

Con futuro incierto, el monumento a Cristóbal Colón ya lleva 56 días recostado sobre una tarima, en la plaza detrás de la Casa Rosada, por una insólita disputa entre el Gobierno nacional y el porteño.
Su nueva y triste imagen, sumada a la polémica desatada entre los gobiernos de Cristina Fernández y Mauricio Macri por su remoción e intento de traslado, atrae la mirada de turistas y curiosos, que suelen detenerse a diario para observar la inusual postura de Colón y a sacarle fotos. La estatua, donada por la comunidad italiana en la Argentina a la Ciudad con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo, fue inaugurada el 15 de junio de 1921 en el parque que, desde entonces, lleva su nombre y que se encuentra detrás de la Casa Rosada.
La casualidad o el destino hicieron que, apenas 14 días después de cumplir su 92º aniversario, la estatua dejara de mirar de frente al río y fuera recostada, con la mirada fija en el cielo, al ser removida por orden del Gobierno nacional, con el objetivo de trasladarlo a Mar del Plata. En el lugar vacío la Nación, prevé instalar un monumento a Juana Azurduy, mujer fundamental de la Revolución de Mayo, cuya estatua fue donada a la Argentina por el presidente de Bolivia, Evo Morales.
El gobierno porteño, en tanto, se opone a su traslado, junto a varias organizaciones, entre ellas, entidades de la colectividad italiana, quienes presentaron un amparo para evitar su envío a Mar del Plata o a cualquier otro lugar que no sea el actual.
Al removerla, el gobierno nacional adujo tareas de restauración. Como el monumento es un obsequio a Buenos Aires de la colectividad italiana, el gobierno porteño aduce que pertenece a la Ciudad y que, para trasladarlo, se debe contar con la autorización de la Dirección de Monumentos y Obras de Arte, que está bajo su órbita.
Para estar alerta a un eventual traslado, el Gobierno de Mauricio Macri estacionó una camioneta de la Dirección General de Inspección de Uso del Espacio Público en la entrada principal al Parque Colón, sobre la Avenida Rábida Sur, con una vigilancia constante, de 24 horas los siete días de la semana.
Los inspectores suelen dar vueltas por el parque para amenizar su monótona tarea, que en pocos días más cumplirá dos meses. Por eso, la camioneta se ve, en general, vacía. Y, según trascendió, lleva tantos días estacionada en el mismo lugar que se quedó sin batería.
Por lo pronto, la Justicia ordenó a mediados de junio, antes de la remoción de la estatua, suspender el traslado de Cristóbal Colón, al menos por 90 días, hasta que se resuelva la cuestión de fondo. Esto es, a quién pertenece el monumento, si a la Ciudad o a la Nación. La medida cautelar dio un respiro a las entidades italianas que buscaban evitar su traslado, pero vence el 12 de septiembre y hay incertidumbre sobre qué sucederá después de esa fecha.
Una de las entidades italianas, que impulsó el amparo, la Asociación Civil Basta de Demoler, prevé presentar otro pedido para ampliar la cautelar y recurrir incluso hasta la Corte Suprema si el fallo inicial es adverso.
Colón espera recostado, paciente pero sin paz, la definición de su destino, mientras los expertos advierten que, en esa posición, la estatua de 60 toneladas de piedra podría sufrir daños en su estructura.










