El portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, tendrá una misión inédita este verano: proveerá energía eléctrica a la Base Naval de Norfolk, en Virginia, operando como una planta nuclear flotante desde el puerto.
La confirmación llegó del Secretario de Marina en funciones, Hung Cao, el 14 de mayo ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara. La Marina precisó que el objetivo es demostrar la capacidad del portaaviones para cubrir necesidades energéticas críticas de emergencia en instalaciones costeras.
¿Qué significa la misión inédita del USS Gerald R. Ford?
El Ford es el único portaaviones de su clase en servicio activo y tiene base en Norfolk. Sus dos reactores nucleares A1B generan una potencia combinada estimada en 1.400 megavatios térmicos, suficiente para abastecer una base militar de gran escala.
La prueba responde a una preocupación concreta: bases e instalaciones que antes se consideraban inaccesibles hoy son vulnerables a ataques de largo alcance, ciberataques a la red eléctrica y desastres naturales. Garantizar el suministro energético en esos escenarios es prioridad para la continuidad operativa.
¿Qué más podría aportar el portaaviones?
El Secretario Cao señaló que la tecnología del buque también permitiría producir agua potable a escala, lo que amplía su utilidad en emergencias humanitarias.
¿Cómo impacta esta prueba en bases militares y comunidades?
Si la demostración es exitosa, los portaaviones de clase Ford podrían cumplir un rol de respaldo energético en dos escenarios clave:
- Conflictos o ataques a infraestructura: electricidad de emergencia para bases que pierdan acceso a la red.
- Desastres naturales: restablecimiento de servicios esenciales, como atención médica, en zonas afectadas. Varias bases críticas se ubican en áreas de alto riesgo climático.
No sería la primera vez en la historia: en 1929, el USS Lexington abastació eléctricamente a Tacoma, Washington, durante una crisis del sistema hidroeléctrico local.
La prueba, sin embargo, abre interrogantes operativos. Los portaaviones son activos de alto valor y su inmovilización en puerto los expone a mayor vulnerabilidad. Con una flota de solo 11 portaaviones y una demanda operativa creciente, la Marina evaluará caso por caso si destinar uno a tareas de generación eléctrica resulta viable.