Con la reapertura del estratégico Estrecho de Ormuz, los precios internacionales del petróleo profundizaron su tendencia a la baja ante las expectativas de una mayor oferta global de crudo.

Sin embargo, el impacto que este aliciente tendrá sobre el costo del flete internacional —que viene de registrar alzas extraordinarias de entre el 300% y 400%— genera visiones fuertemente contrapuestas entre los principales actores del comercio exterior y la logística.

Desde el sector corporativo logístico, Lucas Bianchi, CEO de Interborders, señala que la industria viene de presenciar un salto muy significativo en las tarifas marítimas, particularmente en las importaciones desde China y el sudeste asiático. Según el ejecutivo, a inicios de año los fletes oscilaban entre los u$s 2.000 y u$s 3.000 por contenedor, y hace apenas una o dos semanas tocaron un techo de entre u$s 9.000 y u$s 9.500.

Bianchi explica que este incremento “comparable a lo que vimos durante la pandemia” fue multicausal: confluyeron interrupciones de producción por un feriado en China, una fuerte reactivación del comercio entre EE.UU. y China, el retiro de buques por parte de los armadores y la volatilidad en el Estrecho de Ormuz. Esta escalada generó una cascada de problemas para los importadores, volviendo prohibitivo el traslado de mercaderías y sumando presión por las tasas de financiación.

Los puertos de Singapur, clave para el comercio con el MercosurFuente: ShutterstockShutterstock

No obstante, el CEO de Interborders anticipa un cambio de tendencia a partir del nuevo contexto geopolítico:

“Con el acuerdo reciente entre Estados Unidos e Irán y la reapertura parcial del estrecho de Ormuz, estamos viendo una normalización gradual. Esto debería hacer bajar el precio del crudo, lo que impacta directamente en los costos de operación de los buques. La previsión para julio es que las tarifas comiencen a bajar, acomodándose en un rango de 5.000 a 7.000 dólares”.

Esta proyección de alivio coincide con los recientes avisos de algunas líneas navieras, que ya reportan bajas tanto en tarifas de carga consolidada (LCL) como de contenedor completo (FCL) a partir de la última semana de junio.

Precios firmes

En la vereda opuesta, la mirada desde el terreno de los despachantes de aduana es marcadamente pesimista respecto a un eventual alivio en los costos. Diego Jerez afirma de manera tajante que la tregua y la consecuente baja del combustible no modificarán la realidad del mercado.

“Los fletes no suelen bajar. Si la dinámica está en alza, va a seguir en alza por más que bajen el tema de los combustibles”, advierte Jerez, apuntando a la concentración del mercado: “Ten en cuenta que la mayoría de los barcos son de capitales chinos, así que suelen hacer esto. Ya tenemos precios arriba de los 10.000 dólares y no van a bajar absolutamente”.

Desde esta perspectiva, los factores que sostienen las tarifas altas son estructurales y estacionales:

  • Inercia del mercado: Las tarifas ya perforaron el techo de los u$s 10.000 y la tendencia alcista se mantiene semana a semana.
  • Presión de la temporada alta: El mercado aún no ha llegado al pico estacional, que es cuando se empieza a cargar todo el volumen destinado a Estados Unidos. Por ende, no se prevén descensos hasta mitad de octubre.
  • El factor Brasil: El reciente incremento de tarifas para Sudamérica estuvo traccionado por un fuerte flujo de importación de autos eléctricos hacia Brasil. Los importadores de ese país, anticipándose a las subas, coparon la capacidad de los barcos antes del salto tarifario.

Para este sector de la operación aduanera, la demanda se mantiene firme a pesar de los costos. “Los precios se pagan, desgraciadamente no es que no se van a pagar”, concluye Jerez, asegurando que la historia demuestra que este tipo de acuerdos internacionales nunca ha logrado torcer la dinámica alcista de las navieras.

El mercado se encuentra ante una encrucijada: por un lado, la expectativa técnica de que el desplome del petróleo y una mayor fluidez en las rutas marítimas pinchen la burbuja logística; por el otro, la experiencia comercial que indica que las tarifas, una vez consolidadas en los u$s 10.000, difícilmente retrocedan antes de que concluya la temporada alta.