Vaca Muerta, la gran nueva fuente de divisas para la economía argentina, ha transitado la guerra entre Irán y los Estados Unidos viendo subir el precio del crudo y, desde hace algunas semanas, presenciando su desplome, que alcanzó el 38% entre abril y junio, la peor racha desde la pandemia de Covid-19.
Después de un salto cercano al 94% en el precio del Brent durante el primer trimestre, la distensión del conflicto en Medio Oriente empujó los precios de la energía a la baja, estacionándolos en una nueva franja que ronda los u$s 70-75 por barril.
Ese es el escenario en el que hoy toman decisiones las petroleras. Mientras el precio internacional corrige parte del salto provocado por la guerra, las compañías recalculan costos, retornos y plazos de inversión para determinar hasta qué punto esa baja modifica —o no— los planes de expansión en Vaca Muerta.
La pregunta resulta especialmente relevante porque el desarrollo del shale cambió la relación de la Argentina con el mercado energético. Durante años, una baja del petróleo podía aliviar el costo de las importaciones, pero también reducía el atractivo para invertir en nuevos pozos.
Hoy la ecuación es distinta. Gracias al crecimiento sostenido de la producción, la energía pasó de ser uno de los principales demandantes de dólares a convertirse en uno de los mayores generadores de divisas para el país.
Los números muestran la magnitud del cambio. Según datos del Ministerio de Economía, sólo en mayo la balanza energética registró un superávit récord de u$s 1.543 millones, impulsado por un salto de 167,1% en las exportaciones del sector.
En el acumulado de los primeros cinco meses del año, el complejo energético aportó u$s 5.402 millones, casi la mitad del superávit comercial argentino. Ese cambio estructural explica por qué hoy la discusión dejó de centrarse únicamente en cuánto vale el petróleo y comenzó a enfocarse en cuánto puede seguir produciendo y exportando Vaca Muerta.
Vaca Muerta y los pozos convencionales
El geocientista Ignacio Rovira, especialista en exploración y desarrollo de reservorios, señaló a El Cronista que la caída del valor del petróleo debe ponerse en contexto y que el impacto potencial sobre Vaca Muerta es mucho menor de lo que sugieren los titulares.
“Se lo compara con la caída de la pandemia, cuando no había producción. Hoy sólo terminó un conflicto que había elevado mucho el precio. Estás en un margen de precios de u$s 70-75. Eso no impacta en Vaca Muerta. Tenés proyectos core, que están más avanzados y que les pudiste bajar el costo y los tenés entre u$s 35 y u$s 45 de costo. Ese precio de u$s 75 no te molesta; a lo sumo te hace pensar algunos costos, pero la resiliencia está”, explicó.
Para el especialista, es difícil que el escenario actual afecte la producción.
“Tal vez al que más afecta es a los proyectos que todavía no están desarrollados o que están en vías de desarrollo. Pero las inversiones en Vaca Muerta son a largo plazo y estas bajas y subas no molestan mucho si estás en un camino de balanza comercial positiva”, sostuvo.
Por su parte, Juan José Carbajales, especialista en minería y energía, director de la consultora Paspartú, coincidió en que el escenario continúa siendo ampliamente favorable para el shale argentino.
“Las inversiones en Vaca Muerta están sobradas de margen y el RIGI además incentiva la inversión. Es complejo para los yacimientos convencionales, pero no para Vaca Muerta”, resumió.
La diferencia entre ambos segmentos es importante. Mientras los campos convencionales suelen tener estructuras de costos más rígidas y menor productividad por pozo, los desarrollos no convencionales de mayor madurez lograron reducir sustancialmente sus costos operativos durante los últimos años, lo que les permite absorber con mayor facilidad las oscilaciones del mercado internacional.
Los breakevens de Vaca Muerta y la resiliencia
Un reciente informe técnico elaborado por la consultora Aleph Energy buscó responder justamente esa pregunta: ¿hasta qué precio puede bajar el petróleo antes de afectar la rentabilidad de Vaca Muerta?
El estudio determinó el valor mínimo que debe alcanzar el barril de Brent para que un pozo tipo genere una tasa interna de retorno del 15%, tomando en cuenta distintos escenarios de infraestructura y beneficios fiscales.
“Los cálculos de Aleph muestran breakevens entre u$s 48 y u$s 61 por barril, dependiendo del grado de madurez del proyecto, la infraestructura disponible y la aplicación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).”
Los bloques más desarrollados y eficientes, como Loma Campana, incluso podrían tolerar un Brent cercano a los u$s 45 por barril sin perder rentabilidad.
Esa resiliencia no responde únicamente a la calidad geológica del recurso. Durante los últimos años las operadoras redujeron significativamente los costos de perforación, completamiento y logística, mientras que la expansión de oleoductos, plantas de tratamiento y capacidad de evacuación permitió ganar eficiencia operativa.
A ello se suma el RIGI, que mejora las condiciones fiscales y cambiarias para proyectos de gran escala. En conjunto, esos factores explican por qué buena parte de la industria considera que el precio actual del petróleo continúa ubicándose cómodamente por encima del umbral de rentabilidad de los principales desarrollos de Vaca Muerta.
El futuro del precio del petróleo
Rovira sostiene que, más allá de las oscilaciones propias del mercado, el escenario base continúa siendo relativamente favorable.
“Esperamos una curva de lento ascenso que ubique el Brent cerca de los u$s 80-85 por barril”, afirmó.
El precio puede, sin embargo, sufrir nuevos sacudones. Aunque hoy no figure entre los escenarios centrales, una nueva escalada militar que vuelva a poner en riesgo el tránsito por el estrecho de Ormuz podría provocar un salto brusco en las cotizaciones internacionales.
También influirá la estrategia de los grandes productores agrupados en la OPEP+, que pueden decidir aumentar o restringir la oferta mundial para sostener determinados niveles de precios.
Finalmente, otro elemento que seguirá de cerca el mercado será la recomposición de las reservas estratégicas de los distintos países.
Si muchas economías utilizaron parte de sus inventarios para amortiguar el impacto del conflicto, la necesidad de volver a llenarlos podría agregar una presión adicional sobre la demanda global durante los próximos meses.