El escenario de conflicto bélico en Medio Oriente ha impactado directamente sobre los precios internacionales de los hidrocarburos, tanto en sus niveles -al alza- como en una volatilidad inédita, fogoneada por la extrema incertidumbre en torno a la duración y el alcance de la guerra.

Los precios del petróleo, que en febrero cotizaban a u$s 72 el barril Brent y con tendencia a la baja, se dispararon por encima de los u$s 115, y hoy oscilan cerca de los u$s 100. En el caso del gas natural licuado (GNL), el movimiento fue todavía más fuerte. Mientras el petróleo llegó a ubicarse hasta 60% por encima de los niveles pre-guerra, el gas alcanzó subas de hasta 100% respecto al 27 de febrero, último día de mercado antes del conflicto. Con stocks y algunas instalaciones afectadas, como lo ocurrido en Ras Laffan en Catar tras los ataques con misiles iraníes, incluso en un escenario de tregua sostenida es esperable que los precios del petróleo se mantengan elevados durante un tiempo.

Para la Argentina de hoy, exportadora neta de petróleo y gas gracias al desarrollo de Vaca Muerta, los precios altos son una buena noticia, pero con impactos internos difíciles de gestionar.

Pese a que habrá que pagar un poco más caros los barcos de GNL que este año todavía complementarán la creciente oferta local para cubrir el pico invernal, esta mejora se traducirá en un superávit energético que probablemente superará los u$s 10.000 millones en 2026, un valor récord que contrasta con el déficit de u$s 4.471 mil millones que debimos afrontar hace tan solo cuatro años.

A mediano plazo, aun con precios retrocediendo, el conflicto en Irán mejora relativamente la posición de nuestro país como proveedor más seguro de hidrocarburos -en particular de GNL-, alejado de las regiones más conflictivas en términos geopolíticos. Esta condición resulta particularmente importante en momentos en que se están desarrollando importantes proyectos de exportación (tanto de petróleo como de gas), fortaleciendo la posibilidad de obtener inversiones y financiamiento en condiciones más competitivas a partir de la mejora de la rentabilidad esperada de estos proyectos.

En ese marco, lucen razonables las recientes proyecciones publicadas por la Cámara de Empresas de Hidrocarburos (CEPH), que en un escenario optimista estiman exportaciones energéticas por u$s 41.800 millones para 2035, con un saldo positivo de u$s 37.700 millones, donde la participación de la producción exportable sobre la producción total de hidrocarburos superaría el 85%.

Desde Empiria, nuestras estimaciones apuntan en la misma dirección: proyectamos un saldo comercial energético positivo de u$s 32.431 millones para 2035, casi cinco veces el nivel actual, con un precio del crudo de largo plazo estabilizado en u$s 73 por barril.

Ambas proyecciones coinciden en un punto central: Argentina está ante una reversión estructural de su balanza energética, que pasó de registrar déficits sostenidos de hasta u$s 8.000 millones anuales en 2013 a consolidarse como exportador neto en la segunda mitad de esta década.

Estos efectos positivos sobre la balanza comercial conviven con la dificultad de ajustar los precios locales de los combustibles a los nuevos valores en los que parecen instalarse los precios internacionales post conflicto bélico. Este shock, difícil de administrar en cualquier país, resulta más difícil en una economía como la Argentina, con importantes mecanismos de indexación, y que se encuentra implementando un plan de estabilización para bajar la inflación con resultados iniciales muy positivos, aunque con importantes desafíos pendientes.

Con el objetivo de mitigar estos impactos, el gobierno nacional dispuso algunas medidas puntuales bien orientadas (modificar parámetros técnicos para permitir un mayor uso de bioetanol en naftas, suspensión del ajuste por inflación del impuesto a los combustibles), y la compañía YPF ha liderado una “tregua” de precios por 45 días, como forma de evitar trasladar la volatilidad del mercado mundial del crudo a los consumidores.

En los datos de inflación de marzo, el INDEC registró un incremento del 7% del ítem combustibles en la canasta de precios minoristas, que seguramente, por el método de medición tendrá un impacto adicional en abril. Los precios mayoristas -antes de impuestos- mostraron un fuerte aumento del precio del crudo local, de 28%, acompañando los incrementos de las paridades de exportación, y una variación menor en los derivados (naftas 7,2% y gasoil 10,3%), con una compresión de los márgenes de refinación que eventualmente se corregirá en los próximos meses.

Con Vaca Muerta, un shock global inesperado que algunos años atrás hubiera sido muy negativo para la economía argentina es hoy un impulso positivo a las cuentas externas y a la propia expansión de la industria de los hidrocarburos. Asimismo, brinda mayores grados de libertad a las autoridades y al sector para gestionar el inevitable impacto en los precios locales con responsabilidad y prudencia.