Por qué se enojan los dueños de la verdad

Es sorprendente cómo un razonamiento lógico puede enojar tanto a quienes se consideran los dueños de la verdad. Hace unas horas planteamos una hipótesis electoral, basada en encuestas cualitativas y cuantitativas que son archiconocidas. Son estadísticas que dicen que las dos terceras partes de los votantes de las PASO de Roberto Lavagna, José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión, estarían dispuestos a votar a Mauricio Macri en la primera vuelta del 27 de octubre.

También repetimos lo que se sostiene en casi todos los análisis electorales: cuanto menos gente vaya a votar el próximo domingo, mejor le va a ir a Alberto Fernández y Cristina, porque el potencial electorado de Juntos por el Cambio parece menos comprometido que el del Frente de Todos a la hora de ir al cuarto oscuro. Bajo esta premisa postulamos que, directa o indirectamente, quienes no vayan a votar este domingo, o quienes lo hagan por Lavagna, Espert y Gómez Centuríón, estarían favoreciendo, directa o indirectamente, al kirchnerismo.

Es decir: de alguna manera, estos dirigentes terminarían siendo "socios" "involuntarios" de la corrupción y el desastre económico que Néstor Kirchner y Cristina Fernández supieron generar y que tanto critican. El razonamiento no es personal. Ni tendencioso. Ni agresivo. También se puede decir, y de hecho lo decimos, que si Macri hubiera gobernado bien, podría haber ganado las elecciones con mucha comodidad. Es más: una parte de la responsabilidad de la crisis económica y de la incertidumbre reinante se la debemos atribuir al actual gobierno.

Así como una parte de la responsabilidad de la vigencia y la intención de voto de Cristina se le podemos atribuir a la ineficacia del resto del peronismo para transcenderla y conducir esa fuerza política. Lo mismo que acabo de plantear lo conversé, el lunes pasado, en La Tarde de CNN radio, con el primer candidato a diputado nacional por Consenso 2030, Marco Lavagna.

El hijo del ex ministro de Economía, con suma amabilidad y elegancia, dijo que no compartía las conclusiones. Agregó que encontraba en el razonamiento la invitación a no elegir libremente y vaticinó que, así como las encuestas anticipan que Roberto Lavagna alcanzaría el 10% de los votos, él tenía derecho a pensar y creer que podría llegar hasta el 30, si logra convencer a cerca del 20% de indecisos que todavía deshojan la margarita.

Por supuesto: cada uno puede votar a quien mejor les parezca. Sería una locura que alguien necesitara el permiso de un periodista para hacerlo por tal o cual candidato. Pero otros dirigentes, a quienes prefiero no mencionar, para no ser funcional a su ruidosa y vacía estrategia electoralista, reaccionaron ante el análisis con una violencia verbal inusitada.

Los que tenemos muchos años en los medios sabemos cómo son las campañas electorales: cada tanto aparecen unos cuantos candidatos que se terminan comiendo el personaje, hasta que la realidad los pone en su lugar. Pero los números no son interpretaciones. Las estadísticas dicen lo que dicen. Y las opiniones son libres mientras que los hechos son sagrados, como escribió y repitió Carlos Fayt, el ex miembro de la Corte Suprema de Justicia que murió sin ver ni un esbozo de la Argentina que soñó desde que tuvo uso de razón.