El arranque del panel de minería en la ExpoEFI estuvo marcado por un grupo de ambientalistas que interrumpió el inicio con consignas contra la megaminería y cuestionamientos a la Ley de Glaciares. Sin embargo, los secretarios de minería no se inmutaron y el punto clave giró en torno a las inversiones en infraestructura pendiente. ¿Qué necesitan las provincias para hacer crecer el sector?
El panel, integrado por los secretarios de Minería de Mendoza, San Juan, Catamarca y Salta, expusieron en un apartado del foro denominado “La visión de las provincias”. Los funcionarios buscaron correr el eje hacia el futuro y coincidieron en un punto clave: sin infraestructura, el desarrollo minero a gran escala no es viable.
El diagnóstico fue compartido. Al potencial en litio, cobre y otros minerales se le debe sumar inversión en infraestructura. Las provincias enfrentan cuellos de botella estructurales que condicionan inversiones millonarias y la posibilidad de escalar la producción.
En este sentido, el secretario de Minería de Salta, Gustavo Carrizo, hizo foco en la logística como condición de posibilidad de los emprendimientos mineros y confirmó que el proyecto para la reactivación del Belgrano Cargas es un hecho.
Fuente: EFE
El proyecto Taca Taca, una de las apuestas más fuertes del país, requerirá no solo inversiones en la mina sino también en conectividad. La extensión ferroviaria para vincular el yacimiento con Chile aparece como una pieza central, con unos 182 kilómetros proyectados.
A esto se suma la expectativa por la licitación del Belgrano Cargas, considerada estratégica para reducir costos y ganar competitividad exportadora. “Es clave la infraestructura vial y ferroviaria. Taca Taca es una inversión de 5.200 millones de dólares, certificada. Sin duda va a necesitar la estación Taca Taca que conecta con Chile.”, remarcó.
Asimismo, ante la pregunta de la periodista de si esa licitación iba a hacerse pública aseguró que “sale la licitación”.
En San Juan, el eje estuvo en el financiamiento de esa infraestructura. Con una tradición minera consolidada, la provincia cuenta con regalías, pero reconocen que no alcanzan para el salto que se necesita. Según el ministro Juan Pablo Perea, la estrategia combina gestiones ante Nación, organismos multilaterales y acuerdos con empresas privadas.
“Tenemos que tocar todas las puertas”, sintetizaron, en referencia a la búsqueda de recursos para sostener el crecimiento del sector. La visita reciente de embajadores fue leída en ese marco, como parte de una diplomacia económica orientada a captar inversiones.
Por su parte, Teresita Regalado, de Catamarca, planteó una lógica similar, con énfasis en la articulación público-privada. En esa provincia, la conexión de la Ruta 40 con Salta es un proyecto clave para generar una zona integrada de desarrollo.
Pero el diagnóstico es más amplio: no alcanza con rutas. La competitividad minera depende también de servicios, logística e infraestructura energética que permita pasar de la exploración a la explotación. “Es un desafío con muchas aristas”, señalaron, al advertir que varios proyectos avanzados podrían estancarse sin ese soporte.
Finalmente, en Mendoza hay una mirada hacia la integración regional de la infraestructura. La discusión no pasa solo por construir líneas férreas, sino por articular economías y cadenas productivas.
La conectividad energética también aparece como un factor decisivo, en una provincia que proyecta un fuerte crecimiento en renovables hacia 2030. Allí, el foco está en estructurar proyectos que puedan atraer financiamiento internacional. “El capital está, el desafío es conectar ese financiamiento con proyectos concretos”, plantearon.
En ese esquema, desde esa provincia aseguraron que el rol del Estado se redefine: menos como ejecutor directo y más como generador de condiciones. Seguridad jurídica, previsibilidad y capacidad de estructurar iniciativas viables aparecen como requisitos para acelerar inversiones.
Todos los funcionarios coincidieron con que la ventana de oportunidad que abre la demanda global de minerales críticos no será indefinida.
Así, detrás de las diferencias provinciales y de los debates ambientales que atraviesan al sector, emergió un consenso operativo: el desarrollo minero argentino ya no depende solo de los recursos bajo tierra, sino de la capacidad de construir y financiar la infraestructura que permita sacarlos. Sin ese andamiaje, el potencial seguirá siendo, por ahora, una promesa.