Autos quemados, vidrieras destrozadas y comercios saqueados. Imágenes más argentinas que francesas. La jornada del sábado contra la suba de los precios y de las naftas en particular, reunió a más de medio millón de personas.
En Limoges ardió el histórico edificio municipal. ¿Cómo se llegó a esta decadencia de una de las culturas más influyentes de la humanidad?
Hace años que el pseudo Estado del Bienestar no se puede financiar. Para peor coincide con el aumento del gas y las naftas y una política migratoria que agravó todos los problemas. Los números son preocupantes.
La deuda pública equivale a 117,5% del PBI. El Ministerio de Economía proyecta 119,3% para este año y 121,7% para 2027. Es el doble del límite de referencia de la Unión Europea. El déficit fiscal fue de 5,1% del PBI el año pasado.
El mercado ya pasó la factura. La tasa a 10 años del Tesoro francés superó el 5%, máximo en más de dos décadas, y el spread contra el Bund alemán trepó a 152 puntos básicos, el mayor desde 2011. El riesgo país de Francia se dispara. El círculo es vicioso.
Hay que pagar más intereses por la deuda y obliga a más emisiones de deuda o ajustes del gasto. Hay que prender la motosierra en Francia. Sino con el paso del tiempo puede descontrolarse más. ¿Está dispuesta la sociedad francesa para estos sacrificios?
Por eso Francia necesita su propia resistencia. No la de 1944, sino una que resista la tentación de seguir financiando el bienestar. Una dirigencia que se anime a decir que el orden fiscal es necesario y beneficioso.
Sino, tienen la historia argentina por delante. Las presidenciales de abril de 2027 serán la prueba. Allez le bleus: ¡Vuelvan a ser un faro!