La Argentina atraviesa una etapa de transformación productiva impulsada por el crecimiento de sectores estratégicos como la energía, la minería, la agroindustria, la logística y la economía del conocimiento.

Este nuevo escenario, caracterizado por inversiones de gran escala, procesos cada vez más digitalizados y operaciones distribuidas en distintos puntos del país, también redefine las necesidades de las empresas en materia de protección de personas, infraestructura y activos críticos.

La seguridad deja de ser un servicio complementario para convertirse en un componente estratégico que contribuye a garantizar la continuidad operativa, reducir riesgos y fortalecer la confianza de los inversores. La incorporación de inteligencia artificial, análisis de datos y monitoreo inteligente está cambiando la forma en que las organizaciones gestionan la prevención y responden a los desafíos de una economía cada vez más compleja.

Sobre este cambio de paradigma, El Cronista conversó con Eduardo Miyares, Director de Prosegur Security Argentina, quien analizó el papel que cumple la seguridad híbrida en la nueva matriz productiva del país, el impacto de la innovación tecnológica y el aporte que puede realizar el sector privado para acompañar el desarrollo económico de la Argentina.

Eduardo Miyares, Director de Prosegur Security Argentina
Eduardo Miyares, Director de Prosegur Security Argentina

—Se habla mucho de la nueva matriz productiva argentina. Desde tu mirada, ¿qué está cambiando realmente?

“Argentina está transitando una transformación estructural. La energía no convencional en Vaca Muerta, el crecimiento de la minería de litio y cobre, el desarrollo de polos logísticos y la expansión del agro con mayor valor agregado están redefiniendo dónde y cómo se produce. Esta nueva matriz es más federal, más tecnológica e intensiva en activos críticos. Y eso cambia completamente el concepto de seguridad. Ya no hablamos solo de custodiar instalaciones; hablamos de proteger continuidad operativa, datos, reputación y cadenas de suministro estratégicas para el país.”

—¿Qué necesidades surgen en materia de seguridad en este contexto?

“La seguridad pasa a ser una necesidad y una ventaja estratégica, porque cuando un país apuesta a sectores como minería, oil & gas, industria pesada o logística exportadora, cualquier interrupción tiene impacto sistémico. Un incidente en una planta industrial, en un yacimiento o en un centro de distribución no es solo un problema operativo: afecta contratos internacionales, flujo de divisas y confianza inversora. La seguridad, bien gestionada, es una herramienta de estabilidad económica. Permite que la producción no se detenga, que las personas trabajen en entornos protegidos y que las inversiones se sostengan en el tiempo.”

—Prosegur habla de “seguridad híbrida”. ¿Qué significa en términos concretos?

“Significa integrar personas altamente capacitadas, tecnología avanzada y análisis de datos en un mismo ecosistema operativo. En Prosegur Security evolucionamos de un modelo tradicional de vigilancia a un esquema donde combinamos talento humano, inteligencia artificial, analítica predictiva y monitoreo centralizado desde nuestro iSOC (Intelligent Security Operations Center). No es solo tener más cámaras o más personal. Es convertir cada evento en información accionable. Es pasar de reaccionar ante un incidente a anticiparlo.”

—¿Cómo impacta esto en sectores como energía y minería?

“Estos sectores operan 24/7, en entornos muchas veces remotos y con activos de altísimo valor. Nuestro enfoque híbrido permite control integral de accesos y perímetros, monitoreo en tiempo real de múltiples sedes, análisis de patrones para prevenir intrusiones o sabotajes y trazabilidad completa de eventos para auditorías y cumplimiento normativo. En industrias donde una hora de parada puede representar millones de dólares, la prevención basada en datos es una ventaja competitiva.”

—¿La tecnología reemplaza al factor humano?

“Todo lo contrario. La tecnología potencia al profesional de seguridad. Un vigilador hoy no solo cumple consignas físicas; opera aplicaciones, interactúa con sistemas inteligentes y forma parte de un ecosistema monitoreado en tiempo real. La capacitación y la profesionalización del rol son centrales. Creemos que la verdadera innovación es integrar tecnología con criterio humano.”

—En términos macroeconómicos, ¿qué rol puede jugar el sector de seguridad privada en el desarrollo del país?

“Un rol silencioso pero estructural. Cuando una empresa global evalúa invertir en Argentina, analiza estabilidad, infraestructura, regulación… y también condiciones de seguridad. Un ecosistema de seguridad profesional, certificado y tecnológicamente avanzado genera confianza. Y la confianza es un insumo clave del crecimiento. En ese sentido, acompañar la nueva matriz productiva no es solo prestar un servicio: es contribuir a que la Argentina pueda sostener su desarrollo."

—¿Cómo se prepara Prosegur para este nuevo ciclo económico?

“Invertimos en tecnología, en talento y en modelos operativos basados en datos. Estamos ampliando capacidades de monitoreo inteligente, desarrollando soluciones digitales propias y fortaleciendo nuestra presencia en los principales polos productivos del país. Pero, sobre todo, estamos cambiando la conversación con nuestros clientes: la seguridad no es un costo. Es una inversión en continuidad, reputación y sostenibilidad”.

—Si tuvieras que definir en una frase el aporte de Prosegur a esta etapa del país, ¿cuál sería?

“Acompañamos el crecimiento de la Argentina protegiendo lo que la hace crecer”.