Los brasileños que viven en el exterior están enviando menos dinero a sus familiares en Brasil, al contrario de lo que ocurre en otras economías de América latina, donde los flujos comienzan a reaccionar después de una severa caída durante la recesión financiera mundial.
El dato surge de un informe sobre remesas internacionales de recursos preparado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Las remesas de dinero a Brasil de parte de emigrados en el exterior cayeron 15% el año pasado, con respecto a 2009, a u$s 4.000 millones, según datos compilados por el BID. En América latina y el Caribe como un todo, oscilaron positivamente 0,2%, alcanzando a u$s 58.900 millones.
La mayoría de las veces, la caída de las remesas es una mala noticia, dijo Natasha Bajuk, especialista en remesas del BID. Pero, en el caso de Brasil, es una buena noticia. Según Bajuk, los brasileños radicados en el exterior están volviendo al país atraídos por el buen desempeño de la economía.
A pesar de que aún es bastante modesta, la recuperación en América latina es una señal alentadora, considerando que las remesas habían disminuido fuertemente, de u$s 69.200 millones a u$s 58.800 millones, entre 2008 y 2009. Con la crisis económica, que tuvo epicentro en los países desarrollados, los emigrados latinoamericanos perdieron empleos y vieron caer su renta en países como Estados Unidos, España y Japón.
Para 2011, la expectativa es de un nuevo aumento en las remesas al país, pero sin alcanzar los niveles previos a la crisis.
Según el BID, no solo los brasileños regresaron al país, sino que las buenas oportunidades económicas estimularon la permanencia de brasileños en su tierra natal. Además, los que viven en el exterior necesitaron enviar menos recursos porque sus familiares no necesitan tanta ayuda con la economía caminando bien.
Según Bajuk, el regreso de los brasileños que vivían en Japón tuvo un efecto particularmente importante en el volumen de remesas, porque esa comunidad envía en general más dinero a sus familiares. Mientras el promedio de las remesas a América latina está entre u$s 200 y u$s 300 por operación, en el caso de los emigrados que viven en Japón el promedio es de u$s 600.
La valorización de la tasa de cambio y la aceleración de la inflación en el país también reducen la remesa de recursos de parte de los que viven afuera. Según el BID, mientras las remesas en dólares cayeron 15% entre 2009 y 2010, el dinero en moneda nacional efectivamente recibido por los familiares en Brasil fue 22% más bajo, por la valorización cambiaria. En términos reales, el dinero fue 26% más bajo, porque una parte del poder de compra fue corroído por la inflación del período.
La situación en Estados Unidos y otras economías avanzadas no es tan buena, mientras Brasil está mejorando, dijo Bajuk. El dinero que los emigrados mandan para sus familias tampoco tiene el mismo valor que tuvo en el pasado; entonces las personas piensan dos veces tanto antes de salir del país como en permanecer en el exterior, señaló.
Brasil no es la única economía latinoamericana donde se redujeron las remesas de los inmigrantes. En Perú, por ejemplo, la caída fue de 5%. Ese país también presenta un buen crecimiento económico, apreciación de la tasa de cambio y, como Brasil, tiene una comunidad de inmigrantes en Japón que está regresando.