La Armada española ha dado el primer paso para renovar una de sus capacidades más sensibles: la inteligencia naval. El Gobierno ha autorizado la fase de definición de un nuevo buque de inteligencia que sustituirá al veterano Alerta (A-111), dentro de un programa con una financiación estimada de 242 millones de euros.
La medida se enmarca en los préstamos concedidos a Navantia para impulsar desarrollos estratégicos en el ámbito de la defensa. El objetivo es modernizar la capacidad de guerra electrónica y obtención de señales (SIGINT/ELINT) en el entorno marítimo.
Aunque el Ministerio de Defensa no ha publicado aún una ficha técnica completa del futuro buque, sí ha confirmado el arranque de la fase de definición e ingeniería con un presupuesto inicial de 14 millones de euros y un plazo aproximado de once meses.
Qué es un BAM de inteligencia y por qué es clave en la guerra electrónica
El futuro buque se basará en el diseño de los Buques de Acción Marítima (BAM), adaptado a misiones de inteligencia. A diferencia de un patrullero convencional, su cometido principal no será la vigilancia física de aguas, sino la captación y explotación de señales electromagnéticas.
Las plataformas SIGINT/ELINT están especializadas en interceptar comunicaciones, emisiones de radar y otros enlaces electrónicos para transformarlos en información útil. No se trata de buques concebidos para el combate directo, sino para reforzar la conciencia situacional y apoyar la toma de decisiones estratégicas.
En un entorno donde la guerra electrónica tiene un peso creciente, disponer de una plataforma moderna de inteligencia naval permite anticipar riesgos, analizar patrones de actividad y apoyar despliegues con información más precisa.
Cómo será el nuevo buque y qué se sabe hasta ahora
El Ministerio de Defensa no ha detallado oficialmente todas las especificaciones técnicas del nuevo buque. Sin embargo, las informaciones publicadas apuntan a que, al partir de la familia BAM, podría situarse en el entorno de las 3000 toneladas de desplazamiento y cerca de 94 metros de eslora, cifras similares a otros buques de esa clase.
También se ha señalado que el diseño buscará integrar sistemas avanzados de captación y análisis de señales, así como una arquitectura digital que facilite la conexión con otras plataformas y centros de mando. Navantia trabaja en desarrollos como la denominada Nube de Combate, orientada a integrar datos en tiempo real, lo que encaja con la orientación prevista para el nuevo buque.
En el plano industrial, el programa refuerza el papel de Navantia como integrador principal. El impacto final sobre otras empresas del sector dependerá de los contratos específicos que se formalicen tras la fase de definición, ya que por ahora no se han detallado adjudicaciones concretas.
Qué cambia en la inteligencia naval española
El relevo responde, en gran medida, a la antigüedad del Alerta (A-111). Este buque fue botado en 1982 y figura en servicio en la Armada desde principios de los años noventa, con base en Cartagena.
Con más de tres décadas de actividad, la plataforma actual representa una generación tecnológica anterior. El nuevo buque pretende adaptarse a un escenario donde el volumen de datos, la complejidad de las señales y la necesidad de integración digital son mucho mayores que en los años noventa.
El calendario asociado a la financiación del programa se extiende hasta 2031, horizonte en el que se enmarca el desarrollo industrial y la eventual incorporación del nuevo buque. A falta de que Defensa publique el diseño definitivo, el proyecto apunta a reforzar la capacidad de España para obtener y explotar inteligencia marítima con medios propios, dentro de un contexto internacional en el que la ciberdefensa y la guerra electrónica ganan protagonismo.