Veintidos mil millones en diez años invirtió el Estado Nacional en la construcción de una red fibra óptica y en su política de telecomunicaciones" señaló el ministro Julio De Vido ante los senadores, el martes pasado, en defensa de la ley Argentina Digital (la Ley de Medios Bis).

El ministro además se ufanó: "Esos 22.000 millones representan el 50% de la inversión privada en telecomunicaciones en el país".

La inversión en materia de telecomunicaciones en el mundo es motor de desarrollo y constituye uno de los sectores más dinámicos de la economía global. México espera para este año alcanzar los u$s 25 mil millones de inversión privada en infraestructura de telecomunicaciones. España, a pesar de la crisis que ocasionó una retracción del sector en un 3,8% respecto al año 2012, registró para el año 2013 unos 3900 millones euros de inversión privada en infraestructura y operación de su red de telecomunicaciones.

Según se desprende de los dichos del ministro, Argentina registró durante los últimos diez años solo

$ 44.000 millones en inversión privada del sector de las telecomunicaciones (unos u$s 4 mil millones en 10 años).

Se incrementa la inversión pública a la vez que se retrae la inversión privada que, es bueno señalar, no solo es deseable y necesaria para el desarrollo de cualquier país, sino que es obligatoria en nuestro caso. Recordemos que las empresas de telefonía estaban obligadas por los pliegos de la privatización de la ex -ENTEL a realizar inversiones para el mejoramiento e innovación de la red que recibieron del estado. Algo que los funcionarios de la última década olvidaron controlar, según confirmó el jefe del bloque de Senadores oficialistas al disentir con el proyecto Argentina Digital.

En esta carrera desenfrenada por desplegar redes propias y controlar selectivamente las que aún operan los privados, se explica la urgencia de la ley que enviaron al senado. A la TDA, televisión digital, y su red de 83 antenas y 1.400.000 decodificadores distribuidos gratuitamente por el gobierno y la red de fibra óptica del plan Argentina Conectada con sus 25.000 kms de tendido íntegramente estatal, se le sumaría ahora el dominio absoluto de las redes de telefonía a través de una arbitrariedad regulatoria total. Es decir las tres redes de telecomunicaciones disponibles hasta la fecha, la de televisión digital, la de fibra óptica (la nueva fibra óptica estatal y la privada que operan las empresas de tv por cable e internet de banda ancha), y la de telefonía por par de cobre, se volverían no solo de orden público, sino de propiedad directa del estado, ya sea porque las instaló y las opera, como las dos primeras o porque las regula de modo selectivo y arbitrario como sucederá con el resto de aprobarse la ley que se trata en el Senado en la actualidad.

Es así como el concepto autoritario y excesivamente regulador del gobierno de Cristina Kirchner en materia económica se profundiza y ensaña de modo particular cuando se trata del ámbito de los medios y las comunicaciones.

Si analizamos además que de esos 22.000 millones de inversión pública volcada durante diez años al sector de telecomunicaciones 6.000 millones se utilizaron durante el 2013 y 8186 millones durante el presente año, notamos que el 63% de los fondos fueron asignados durante los últimos dos años.

No es casualidad. Los últimos años corresponden al período en que se registró la mayor virulencia en el conflicto desatado con los medios y el intento de imposición de la hegemonía comunicacional. Creció exponencialmente el dinero destinado a completar la red de fibra óptica y la de televisión digital y también crecieron las partidas destinadas a publicidad oficial, unos 1500 millones por año y el fútbol para todos otros 1500 millones más.

No nos equivocamos si planteamos que la política por el control de los medios y sus contenidos se dirime ahora en el terreno de las telecomunicaciones, extendiéndose así el intento de dominación a las redes por donde circulan los contenidos y la información. Un modo sofisticado y costoso de sostener el relato que impedirá el desarrollo de infraestructura e innovación tecnológica en un mercado global cada vez más competitivo y plural.