Es un ferviente simpatizante de Racing. Y, como tal, y con las bandas albicelestes marcadas en su corazón, sabe reponerse de las caídas, pide la revancha y se prepara para ganar el partido. Alfredo Salgado fundó en 1985 Sadec, una firma constructora que realizó obras civiles para grandes empresas del segmento petrolero y del retail, así como de entidades bancarias, que se repuso a los golpes de las distintas crisis económicas que vivió el país en los últimos 30 años. Hoy, con cerca de 100 empleados, factura cerca de $ 30 millones al año.
Sadec empezó a cimentarse por obra y gracia de un, entonces, joven ingeniero que había empezado a transitar sus primeras prácticas laborales a los 15 años. Su experiencia como asistente en una obra de saneamiento lo vinculó con otra empresa que había tomado una obra similar. Esta experiencia, a su vez, lo derivó a la asociación El Centavo, que le permitiría iniciar los primeros pasos de Sadec, para poner en marcha la última obra que proyectó el arquitecto Alejandro Bustillo, creador del hotel Llao Llao y del Complejo Bristol, entre otros. "Antes de morir, le había regalado a la asociación un anteproyecto. Yo tenía unas ganas tremendas de hacerla. Era como debutar en la Sección con Messi, habiendo jugado dos partidos en tercera división", dice Salgado.
Tiempo después, empezó a realizar trabajos en el sur: en Río Grande y en Comodoro Rivadavia. De a poco, Sadec se metió en la industria del petróleo, tomando obras para YPF y Shell. Siguieron proyectos para el Standard Bank, el Supervielle, Banco Francés, el Automóvil Club Argentino. En los 90, llegó a tener 400 empleados. Pero, la crisis de 2001 le obligó a replantear su modelo de negocio. "Era tremendo llegar a la oficina y no tener nada que hacer porque las obras se habían cancelado", recuerda. Eso lo llevó a mirar a afuera. Encontró oportunidades en España. Siguió en trote.
Por los altibajos de la macro argentina, la firma tuvo que adaptarse: pasó de hacer obras civiles industriales a residenciales y comerciales. "Con las petroleras tuvimos mucho trabajo hasta que dejaron de invertir. Uno tiene que ir adonde está el sol. Ahora, estamos haciendo 30.000 metros de obra, casi toda, residencial y comercial porque el sol está pegando acá", comenta. Está con dos proyectos privados de departamentos en los barrios de Devoto y Colegiales y otro de reformas de oficinas para Telecom.El legadoPara que sus hijos, Rocío, Nicolás y Guido, heredaran el amor por la Academia, Salgado los llevaba de chicos a la cancha. Sus hijos sabían que, cuando los jugadores ingresaran al campo de juego, se iban a tirar papelitos en el aire. Esa situación los cautivaba. De un modo parecido, bastante lúdico, se embebieron de su profesión. "Los sábados eran vamos al country pero tengo que pasar por la obra porque están haciendo movimiento de suelos y ellos iban al arenero. El maquinista los llevaba a pasear, jugaban, miraban los caños", recuerda. Y dio sus frutos. Hoy, dos de ellos lo acompañan en la gestión del negocio: Rocío, que es arquitecta, se desempeña en Gerenciamiento y Proyectos, y Nicolás, que eligió la misma carrera, está enfocado en Obras. Guido está realizando la carrera de Ingeniería Civil pero, de momento, apuesta a sumar experiencia fuera del ala familiar.
"Es clave estar atentos a cómo se mueve el mercado y enfrentar los desafíos, buscando cómo seguir adelante", comenta Rocío, quien confiesa que es difícil que no salga algún tema laboral durante las comidas del fin de semana en el hogar. "En la empresa familiar podemos no tener horarios de corte pero, por ahí, uno está almorzando en el trabajo y se pone a hablar de Racing", agrega su hermano. Salgado pudo transmitirles a sus hijos un intangible tan importante como la pasión. En este caso, por partida doble: el trabajo y el fútbol.
Laura MafudFicha- Fundación: 1985
- Inversión incial: u$s 5.000
- Facturación 2014: $ 30 millones
- Empleados: 100
