El mundo de Keynes en cierta manera es solidario, donde el Estado (especialmente durante las crisis) interviene de diversas maneras en la economía como un actor importante, fomentando la demanda y el empleo para reactivar la economía.
Muchos países terminaron adoptando modelos de este tipo no sólo para salir de las crisis, sino de manera continua , tratando que la economía se mantenga creciendo o en marcha inyectando dinero, obra pública, dando empleo de manera directa, subsidiando, ayudando a los pobres y a veces a todos los demás también.
Mi intención no es decir si Keynes tenía razón o no, si lo que hacen los países está bien o está mal y tampoco describir cada una de las ideas. Simplemente plantear la premisa que desde fines de la segunda guerra mundial en adelante los Estados se han preocupado por dar bienestar y elevar el nivel de vida de la gente con mayor o menor éxito.
Esta realidad me lleva a pensar que el mundo se ha vuelto post-keynesiano, en todos lados el Estado se hace cargo de muchas cosas y se ha convertido en un actor cada vez más importante, tal vez el más importante. Me interesa hacer foco y ayudar a la gente a entender que las consecuencias de este tipo de mundo es que alguien debe financiarlo.
En definitiva, si hoy el Estado se hace cargo de planes sociales, subsidios de tarifas, educación pública, salud pública, empleados públicos, poder legislativo, ejecutivo y judicial, caminos, trenes, obispos, fútbol y fomentar el arte. Seamos realistas y entendamos que las cosas cuestan y hay que pagarlas, aún si estás casi fundido.
Vuelvo a insistir, no es una crítica a estos temas o al modelo Keynesiano, simplemente avivarnos que el Estado solidario necesita dinero para financiar la fiesta y pregunto: ¿de dónde lo va a sacar?. Respuesta: de nuestros bolsillos directa o indirectamente y sólo podríamos exigir que gaste bien y sea prudente.
A quejarse menos y como dijo John F. Kennedy: "No te preguntes que puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tu por tu país ".