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Este miércoles, Argentina será parte de uno de los hitos más relevantes de la nueva carrera espacial: el lanzamiento de Artemis II, la misión tripulada de la NASA que marcará el regreso de astronautas al entorno lunar después de más de 50 años.
En ese contexto, el país participará con el microsatélite ATENEA, un desarrollo liderado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a universidades e instituciones del sistema científico-tecnológico local, que viajará como carga secundaria a bordo del cohete que despegará desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida.
La ventana de lanzamiento está prevista para las 19:24 (hora argentina), aunque su concreción dependerá de condiciones técnicas y meteorológicas.
El proyecto posiciona a la Argentina como el único país de América Latina seleccionado por la NASA para integrar esta misión, en un grupo reducido que completan Alemania, Arabia Saudita y Corea del Sur. Se trata de un reconocimiento al desarrollo local en tecnología espacial en un escenario cada vez más competitivo a nivel global.
Qué es Artemis II y por qué es clave
La misión Artemis II forma parte del programa Artemis de la NASA, la iniciativa que busca establecer una presencia humana sostenible en la Luna como paso previo a futuras misiones a Marte. A diferencia de Artemis I —que en 2022 fue un vuelo de prueba sin tripulación—, esta será la primera misión tripulada del programa.
La nave Orion transportará astronautas en una trayectoria alrededor de la Luna para validar sistemas críticos de navegación, comunicaciones y soporte vital en el espacio profundo. Aunque no descenderán en la superficie lunar, la misión es un paso esencial hacia Artemis III, que sí prevé un alunizaje.
En este marco, los CubeSats como ATENEA cumplen un rol estratégico: aprovechan el lanzamiento para realizar experimentos científicos y tecnológicos a menor costo, ampliando el alcance de la misión principal.
Tecnología argentina en el espacio profundo
ATENEA es un microsatélite de tipo CubeSat 12U —de unos 30 x 20 x 20 centímetros— diseñado y construido íntegramente en el país. Su principal desafío será operar y transmitir datos a distancias de hasta 70.000 kilómetros de la Tierra, superando ampliamente las misiones argentinas previas.
Entre sus objetivos se destacan la medición de radiación en distintas altitudes, la validación de componentes electrónicos en condiciones extremas, el análisis de señales de navegación satelital (GNSS) más allá de sus constelaciones y la prueba de comunicaciones de largo alcance.
Tras su despliegue, ejecutará una secuencia autónoma de activación, estabilización y envío de telemetría hacia las estaciones terrenas de la CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego, poniendo a prueba capacidades locales para operar misiones más allá de la órbita baja.
El desarrollo fue articulado por la CONAE con la participación de la UNLP, UNSAM, UBA, el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la CNEA y la empresa VENG, que intervino en tareas de integración, ensayos y fabricación de sistemas clave.
“En VENG transformamos desarrollos científicos en sistemas espaciales operativos. Atenea refleja la capacidad de nuestro país para articular ciencia, industria y Estado en proyectos de alta complejidad tecnológica”, señaló Laureano Quiroga, gerente general de VENG.
Un paso estratégico en la economía espacial
Más allá del hito científico, la participación argentina en Artemis II tiene un fuerte componente estratégico. La industria espacial atraviesa un proceso de expansión global impulsado por la demanda de servicios satelitales, exploración y nuevas aplicaciones comerciales.
En ese escenario, proyectos como ATENEA permiten desarrollar capacidades locales, formar recursos altamente especializados y posicionar al país como proveedor tecnológico en cadenas de valor de alto contenido científico.