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El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur es histórico y, si bien ahora entró en una disputa en los tribunales europeos, proyecta cambios y crecimiento para las exportaciones agroindustriales en Argentina. En este sentido, el oficialismo busca tratarlo este jueves y convertirse así en el primer país integrante de la alianza latinoamericana en sancionarlo.

El tratado fue firmado formalmente el 17 de enero de 2026 entre ambos bloques, pero para entrar en vigor necesita varios pasos institucionales: el aval del Parlamento Europeo y la ratificación posterior por los parlamentos nacionales de los países miembros de la UE y del Mercosur. Es decir, la firma no implica aplicación automática.

Prensa Senado

De hecho, dentro de la propia UE el proceso está trabado. La Eurocámara decidió revisar aspectos legales del acuerdo y remitirlo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para analizar su compatibilidad con el marco jurídico comunitario, lo que puede extender los tiempos de aprobación.

Es en este sentido, el proyecto ya fue aprobado el 12 de febrero en Diputados y ahora el Senado apuró los tantos y en lugar de sesionar por la aprobación del tratado Unión Europea-Mercosur el viernes como estaba previsto, lo hará el jueves y de esta manera le ganará de mano a Uruguay.

Argentina busca un alineamiento total con los europeos y con Estados Unidos, de esta manera se convertiría en el primer país del Mercosur en aprobar el tratado que lleva décadas en proceso.

Los puntos principales del acuerdo

El acuerdo constituye un tratado de libre comercio de alcance estratégico que busca establecer una de las mayores áreas comerciales del mundo, integrando a un mercado de más de 700 millones de personas.

El eje central del entendimiento es la liberalización progresiva del comercio bilateral, con la eliminación de aranceles sobre la mayor parte de los bienes intercambiados entre ambos bloques y la apertura gradual de mercados en sectores clave.

En términos arancelarios, el esquema prevé que la Unión Europea elimine gravámenes sobre una amplia proporción de las exportaciones del Mercosur, tanto de manera inmediata como en plazos escalonados.

A su vez, los países sudamericanos reducirán de forma progresiva los aranceles a productos industriales europeos, con cronogramas que pueden extenderse hasta 15 años, contemplando distintos ritmos de desgravación según la sensibilidad de cada sector productivo.

El capítulo agrícola aparece como uno de los puntos más relevantes del acuerdo, con la implementación de cuotas preferenciales para productos sensibles como la carne vacuna y aviar, así como el acceso con arancel cero para distintas economías regionales, entre ellas frutas, pesca y vino. Este esquema combina apertura comercial con mecanismos de protección, buscando equilibrar el ingreso a nuevos mercados con resguardos para sectores locales expuestos a la competencia externa.

En paralelo, el tratado contempla disposiciones específicas para la industria, en especial el sector automotriz, donde la reducción de aranceles se aplicaría en plazos más extensos e incluiría salvaguardias frente a aumentos súbitos de importaciones.

El tratado genera voces de alarma se alzan por sus posibles efectos en la industria manufacturera argentina y en el mapa productivo de las provincias.

“Si no hacemos algo el 20% de la industria manufacturera va a desaparecer”, dijo en diálogo con El Cronista el presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato. El industrial expresó así la principal preocupación de los empresarios Pymes, que reclaman políticas públicas al gobierno nacional para mejorar la competitividad del sector.

Esto es la llamada zona núcleo industrial, siendo su epicentro metalúrgico en Buenos Aires, en los corredores como Zárate-Campana. Mientras que Córdoba destaca por su fuerte industria automotriz, de maquinaria agrícola y autopartes; y Santa Fe alberga importantes complejos metalúrgicos y agroindustriales en torno a Rosario y sus alrededores.