“Karina no te deja tirado”. Con esa frase algunos en el Gobierno explican que María Belén Agudiez, su amiga que fue corrida de la subsecretaría de Planificación General por las denuncias de que la compra de comida de la Quinta de Olivos terminaba en el emprendimiento Pancitos Caseros que conducía su cuñado, ahora haya recalado en el Correo Argentino.

En pleno proceso de motosierra del gasto público, con una retórica antiñoqui y además con la empresa estatal postal como un ejemplo de desmadre de contrataciones y en pleno plan de privatización, la llegada de Agudiez al cargo de gerente de Responsabilidad Social, sin personal a cargo, es toda una revelación. Por un lado, la muestra de que la secretaria general de la Presidencia no abandona a los suyos. Y por otro, de que la batalla anticasta y contra el uso del Estado como caja propia encuentra excepciones.

Son detalles en un momento en el que, tras pasar la semana en Estados Unidos y próximo a embarcarse en un viaje a España, el presidente Javier Milei enfrenta cada vez más preguntas sobre cuán fuerte o cuán débil está su administración. El bloqueo al tratamiento de la vigencia del DNU 70/2023 demostró que todavía cuenta con la muñeca para alinear a gobernadores para que lo rescaten con sus alfiles en la cámara baja, muchos de los cuales habían ido a París en una señal de que para ellos, al menos por ahora, pegarse al Presidente no es piantavotos en sus provincias.

Pero asoman nuevas preguntas en el establishment que lo escucha tanto en el país como también como cuando expone en el exterior, algo que ocurre cada vez más seguido. Una asociada al mismo decreto que lograron hacer sobrevivir esta semana. “¿Puede el instrumento basal de las transformaciones de un gobierno estar sujeto a que una sesión del Congreso lo deje sin efecto? ¿Qué pasaría si cayera? ¿Cuándo terminará de estar blindado?”, son inquietudes que expresaron algunos participantes en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos esta semana.

Al mismo tiempo, se suman interrogantes sobre otras piezas fundamentales del gobierno de Milei. Una, la sostenibilidad del equilibrio fiscal. La noticia de que el jefe de Gabinete, Diego Santilli, fue multado por incumplir una ley que implica darle más dinero a las universidades puso la lupa en hasta dónde podrá resistir el Gobierno por ejemplo no ampliar la partida cuando una ley, el rechazo de un veto y hasta un fallo judicial lo obligan a hacerlo.

En igual sentido, el hecho de que se haya decidido no girar para obras lo que se recauda por el Impuesto a los Combustibles, histórica demanda de las provincias dado que está así fijado por ley, así como también el hecho de pisar fondos que por normativa salen de los seguros para los bomberos o también el no entregar las partidas de organismos internacionales con destino específico para ciencia, son todas anomalías que agrandan una pregunta: ¿qué va a pasar cuando cambie el viento político?

En igual sentido se inscribe otra consulta que, con cada encuesta que lo muestra menos competitivo a Milei, se clava como un puñal en la búsqueda de inversiones en momentos donde se vuelve a hablar de recesión en la Argentina.

“¿Estará firme el RIGI si viene otro gobierno?”. Así lo soltó un lobbista de corporaciones esta semana en Washington. Fue justo cuando el diputado de Unión por la Patria, Máximo Kirchner, habló de auditar cada uno de los proyectos aprobados, aunque también dijo que si bien puede haber cuestionamientos se trata de “derechos adquiridos”. El peronismo no tiene una posición unificada tampoco sobre este tema. Cerca de Axel Kicillof han hablado de votar una adenda con modificaciones pero para los nuevos proyectos, sin tocar lo que esté aprobado.

Máximo Kirchner, principal orador en el acto por la libertad de Cristina Kirchner en el Parque Lezama
Máximo Kirchner, principal orador en el acto por la libertad de Cristina Kirchner en el Parque LezamaNoticias Argentinas

La incógnita pega de lleno en la principal política de estímulo que ha desarrollado el Gobierno, con promesa de estabilidad por décadas, un amplio esfuerzo fiscal al resignar recaudación y también con una política muy laxa de acceso a divisas e importaciones. Es que incluso el hecho de que haya tenido demasiado beneficios puede abrir la puerta para futuras correcciones, como advierte el economista de FIEL, Daniel Artana, lo que puede terminar operando al revés de lo buscado. Si se exageró la generosidad de los incentivos se puede volver un bumerán, ya que eso con lo que se busca tentar hoy a las empresas podría ser la llave de futuras impugnaciones.

En el stream Dinamo, el consultor remarcó las dudas que tiene sobre si hacía falta incluir, por ejemplo, a las inversiones en Vaca Muerta dentro de los beneficios, algo que se hizo en febrero de este año. “Todo lo que se consiguió hasta ahora, el millón de barriles que tenés hoy, se logró sin RIGI”, subrayó. “Pero para el resto, ¿se necesitaba mucho RIGI, poco RIGI o nada?”

“Nada”, le contestó en la misma mesa nada menos que Juan José Aranguren, ex ministro de Energía del gobierno de Mauricio Macri, que remató: “De hecho, cuando produjimos 850 mil barriles en 1998 no había RIGI, y el petróleo estaba a valores de hoy en 35 dólares”.