En esta noticia

Después de más de seis décadas de retroceso, y gracias al impulso de Vaca Muerta y los minerales, la Argentina comenzó a recuperar participación en el comercio mundial.

Un informe del analista y consultor en negocios internacionales Marcelo Elizondo sostiene que el crecimiento de estos actores junto con el agro y la economía del conocimiento podría llevar las exportaciones a casi u$s 180.000 millones anuales en la próxima década.

El documento refleja que, mientras otros países de la región ampliaban su presencia en los mercados globales, las exportaciones locales fueron reduciendo su participación hasta tocar un piso histórico en 2023, año marcado por el impacto de la sequía.

Esa tendencia comenzó a revertirse desde 2024, cuando el país logró una recuperación de la participación en el comercio global gracias al crecimiento de las exportaciones argentinas por encima del promedio mundial.

Los cuatro motores del nuevo ciclo

Elizondo atribuye este cambio de tendencia a una transformación de la oferta exportable argentina. A diferencia de otros períodos, el crecimiento ya no dependería exclusivamente del agro, sino de la convergencia de cuatro grandes sectores: agroindustria, energía, minería y economía del conocimiento.

Según el análisis, el agro continuará siendo el principal generador de divisas gracias al aumento de la productividad, mientras que Vaca Muerta aportará un fuerte crecimiento de las exportaciones energéticas a medida que entren en funcionamiento nuevos oleoductos y gasoductos.

A eso se sumará la maduración de los proyectos de litio y cobre impulsados por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), junto con una mayor participación de los servicios basados en el conocimiento.

Bajo ese escenario, el informe proyecta que las exportaciones argentinas podrían alcanzar u$s 105.150 millones en 2026 y crecer hasta u$s 179.945 millones en 2035, con una participación en el comercio mundial cercana al 0,55%.

El desafío pendiente

Pese al cambio de tendencia, el informe advierte que Argentina todavía mantiene una inserción internacional inferior a la de la mayoría de los países de la región. La relación entre exportaciones y PBI se ubica en torno al 15,6%, lejos de economías como México (39,6%), Chile (34,6%), Uruguay (29,1%) o incluso Brasil (17,8%).

Por eso, la recuperación reciente representa más un punto de inflexión que una meta alcanzada ya que el cambio de tendencia no despeja todos los interrogantes en torno al modelo económico del gobierno de Javier Milei.

Alerta sobre el cómo

Una de las incógnitas por resolver es si el boom exportador alcanzará para transformar la economía argentina o si profundizará la brecha entre los sectores “ganadores” y los que retroceden.

Es que el cambio de tendencia se inscribe en un modelo donde la economía crece “a dos velocidades”, lo que plantea riesgos. Si bien el agro, la energía, la minería y la economía del conocimiento aparecen como los motores del crecimiento exportador, buena parte de la industria y el comercio todavía muestran dificultades para recuperar actividad y empleo.

Además, el salto proyectado para 2035 depende de la concreción de inversiones en infraestructura energética y minera, mientras que la evolución de los precios internacionales de los commodities seguirá siendo un factor clave para sostener el crecimiento de las exportaciones.

Según el trabajo, la participación de las ventas externas de bienes pasó del 0,29% en 2023 al 0,37% en 2025 y podría alcanzar el 0,39% en 2026.

Si bien en términos absolutos la mejora todavía luce modesta, adquiere relevancia al compararse con el recorrido de las últimas décadas.

De acuerdo con el informe, Argentina pasó de representar el 0,81% de las exportaciones mundiales de bienes en 1960 a apenas el 0,29% en 2023, el nivel más bajo de toda la serie.