El FMI volvió a meterse en el debate sobre cómo administrar la industria en economías abiertas. El nuevo análisis del organismo sostiene que la política industrial puede elevar la productividad, pero solo bajo condiciones estrictas de diseño y ejecución.
El punto resulta sensible en Argentina, donde la apertura de la economía y el aumento de las importaciones avanza como ancla antiinflacionaria y ordenamiento de precios relativos, mientras el sector fabril recalcula su lugar en un mercado más competitivo.
El trabajo del organismo señala que los apoyos estatales generan mejoras acotadas —alrededor de 0,5% en valor agregado y 0,3% en productividad a tres años— frente a tasas habituales mucho más altas en la muestra analizada.
El FMI aclara que esa brecha expresa un problema de base: cuando el estímulo se dirige a pocos rubros, otros pierden participación y el efecto agregado se diluye. La ganancia neta aparece solo en industrias capaces de escalar producción y sostener el aprendizaje sin deteriorar precios.
La advertencia llega en un momento de transición local. La apertura ya repercute en ramas sensibles, desde bienes finales hasta insumos difundidos, y obliga a revisar el rol del Estado. Así lo sostiene en su blog con base en el capítulo “Política industrial: gestión de compensaciones para promover el crecimiento y la resiliencia” del último World Economic Outlook.
Según el análisis, el dilema no pasa por “abrir” o “proteger”, sino por identificar qué segmentos cuentan con potencial dinámico real y cuáles quedarían atrapados en subsidios que erosionan recursos fiscales y desvían factores desde sectores más productivos. “Los beneficios no están garantizados y dependen del diseño y la implementación”, subraya el texto, con énfasis en la necesidad de mecanismos de evaluación continua.
El Fondo agrega que cualquier decisión debe leerse en clave macro. En un contexto de restricciones externas, más gasto sectorial puede tensionar reservas; si la ayuda no se alinea con mejoras verificables de productividad, el resultado es un aumento del riesgo macro y una menor eficiencia en la asignación de recursos. El giro aperturista, por su parte, acelera la selección de sectores: los que no puedan sostener escala y competitividad enfrentarán presiones crecientes, incluso con apoyo estatal.
Las 4 condiciones para la ayuda estatal a la industria según el FMI
Para el Gobierno, el informe actúa como un set de condiciones mínimas: “diagnósticos sectoriales con evidencia, transparencia en la asignación de recursos, revisiones periódicas y un horizonte de salida explícito”.
El secretario de Comercio, Pablo Lavigne, indicó en más de una oportunidad en diálogo con la industria que “no hay política sectorial”. Sin embargo, ahora el Ejecutivo argentino está dando otras señales, por ejemplo, con la eliminación de retenciones al petróleo convencional en medio de las negociaciones con Gobernadores para conseguir apoyo en el Congreso para las reformas fiscal y laboral.
El próximo hito según el organismo con sede en Washington DC será la definición del esquema de aranceles y desregulaciones. De ese marco dependerá si la industria local se ajusta por compresión o logra, como plantea el FMI, un sendero de productividad que la sostenga en un entorno más abierto.