

La victoria de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta presidencial del 21 de junio fue recibida con entusiasmo en Washington. El presidente Donald Trump habló por teléfono con el presidente electo colombiano y celebró su triunfo públicamente, mientras figuras clave de su administración ya anticiparon los ejes de una nueva alianza bilateral.
Según reportaron Noticias Caracol y otros medios internacionales, De la Espriella se impuso con 49,66% de los votos frente al 48,7% de Iván Cepeda, en una elección que casi 13 millones de colombianos definieron a su favor contra 12,7 millones que respaldaron al candidato del petrismo.
Las señales desde Washington
El secretario de Estado Marco Rubio fue uno de los primeros en felicitar al presidente electo y anticipó que la administración Trump trabajará de cerca con su gobierno en tres frentes: cooperación en seguridad regional, freno a la migración ilegal hacia Estados Unidos y fortalecimiento de los lazos económicos. Rubio también habló directamente con De la Espriella tras conocerse los resultados.
Por su parte, el secretario de Defensa Pete Hegseth calificó la victoria de “histórica” e invitó al nuevo gobierno colombiano a sumarse a la Coalición de las Américas contra los Carteles, una alianza impulsada por Trump para combatir el narcotráfico y las organizaciones criminales de la región. Trump también expresó su intención de construir “una relación poderosa” con Colombia.

Un giro de 180 grados respecto al gobierno saliente
El clima entre Washington y Bogotá durante la gestión de Gustavo Petro fue de tensión permanente. Choques diplomáticos en materia de seguridad, política de drogas y migración marcaron el vínculo desde la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025.
Las relaciones mejoraron levemente tras una visita de Petro a Washington en febrero de este año, pero la desconfianza nunca desapareció del todo. Petro llegó incluso a ser incluido en la lista de sanciones de la OFAC del Departamento del Tesoro por presuntos vínculos con el narcotráfico, acusaciones que el mandatario rechazó.
Para el analista Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, la victoria de De la Espriella equivale a una victoria propia para Trump. Colombia era uno de los pocos países sudamericanos con un gobierno de izquierda que operaba como contrapeso a las aspiraciones de Washington en lbabila región.
Colombia y el “Escudo de las Américas”
Durante la campaña, De la Espriella manifestó su intención de sumar a Colombia a la alianza Escudo de las Américas, lanzada por Trump en marzo en Florida y conformada por gobiernos de derecha como los de Argentina, El Salvador, Chile y Ecuador. La estrategia contempla reforzar el liderazgo de Washington en América Latina y recuperar su capacidad de intervención si considera que sus intereses están en juego.
La analista Elizabeth Dickinson, del International Crisis Group, advirtió que el desafío para De la Espriella será asegurarse de que las prioridades de su gobierno coincidan con la agenda estadounidense sin descuidar los intereses de su propia población, en un contexto de división política y conflicto interno.
Los retos de la relación bilateral
Más allá de los gestos de bienvenida, la relación entre ambos países enfrenta tensiones de fondo. Colombia fue uno de los países más golpeados por el desmantelamiento de USAID bajo la administración Trump, que recortó millones de dólares destinados a proyectos sociales y de desarrollo en el país.
Guzmán advirtió que existe la expectativa de que Estados Unidos retome la asistencia militar y social que históricamente destinó a Colombia, pero consideró ese escenario poco probable dado el perfil de Trump.
Además, señaló que Washington muy probablemente le pedirá a De la Espriella que tome distancia de China, cuyo vínculo comercial con Colombia se estrechó durante el gobierno de Petro y hoy disputa a Estados Unidos el lugar de principal socio comercial del país.
La herencia que recibe el presidente electo
De la Espriella asume un país con la segunda tasa de homicidios más alta de América Latina y un récord histórico de cultivos de hojas de coca, resultado de cuatro años de una política de “paz total” que priorizó la negociación con los grupos armados sobre la confrontación militar.
El nuevo presidente propone el camino inverso: bombardear campamentos narcoterroristas, abandonar los diálogos con las organizaciones armadas y aumentar el gasto militar.
Ha mencionado la posibilidad de revivir un “Plan Colombia 2.0”, en referencia al paquete de ayuda militar y económica estadounidense de comienzos de los 2000 que, junto a la política de seguridad del expresidente Álvaro Uribe, debilitó militarmente a las FARC.
Sin embargo, los analistas recuerdan que esa estrategia también tuvo costos: el fortalecimiento de grupos paramilitares responsables de masacres contra civiles. Con casi la mitad del país habiendo votado por su rival, De la Espriella prometió en su discurso de victoria gobernar “para todos los colombianos”, un tono más conciliador que el desplegado durante la campaña.










