Brasil ve la sucesión en el comando del Fondo Monetario Internacional (FMI) no sólo como una disputa de poder entre las economías emergentes y las avanzadas, sino también como un embate que indicará si la orientación económica del organismo continuará avanzando por caminos más progresistas o habrá un retroceso conservador.

Los dos candidatos más fuertes, la francesa Christine Lagarde y el mexicano Agustín Carstens, son conservadores por formación. Pero, en su visita a Brasil, dejaron la impresión de que evolucionaron. Todo el mundo se está actualizando, reviendo sus pensamientos, afirmó el director ejecutivo en el FMI para Brasil y otros ocho países de la región, Paulo Nogueira Batista Jr.

Como ministra de Finanzas del gobierno conservador de Nicolas Sarkozy, Lagarde es una crítica de la jornada de trabajo de 35 horas semanales adoptada en el país, defendió la receta de mayor ajuste fiscal para Europa y colocó sobre la mesa del Grupo de los 20 la idea de crear una cartilla para disciplinar el uso de controles de capitales.

Presidente del Banco Central de México, Carstens se formó en economía en la Universidad de Chicago, escuela conocida como cuna del pensamiento monetarista. Cuando ocupó el tercer cargo más importante del FMI, en el comienzo de la década, hizo discursos sugiriendo que los países de América latina flexibilizasen sus mercados de trabajo y abrieran sus economías al comercio internacional de forma unilateral.

La orientación económica de los candidatos es uno de los factores más importantes, junto al compromiso de reformar el organismo para dar más voz y voto a los países en desarrollo, en la definición de voto de Brasil, afirmó Nogueira Batista. La orientación (económica) del FMI se aireó en los últimos años, abriéndose a una mayor diversidad de pensamientos, afirmó. A Brasil le gustaría que eso no se revierta.

En la crisis, el FMI revisó algunos de los pilares de su pensamiento económico, pasando a aceptar, por ejemplo, el uso de políticas fiscales anticíclicas. En gran parte, los cambios sólo fueron posibles porque un socialista francés, el ex director gerente Dominique Strauss-Kahn, asumió el comando poco antes de la crisis económica.

Strauss-Kanh renunció en mayo después de ser detenido, acusado de intento de violación a una mucama de un hotel de Nueva York. El FMI abrió un proceso de selección de un nuevo director, y acepta las indicaciones de candidatos.

Pero el proceso de revisión del pensamiento económico del FMI aún no se completó. Menos de un año después de divulgar documentos indicando que admitía por primera vez en muchos años controles de capitales, la dirección ejecutiva del Fondo aprobó una cartilla que fija reglas que limitan esos controles.

El economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, divulgó textos y organizó debates acerca de cómo debe ser el nuevo pensamiento económica después de la crisis, pero aún no se obtuvo un consenso.

El nuevo director gerente tendrá una gran influencia en ese proceso, y se duda si los candidatos con currículos conservadores podrán dar continuidad a los cambios.