El último sondeo de la consultora Opina Argentina, realizado durante los primeros días de abril, reflejó un escenario de marcado desafío para el oficialismo en materia de percepción ciudadana.

El informe de expectativas, al que tuvo acceso El Cronista y que se hizo en base a 1313 casos, muestra un declive en el humor social, con indicadores que alcanzan sus registros más tensos desde el inicio de la actual gestión.

Sin embargo, en medio de este reacomodamiento general, el Gobierno logra sostener un ancla fundamental que contiene el nivel de incertidumbre en la calle.

En el plano de la economía cotidiana, el impacto del ordenamiento macroeconómico se hace sentir de manera directa en los bolsillos. Según el relevamiento nacional, el porcentaje de personas que manifiesta no llegar a fin de mes ascendió al 46%, experimentando un avance desde enero a esta parte.

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En la misma línea, al ser consultados sobre cómo imaginan su situación personal para los próximos meses, el 56% de los encuestados adopta una postura de cautela y pesimismo frente al corto plazo.

A pesar de las tensiones lógicas en el poder adquisitivo, el sondeo revela un dato alentador para el equipo económico: el temor a un salto brusco del dólar parece haberse disipado.

La calma cambiaria se consolida como el principal activo de la gestión, manteniendo bajo control las expectativas de devaluación. Actualmente, una sólida porción de los encuestados (37%) confía en que la divisa seguirá igual, lo que aporta un margen de previsibilidad clave en un área históricamente sensible.

Este escenario de estabilidad financiera coincide con una llamativa reconfiguración en el mapa de las demandas ciudadanas. Tras meses de liderar los sondeos, la inflación cedió terreno entre los reclamos más urgentes.

En abril, la preocupación por la corrupción experimentó un salto y se posicionó como el principal problema que el Gobierno debería solucionar (36%). Este giro en la opinión pública relega a la desocupación (29%) y a la propia dinámica de precios (14%) al segundo y tercer lugar.

Sobre la cuestión inflacionaria, el estudio muestra un panorama mixto que traza la hoja de ruta para los próximos meses. Si bien un 61% de los consultados mantiene la percepción de que los precios podrían seguir aumentando, el hecho de que la inflación haya dejado de ser el desvelo número uno sugiere que el sendero encarado por el Ejecutivo comienza a mostrar sus efectos, aunque la confianza total de la población en este proceso aún requiere maduración.

El gran desafío que se desprende del informe es la necesidad de tender un puente entre los logros de la macroeconomía y el bienestar en la micro.

Aunque un 60% de los encuestados atribuye la responsabilidad de las dificultades actuales a la administración en curso, un sólido 35% todavía focaliza la culpa de la crisis en la gestión anterior. La clave para el oficialismo radicará en lograr que el superávit y la calma cambiaria comiencen a traducirse paulatinamente en un alivio para la economía real.