Julio Cobos y el síndrome del Bluff (o blef); Elisa Carrió como un caso de egomegalia o hipertrofia del ego; Eduardo Duhalde y el síndrome del fósforo-matafuego; Cristina Fernández de Kirchner y su peligrosa relatomanía; el dudópata Carlos Reutemann; Ricardo Alfonsín, un caso de cleptomanía filial; el complejo de príncipe incapaz de Mauricio Macri; Pino Solanas, el paciente inclasificable; Amado Boudou y su trastorno camaleónico de la personalidad con rasgos exhibicionistas; Daniel Scioli, masoquismo severo con rasgos disociativo-optimistas; y Francisco de Narváez y el trastorno peroniforme de la realidad. Así, y con un claro dejo humorístico -y otro tanto de acidez-, el psicólogo y periodista Diego Sehinkman se anima a la psiquis de los políticos argentinos. Recientemente, publicó Qué tienen los políticos en la cabeza? Traumas, complejos y taras psicológicas de nuestros dirigentes (Vergara), un libro de humor político que parodia los manuales de psicopatología tan utilizados en los Estados Unidos. Detrás de todo cuadro político, hay un cuadro psiquiátrico. Es como un manual en clave de humor, sintetiza Sehinkman el espíritu de su libro.
El volumen, a través de sus 150 páginas, se estructura de la siguiente manera: cada capítulo hace foco en un funcionar, describe las características generales del cuadro -por ejemplo, la egomegalia de Lilita o qué es la cleptomanía filial de Ricardo Alfonsín-, los síntomas que confirman un trastorno y completa con un decálogo de las cosas para jamás decirle al funcionario en cuestión ya que podrían de-sestabilizar al paciente, añade.
A modo de ejemplo, Sehinkman agrega: Síntomas que confirman que Julio Cobos padece síndrome de Bluff: es psicopateable, con sólo repetirle que es un traidor y un golpista, el Gobierno consigue inculcarle tanta culpa y volverlo tan sumiso que aquella feroz máquina de impedir se transformó en la Epilady de Cristina. Y continúa: O los síntomas que confirman su relatomanía: San Martín nos liberó de los españoles. Pero a ver, niños, ¿quién liberó al pueblo del decodificador de los domingos? Planea un pacto con la Iglesia: nunca más tratará la despenalización del aborto a cambio de que los curas enseñen que no se dice Judas sino Cobos. Asimismo, recomienda nunca decirle frases como Brasil nos tiene de hijos; Dilma Rousseff militó en serio y hasta puso bombas. Así, en clave de humor, Sehinkman propone reflexionar sobre la coyuntura. Y sobre quienes nos gobiernan.
Me parece lindo sondear en los conflictos de personalidad de los políticos y en sus rasgos de personalidad para ver, después, cuánto de ese perfil se transforma en acciones de gobierno. O en estilos de liderazgo de su partido político o de su agrupación. Es impresionante ver cómo los rasgos de personalidad definen estilos de gobierno, comenta.
En este sentido, sostiene que es algo que se puede ver desde el kirchnerismo. Así, podemos ver que los estilos de él y de ella marcaron en sus rasgos de personalidad todo un accionar de gobierno y que, además, fueron ejemplo de muchos otros de adoptar la misma posición. Me refiero a esa cuestión híper vigilante, celosa de la mesa chica, desconfiada y hasta con algún matiz paranoide. Eso, luego, se extendió a los demás funcionarios que dependían de ellos. Con Fernando de la Rúa pasó lo mismo en otro sentido.Humor como catarsis¿Por qué el utilizar el humor como una síntesis de la política? Es desagradable de ver toda lucha por el poder. Pero el humor permite armar un cuento más digerible y más atractivo para enterarse de lo mismo. El plus que tiene un buen chiste, un buen relato o un buen dibujo es que sintetiza una idea que naturalmente no estaba ahí y emerge un significado nuevo, comenta.
Y la Argentina, así como en los 90 ofreció una catarata de elementos dignos del cine de ciencia ficción (desde supuestos viajes a la estratósfera que permitirían a los argentinos arribar en Asia en menos de una hora; las obras completas de Sócrates a las que sólo pudo tener acceso un ex presidente riojano y la isla flotante que permitiría contar con uno de los aeropuertos más modernos del mundo), tampoco hoy escatima en material. Justamente, la actualidad atraviesa por un momento de tragicomedia fenomenal, según define Sehinkman. En ese sentido, afirma que está sucediendo algo interesante, que sintetiza como la caída de los monopolios discursivos. Me refiero a la idealización de un discurso. Toda una épica o iconografía es buenísima y la que está enfrente es malísima. Ahora, estamos viendo los claroscuros que pueden estar de un lado o del otro, sostiene y agrega: Pero uno desearía que no todos los pañuelos queden manchados.
Ahora bien, a la hora de ahondar en la psiquis de los funcionarios, ¿qué tienen en común personajes de tanta exposición mediática? Hay una gran diferencia entre un excelente cuadro técnico y un gran líder. La diferencia es que sobre la capacidad técnica tiene que haber un componente histriónico y de rasgos emocionales que haga que el personaje pase la pantalla, es decir, que le llegue alguna fibra al tipo que está abajo del palco o en su sillón mirando. Eso no lo hace cualquiera. Cristina Kirchner lo hace. Elisa Carrió lo hace. Raúl Alfonsín lo hacía. A De la Rúa se lo inventaron bien. Y es el gran déficit. Después, hay tipos que se lo tienen que construir, como Binner. A Macri se lo tuvieron que construir. Y hay tipos que lo que natura non da, asesor de imagen non presta.Líderes natos (y no tanto)El recordado primer debate televisivo que enfrentó a Richard Nixon con un joven y seguro John Fitzgerald Kennedy aquel 26 de septiembre de 1960 se convirtió en un verdadero caso de estudio dentro del campo del marketing político. Asesores de campaña y profesionales en imagen, en ocasiones, hacen posible lo que parece imposible. Siempre y cuando pensemos que el éxito de una campaña se refiere a tomar el gobierno. Si uno piensa en el rechazo social que había en el 99, era una buena plataforma de apoyo y podías construir un buen líder en la oposición sólo con hacer un par de spots. Eso pasó con De la Rúa. Lo que más se recuerda del spot de la Alianza, por caso, es que él estaba caminando y detrás de él había hombres con armas largas, dando imagen de firmeza y de alta capacidad de decisión. En realidad, fue todo lo contrario. Esa foto fue estrictamente un montaje.
Sobre el estilo de liderazgo de Cristina Kirchner, Sehinkan refiere: Mucha gente se irrita. Otra festeja los quiebres de voz, la afonía, la lágrima justa. Pero, en general, es parte natural de la construcción del personaje. Perón tenía una capacidad histriónica y de hipnotizar al auditorio fenomenal. Gesticulaba, miraba a los ojos a quien lo entrevistaba, apoyaba las manos, se quedaba pensando y luego respondía. Menem, incluso, fue un gran hipnitizador de serpientes. En ese punto, es súper interesante la conexión que existe entre la política y el mundo del espectáculo. El problema es que cuando a la construcción del personaje se le ven demasiado los hilos a cierta sociedad puede resultarle demasiado chocante.
Lejos de hacer futurología, Sehinkman se atreve a dar un adelanto de cómo cree que será el próximo año: Si pueden agarrar la tenaza, cortar el eslabón de Sergio Schoklender y logran detener todo el escándalo que se desató en el último tiempo, creo que 2012 será bastante parecido a éste en cuanto a que la preocupación, por fuera de la esfera política, va a ser otra vez la inflación. Si esto se va de las manos y del eslabón de Schoklender la Justicia empieza a subir, con dos eslabones más para arriba, estamos otra vez en el que se vayan todos, concluye.z weFichan Título: ¿Qué tienen los políticos en la cabeza? Traumas, complejos y taras psicológicas de nuestros dirigentes
n Autor: Diego Sehinkman
n Editorial: Vergara
n Páginas: 160
n Primera edición: abril de 2011