Con el anuncio de la reducción de los Derechos de Exportación (DEX) para el trigo y la cebada, que pasarán del 7,5% al 5,5% a partir de junio, el Gobierno nacional movió una pieza clave en el tablero de la política económica y el rol del agro.
La medida representa una fuerte apuesta oficial en un contexto de amplias demandas de alivio fiscal y ampliación de presupuesto: ceder recaudación fiscal inmediata en el corto plazo como un estímulo estratégico para garantizar un flujo masivo de dólares en el mediano y largo plazo.
El anuncio se produjo en el tramo final de las decisiones de cara a la campaña fina 2026/27 y busca actuar como un salvavidas para el productor, cuya intención de siembra venía seriamente amenazada por una pinza de costos internacionales asfixiantes.
Salvavidas frente a costos históricos
El principal disparador de la intervención oficial fue el fuerte encarecimiento de los insumos clave para el agro a partir del recrudecimiento del conflicto armado en Medio Oriente que impactó de lleno en los precios globales de los combustibles y los fertilizantes.
La consecuencia local, según refleja la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) fue cotundente: la relación urea/trigo trepó al valor más alto de la historia. En concreto, nunca antes el productor argentino necesitó entregar tantos kilos de grano para comprar un solo kilo de fertilizante.
Para dimensionar la gravedad de la ecuación previa al anuncio, en un campo modelo ubicado a solo 150 kilómetros del puerto de Rosario, el flete (golpeado por la suba del gasoil) y los fertilizantes ya explicaban el 54% de los costos totales de producción del trigo.
Bajo ese esquema, según proyecciones de la Guía de Estratégica para el Agro (GEA-BCR), el margen neto en campo propio quedaba reducido a apenas 94 u$s/ha, mientras que en campos bajo régimen de alquiler la actividad se hundía en terreno negativo, con pérdidas estimadas en 103 u$s/ha. La inversión tecnológica y la intención de siembra estaban, literalmente, en jaque.
El cálculo del Gobierno
Desde la perspectiva del Palacio de Hacienda, el costo fiscal de resignar estos dos puntos de retenciones para el ciclo en curso es sumamente acotado y manejable: se estima en u$s 29 millones en total (u$s 26,2 millones para el trigo y u$s 3,3 millones para la cebada).
Este bajo impacto inicial se explica porque una proporción muy alta de las exportaciones proyectadas de la campaña actual ya fue declarada y vendida al exterior. Al trigo, por ejemplo, solo le resta comercializar 5,3 millones de toneladas de las 19 millones estimadas para todo el ciclo.
Aún asi, el verdadero corazón del plan económico radica en el efecto multiplicador.
La Dirección de Información y Estudios Económicos estima que el esfuerzo fiscal podría ser incluso menor si la rebaja impositiva funciona como un dinamizador de las ventas externas.
Si el estímulo eleva las exportaciones totales del ciclo actual a 20 millones de toneladas, el costo fiscal neto del trigo caería a apenas u$s 12,7 millones.
Para la próxima campaña 2026/27, el cambio de reglas de juego llega justo a tiempo para torcer el rumbo de las decisiones en el campo.
Si bien resignar dos puntos de DEX implicaría teóricamente unos u$s 78 millones considerando la intención de siembra de mayo, la matemática oficial apuesta a que el aumento de la producción compensará con creces el bache.
Como ejemplo, según la BCR, si la reactivación tecnológica eleva las exportaciones trigueras de la nueva campaña a 13,5 millones de toneladas, el costo fiscal se licúa a u$s 47 millones; y si trepan a 14,5 millones, el costo ajusta a solo u$s 34 millones, devolviendo al Banco Central una masa de divisas genuinas muy superior a lo resignado en las cajas del fisco.
El factor climático
El plan de incentivos económicos del Gobierno sumará, además, un viento de cola ambiental según el último monitoreo del International Research Institute for Climate and Society (IRI).
El informe confirmó que el sistema climático global está abandonando la neutralidad de manera acelerada para avanzar hacia condiciones de “El Niño”, con una probabilidad de ocurrencia cercana al 100% hasta el verano austral inclusive.
Aunque el refrán agrícola dicta que “la lluvia hace al grano”, los expertos recuerdan que el calentamiento del Pacífico suele tener un impacto relativo mayor en la cosecha gruesa (soja y maíz) que en la fina (trigo y cebada).
Con todo, un régimen hídrico favorable robustecerá los rindes de la campaña general, potenciando el objetivo gubernamental de maximizar el ingreso de dólares por la vía de las exportaciones agropecuarias.
Para el equipo económico, la baja de retenciones opera como una devaluación fiscal selectiva ya que mejora de forma directa la capacidad de pago teórica de la exportación (que subirá entre 4,8 y 4,9 dólares por tonelada de trigo), derrama competitividad en el eslabón primario y resigna una recaudación menor en el presente con el único fin de blindar las reservas del año electoral.