Los datos del EMAE de marzo dejaron una señal que el Gobierno leyó como una confirmación de que la economía ya dejó atrás la recesión más dura. Industria, construcción y comercio —tres sectores con fuerte peso en el empleo— mostraron mejoras respecto de los peores meses de 2024 y alimentaron la idea de los famosos “brotes verdes”. Pero la gran pregunta hacia adelante es otra: ¿es el comienzo de una recuperación sostenida o apenas un rebote transitorio después de haber tocado fondo? ¿Se viene una curva ascendente o un serrucho?

La respuesta, entre economistas y empresarios, está lejos de ser lineal. Nadie niega cierta recuperación de la actividad. El problema es la intensidad, la consistencia y, sobre todo, cuánto puede sostenerse en un contexto todavía atravesado por salarios debilitados, crédito caro y una demanda interna que sigue mostrando fragilidad.

Construcción alternativa: la nueva tendencia en la Argentina que reduce costos, tiempos y energíaFuente: Pixabay

“Lo que vemos para adelante es que la industria recién estaría recuperando niveles del año 2023, pero tanto la construcción como el comercio no alcanzaron los niveles de los marzos anteriores, de tres años previos”, explicó Natacha Izquierdo, directora de operaciones de la consultora Abeceb. La especialista resumió el escenario con una definición gráfica: “Los tres sectores tocaron fondo pero el rebote es muy tímido”.

En el caso industrial, la mejora aparece asociada a algunos sectores puntuales vinculados al consumo durable, la energía y ciertos segmentos exportadores. Sin embargo, el proceso todavía luce heterogéneo. “La actividad se viene recuperando pero el nivel no está en lo más alto”, advirtió Izquierdo. Y agregó: “Para adelante todavía va a haber serruchos y oscilaciones. Quizás se morigera la caída, pero no está consolidado el proceso de crecimiento generalizado”.

La dinámica del consumo aparece como uno de los principales interrogantes para el segundo semestre. Según Abeceb, parte del rebote de comienzos de año estuvo impulsado por bienes durables y semidurables, favorecidos por la estabilidad cambiaria y la posibilidad de financiar compras. Pero ese fenómeno podría perder fuerza. “El consumo de durables tuvo una explosión en 2025 y la gente no cambia heladeras ni autos todos los años. El recambio es más lento”, señaló Izquierdo.

Al mismo tiempo, el consumo masivo continúa golpeado. “Hay dos fenómenos. Caen las ventas en supermercados pero cambia el canal: crece el ecommerce. Cambian los modelos de negocios. El consumo masivo está presionado por la masa salarial. Los sectores que más emplean perdieron puestos netos y eso se nota”, sostuvo.

En ese punto aparece uno de los grandes límites de la recuperación: el poder adquisitivo. “Falta que la demanda interna termine de consolidarse. Falta poder adquisitivo y que termine el proceso de reacomodamiento de los precios relativos. También falta que vuelva a despegar el crédito”, explicó Izquierdo. La suba de tasas de interés durante buena parte del año pasado impactó especialmente sobre las familias endeudadas. “Al crédito lo frenó la tasa de interés. A las familias sobreendeudadas se les hizo impagable”, agregó.

Desde la Cámara Argentina de Comercio (CAC), Matías Bolis planteó que una recuperación del PBI debería necesariamente terminar reflejándose en el consumo, aunque admitió que el proceso puede ser más lento de lo esperado. “Si el PBI va de 3% a 3,5%, no me imagino una economía creciendo a esa tasa y un consumo cayendo”, afirmó.

Sin embargo, advirtió que el modelo económico actual apuesta a una lógica de derrame que enfrenta límites concretos. “La inversión puede traccionar en sectores como el petróleo y la minería. La jugada oficial es que haya derrame. La escuela neoclásica piensa así. El problema es el timing: es saludable pero lento. Hay que ver cuánto aguanta la gente”, sostuvo.

Bolis también destacó que el rebote del consumo durante 2025 estuvo muy concentrado en bienes durables, mientras que el consumo masivo siguió rezagado. “Durables ganadores y masivo perdió. Pero saltaron las tasas y eso pegó en durables y crédito”, explicó.

La inflación aparece como otro factor clave para entender lo que viene. Tanto economistas como empresarios coinciden en que una desaceleración sostenida de los precios podría ayudar a recomponer parcialmente los ingresos reales. “Hay posibilidad de que los salarios formales e informales le puedan ganar uno o dos puntos a la inflación”, dijo Izquierdo. Aunque aclaró: “Vemos recuperación pero no está consolidado el vaivén”.

La construcción, mientras tanto, sigue mostrando uno de los panoramas más débiles. Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, sostuvo que los datos mensuales todavía muestran fuertes oscilaciones sin una tendencia clara de recuperación. “Desde el punto de vista del EMAE es un serrucho. En la realidad lo que vemos es que está estabilizado. No repunta ni cae”, afirmó.

El dirigente explicó que los dos indicadores centrales para medir el sector —empleo y despacho de cemento— continúan muy flojos. “Los despachos aumentaron 15% en marzo y cayeron 15% en abril. Loma Negra paró un horno porque no sabe qué hacer con el cemento”, señaló. En empleo, agregó, “sube poquito, pero no hay una verdadera recuperación que marque tendencia positiva”.

La obra pública sigue prácticamente paralizada y la privada tampoco logra despegar con fuerza. “No va a pasar gran cosa mientras no haya créditos hipotecarios”, resumió Weiss. La construcción de viviendas continúa afectada por el encarecimiento de costos en dólares y por la ausencia de financiamiento de largo plazo.

Aun así, las proyecciones para 2026 muestran un crecimiento moderado: Abeceb estima una mejora de 4% en construcción, 0,7% en industria y 2,4% en consumo, con un PBI avanzando también 2,4%.

Son tres sectores que, por ahora, están en zona de descenso. Comparando los números de marzo 2026 con los niveles promedio de 2023, la consultora MAP concluyó que industria, construcción y comercio van a la cola. Caen 7,2%, 7,9% y 9,4% respectivamente punta a punta. Números rojos con una actividad que en promedio está 5,6% arriba, en la misma comparación.

El problema es que, incluso con números positivos, la sensación social podría seguir siendo ambigua. Después de más de una década de estancamiento, el desafío ya no pasa solamente por crecer algunos puntos estadísticos, sino por lograr que esa mejora se traduzca en empleo, salarios y capacidad de consumo.

Por ahora, los brotes verdes existen. Pero todavía son frágiles, desparejos y con más forma de serrucho que de despegue definitivo.