El deterioro de la imagen del Gobierno, unida a la cuestión económica y las causas contra el jefe de Gabinete, empieza a mostrar un efecto directo sobre sus principales figuras. Entre los números aparece un dato incómodo para la Casa Rosada: el nivel de rechazo que acumula Manuel Adorni.
Según el último informe de Zuban Córdoba, el vocero presidencial supera el 65% de imagen negativa, en línea con el desgaste que atraviesa el núcleo duro del oficialismo.
No se trata de un actor secundario. Desde el inicio de la gestión, Adorni fue una de las caras más visibles del Gobierno y el principal encargado de ordenar el mensaje público.
Además, los hermanos Milei han remarcado su intención de mantener al funcionario en su posición, pese a las presuntas acusaciones que penden en su contra.
El relevamiento deja en evidencia que el desgaste ya no se concentra únicamente en Javier Milei, cuya imagen negativa alcanza el 60,6%, sino que se extiende al conjunto del esquema político y comunicacional. En ese marco, el vocero queda directamente alcanzado por el deterioro.
El dato cobra mayor relevancia en un contexto donde la gestión registra un 64,5% de desaprobación frente a un 34,3% de aprobación. Es decir, la comunicación oficial enfrenta un escenario adverso, donde el margen para ordenar el clima social es cada vez más limitado.
A esto se suma una brecha que el oficialismo no logra revertir: el rechazo entre las mujeres roza el 70%, casi diez puntos por encima del masculino.
En ese escenario, el área comunicacional, con Adorni como principal exponente, queda bajo presión por la dificultad para perforar ese segmento.
El informe también marca un dato de fondo clave, el 71,2% de los argentinos cree que hace falta un cambio de gobierno.
La cifra expone un clima de época donde la demanda de cambio supera la capacidad del oficialismo de reconstruir confianza desde su narrativa.
Con este telón de fondo, la figura de Adorni entra en una zona de riesgo. Su rol lo ubica en la primera línea de exposición frente al humor social y lo convierte en uno de los principales termómetros del desgaste.
Ahora, el desafío para el gobierno es no sólo mejorar sus indicadores de gestión, sino también recalibrar una estrategia comunicacional que, por ahora, no logra revertir la tendencia.