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En un año en el que la inversión industrial avanza con cautela y la apertura comercial pone a prueba a buena parte de la manufactura local, un nicho del negocio farmacéutico se mueve en la dirección contraria. Los fabricantes de soluciones parenterales de gran volumen —los sueros que se usan a diario en hospitales y clínicas— están ampliando su capacidad instalada y preparan su salida a los mercados de la región.

Las cifras del nuevo ciclo son concretas. Laboratorios Jayor invierte u$s 19,3 millones en una nueva línea en su planta del Parque Industrial de Pilar, que entrará en operación en octubre de 2027 y elevará un 65% su capacidad productiva. Bina Pharma, de capitales nacionales, destinó u$s 10 millones a una segunda línea en Hudson (Berazategui) que le permitirá pasar de uno a tres millones de unidades mensuales. Y Norgreen, en el Parque Industrial de Mar del Plata, avanza con una nueva línea de producción y proyecta sumar cerca de un 40% más de personal.
Una inversión que empezó con una regla
El punto de partida no fue una oportunidad de mercado sino una exigencia regulatoria. En 2017, la ANMAT dispuso que todos los sueros debían fabricarse en “sistema cerrado”: un proceso en el que el envase se forma, se llena y se sella en una misma máquina, sin que el producto tome contacto con el ambiente. Hasta entonces, buena parte de la producción local llenaba envases prefabricados, con estándares por debajo de los internacionales. Las empresas tuvieron dos años para adecuarse, y la norma rige desde fines de 2019.
La reconversión obligó a reemplazar líneas completas. Solo las tres inversiones más grandes conocidas superan los u$s 140 millones. Laboratorios Jayor informa más de u$s 68 millones en tres etapas en su planta de Pilar, donde emplea a unas 400 personas. Bina Pharma invirtió u$s 18 millones en su primera planta —línea de producción, laboratorio de control de calidad y depósitos— y suma ahora otros u$s 10 millones. La alemana B. Braun abrió su planta de Mar del Plata con una inversión de 30 millones de euros.
Lo que sostuvo esas decisiones fue la previsibilidad. La norma se dictó durante el gobierno de Mauricio Macri, se mantuvo con Alberto Fernández y la actual administración acaba de reforzarla: la Disposición 5146/2026, publicada en agosto, define con precisión qué procesos califican como sistema cerrado y excluye de forma expresa el llenado de envases preformados. Entra en vigencia en febrero de 2027, y los laboratorios que no cumplan deberán presentar un plan de adecuación.
“Para una industria que necesita más de diez años para recuperar una inversión de este tipo, la estabilidad de la regla vale tanto como el mercado. Invertimos porque el estándar se sostuvo durante tres gobiernos”, señaló Sebastián Judzik, cofundador de Laboratorios Jayor.
Capacidad que excede al mercado interno
La producción local ya abastece la totalidad de la demanda doméstica: unos 80 millones de unidades por año, equivalentes a cerca de u$s 60 millones, según estimaciones del sector. Se trata de un consumo estable, atado a la actividad hospitalaria y poco sensible al ciclo económico, con un precio promedio inferior a un dólar por unidad. Con ese techo, la capacidad que se suma en 2026 y 2027 tiene dos destinos.
El primero es el volumen de los fabricantes que no logren adecuarse a la nueva disposición: la regla de 2026 empujará una nueva ronda de consolidación. El segundo, y principal, es la exportación. Con procesos equiparables a los de las principales plantas del mundo, los laboratorios argentinos apuntan a Paraguay, Chile y Uruguay, mercados cercanos donde la logística de un producto voluminoso y de bajo valor unitario juega a favor de la producción regional.
“Hoy producimos un millón de unidades por mes. La nueva línea triplica esa capacidad con tecnología del más alto standard internacional”, explicó Darío Casal, presidente de Bina Pharma.
Es un cambio de posición. A mediados de la década pasada, los sueros de sistema cerrado se importaban desde Brasil, México y Colombia porque en el país no había quién los fabricara. “Pasamos de sustituir importaciones a competir afuera. La escala que estamos construyendo no se justifica solo con el mercado argentino, y ese es el plan”, sostuvo por su parte Judzik.
Un negocio de escala y de largo plazo
Las cifras también explican por qué el mapa del sector cambia poco. Las empresas que hoy compiten invirtieron, entre todas, el equivalente a dos años de facturación del mercado completo. Montar una línea de sistema cerrado demanda entre u$s 10 millones yu$s 30 millones, según la escala, y el ciclo completo —obra, validaciones y habilitación sanitaria— puede llevar cuatro años antes de facturar la primera unidad. A eso se suma un margen unitario bajo, que solo cierra con volumen, y competidores que ya operan con el estándar exigido y capacidad en expansión.
El resultado es una industria más concentrada, más capitalizada y con otra escala que la de hace una década. Para el sistema de salud, implica abastecimiento local garantizado;















