como la UE o EE.UU. subsidian a sus productores, en Argentina la presión sobre la renta agrícola ronda el 55,5%, trepando al 63,6% en cultivos clave como la soja y el maíz. El Estado ha extraído recursos equivalentes al 1,6% del PBI anual entre 1997 y 2023.

Fuente: Shutterstock
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Infraestructura en Ruinas: El 90% del transporte se realiza por camión, pero el 62% de la red vial son caminos municipales sin pavimentar. De las rutas nacionales, solo el 8% son autopistas. Resulta paradójico: el sector aportó más de u$s 28.000 millones en tributos en 2023, pero mantener toda la red vial costaría apenas el 17% de ese aporte anual.

Atraso Tecnológico en Maquinaria: El capital es escaso. El 73% de los tractores tiene más de 15 años, lo que implica un bache tecnológico severo. Esto explica por qué la productividad en Argentina cayó un 6% en los últimos 20 años, mientras que en Brasil —con mejores condiciones de inversión— creció un 45%.

El potencial dormido

El futuro, no obstante, es optimista si se cambian las reglas del juego. El índice AgBarometer de la Universidad Austral revela que el 80% de los productores está dispuesto a modernizarse si mejora la rentabilidad.

Un estudio conjunto de la Bolsa de Rosario y Agmemod indica que, si se eliminan las retenciones y se mejora la infraestructura y el acceso a tecnología, el agro podría crecer un 90% en diez años, alcanzando las 251 millones de toneladas.

“La presión fiscal actual reduce fuertemente los incentivos a invertir y adoptar tecnología en el agro. Corregir ese esquema impositivo es clave para liberar el potencial productivo del sector”, explicó Daniel Mamone, investigador del IAE Business School.

“Eliminando las retenciones y mejorando infraestructura y adopción tecnológica, el agro podría convertirse en el principal motor estructural del crecimiento argentino”, agregó Bernardo Piazzardi, investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

“Si se corrigen los déficits de infraestructura y se incentiva la inversión tecnológica, el agro puede convertirse en un vector central de crecimiento para toda la economía”, coincidió Ernesto Ruete Güemes, investigador del IAE Business School.

La clave no es sólo sectorial sino macroeconómica. “Reemplazar la lógica extractiva por una estrategia de inversión y productividad permitiría transformar al agro en el eje estructural del crecimiento argentino”, concluye Piazzardi.